El shock de Brasil pone a prueba al plan Caputo pero en la City ven señales positivas
El real se recuperó y aflojó la presión sobre el mercado local. Sin embargo, hay una señal que preocupa: el BCRA dejó de comprar divisas
Salvo alguna excepción puntual, la mayoría de los economistas de la City y ex funcionarios del BCRA están convencidos de que, esta vez, las turbulencias financieras en Brasil tras el sorpresivo triunfo de Lula el último domingo no provocarán un contagio corrosivo hacia la Argentina.
Desde Martín Redrado, ex titular del Banco Central, a Ricardo Delgado, director de Analytica, la gran mayoría de los consultores consideran que, a diferencia de otras épocas, la agitación financiera y cambiaria en el país vecino no provocará un estrés mayor.
Al menos, que no empeorará demasiado las perspectivas de una economía, como la Argentina, que ya viene con sus propios problemas. "La situación no se va a agravar", dijo Delgado, en diálogo con iProfesional.
Martín Redrado, por su parte, fue categórico: "La presión en nuestro mercado cambiario ya venía de antes; tenemos un fenómeno de formación de activos en el exterior previo. Creo que el llamado 'efecto Brasil' puede significar algún problema en los próximos días pero no para adelante. Estamos con nuestros problemas", apuntó el ex banquero central.
Comienzo de una polémica
Todo había comenzado durante la tarde del lunes último, al cierre de los mercados, que daban cuenta de una devaluación del real y un desplome de los activos en Brasil tras el triunfo de Lula en la segunda vuelta electoral.
"La devaluación del real del 10%, de mantenerse, afectará profundamente el ancla cambiaria de Argentina. Algo similar a lo vivido a comienzos de 1999, cuando la devaluación brasileña hirió de muerte a la convertibilidad. O el gobierno flexibiliza el tipo de cambio o se profundizará aún más la recesión", posteó Alejandro Vanoli, ex titular del BCRA durante el segundo mandato de Cristina Kirchner.
Delgado, Redrado y también el economista Emmanuel Álvarez Agis -viceministro de Axel Kicillof- salieron al cruce de esa posibilidad.
No sólo porque en el comienzo del martes ya quedaba claro que las turbulencias financieras del comienzo de la semana se apaciguaban, sino también porque, hoy en día, la economía argentina está mejor armada que en aquel fin de siglo.
Lo fundamental es que no se encuentra atada a una regla de caja de conversión, que no le daba ninguna flexibilidad.
Y, en segundo lugar, que ahora existe una oferta de dólares que en aquel momento no existía. Si bien ahora también existe un nivel de estrés importante porque Argentina tiene que demostrar que es capaz de juntar los dólares para pagar los próximos vencimientos de la deuda, nada se asemeja a aquel final de la década del '90.
Los mercados se aquietan: ¿nueva normalidad?
Un dato relevante es que el dólar en Brasil comenzó a desandar parte de la disparada que había registrado inmediatamente después de las elecciones.
Durante la jornada del lunes, la divisa estadounidense llegó a tocar un máximo de 5,60 reales, en medio de una fuerte liquidación de activos brasileños. Finalmente ese día cerró a 5,41 reales y este martes retrocedió hasta los 5,35 reales.
La comparación con lo ocurrido antes de las elecciones permite poner en perspectiva la magnitud del movimiento.
Antes de la primera vuelta electoral, el dólar cotizaba a 5,22 reales. La sorpresiva victoria de Flávio Bolsonaro en aquella instancia había provocado una reacción favorable de los inversores, que llevaron la cotización hasta los 4,97 reales.
El triunfo definitivo de Lula revirtió aquella apuesta. Sin embargo, con el dólar ahora en 5,35 reales, la depreciación del real respecto del nivel previo a la primera vuelta se reduce al 2,5%, una diferencia sustancial frente al desplome que había encendido las alarmas durante las primeras horas posteriores al balotaje.
De hecho, el derrumbe del 13,9% que sufrió el índice Bovespa durante el lunes también reflejó la magnitud de la sorpresa electoral y el desarme de posiciones financieras que apostaban por un triunfo opositor.
El alivio también llegó a la City porteña
La moderación de las turbulencias brasileñas también tuvo su correlato en el mercado cambiario argentino.
El dólar mayorista terminó la rueda del martes a $1.538, con una baja del 0,2%, mientras que la cotización oficial minorista permaneció sin cambios, en $1.560.
El movimiento más significativo se observó en el contado con liquidación, que había llegado a aproximarse a los $1.700 durante las horas de mayor tensión financiera.
Este martes terminó a $1.655, lo que permitió reducir la brecha cambiaria respecto del dólar oficial minorista al 6,1%, frente al 7,9% registrado al cierre del lunes.
El retroceso no implica que hayan desaparecido las presiones sobre el mercado cambiario argentino. Pero sí confirma que, al menos en esta segunda jornada posterior a las elecciones brasileñas, los operadores encontraron un escenario bastante menos convulsionado.
El BCRA sin intervención, otra vez
Por segunda jornada consecutiva, el BCRA no pudo comprar un solo dólar, a pesar de que la acumulación de reservas es una de las prioridades de la política económica.
El lunes, de hecho, la presión cambiaria había obligado al Tesoro a desprenderse de unos u$s100 millones para abastecer la demanda y contener la escalada de las cotizaciones.
Se trata de una señal que merece atención porque el Gobierno necesita sostener las compras de divisas para fortalecer la posición del Banco Central y afrontar los próximos compromisos de deuda. La incógnita es si la interrupción de esas compras responde exclusivamente al episodio brasileño o si también refleja una demanda de dólares que ya venía mostrando señales de mayor intensidad.