Bala de plata o balacera: el enigma que envuelve a la decisión del BCE
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, declaró recientemente que "los banqueros centrales tenemos una gran responsabilidad. Si no estamos decididos, existe el riesgo de que explote la inflación pero si actuamos decididamente, entonces podemos dominar la situación".
Esta declaración, que reprodujo un medio alemán, se suma a la efectuada tras la reunión del consejo de gobierno a comienzos de junio, en la que el hombre fuerte del BCE anunció con una claridad sin precedentes que el consejo de gobierno del Banco consideraría una suba de 25 puntos básicos de las tasas de interés en su reunión de julio.
Si el 4 de junio, un día antes de la reunión anterior del BCE, el petróleo WTI se negociaba a u$s121 por barril, el miércoles lo hizo a u$s144. Y el IPC armonizado de la eurozona de junio se ha situado en el 4%, por encima del 3,7% de mayo y más del doble del objetivo del 2% fijado por el BCE. Pese a este contexto con tendencias claramente inflacionarias, muchos analistas cuestionan la decisión. La mayoría de los miembros del OBCE (Observatorio del Banco Central Europeo) cree que en un escenario como el actual, otro encarecimiento del precio del dinero acentuará todavía más los riesgos sobre el crecimiento. José Alzola, director de economía y mercados de Citi, explica que "un alza de tasas crearía riesgos innecesarios de una recesión". "Los indicadores de confianza de empresarios y consumidores del mes de junio sugieren una mayor desaceleración económica a comienzos de verano, y la posibilidad de tasas de crecimiento del PIB apenas superiores a cero en el segundo semestre", añade.
En tanto, Mayte Ledo, economista jefe de Europa y Escenarios Financieros de BBVA, indica que "bastaría con mantener una comunicación prudente y orientada al control de las expectativas de inflación, sin ser necesario un aumento de tasas", concluye Ledo. Otros analistas coinciden que esta suba de tasas tendrá un impacto aún mayor sobre los costos de financiación, pues obligaría a las empresas a financiarse a corto plazo, en un contexto de falta de liquidez, por lo que el costo es más elevado. Pero aún entre los que están a favor del incremento, la divisoria de las aguas se produce al plantear si esta suba será la única del año o si, por el contrario, será la primera de una larga serie de correcciones.
¿Alcanzará una sola suba?Opiniones hay para todos los gustos, desde los que creen que el BCE se ha dado cuenta de que el mensaje de junio se ha sobredimensionado y hace falta moderar la retórica anti-inflacionista; y los que afirman que si quiere mantener la coherencia, debe mantener el tono duro, ya que desde la última reunión, los datos que se han publicado sobre inflación y estabilidad de precios han empeorado ostensiblemente.Los primeros, los que defienden que el BCE tratará de moderar el tono y convencer al mercado de que efectivamente habrá una sola suba de tasas, utilizan un solo argumento: los datos macroeconómicos publicados apuntan a una desaceleración en este semestre, y será esa debilidad suficiente para enfriar los precios.
"Estamos ante un retoque para controlar las expectativas de inflación, pero no ante el inicio de una serie de subas. Es más un movimiento de ajuste fino que una señal de ciclo alcista", asegura Ledo.
"Aunque los datos de inflación han sido malos, el BCE deberá reconocer que los económicos también lo son. Lo complicado para el BCE es explicar por qué sube las tasas, pero a su vez evitar que el mercado incremente todavía más sus expectativas sobre nuevas subas hasta fin de año", asegura Thomas Mayer, economista jefe de Europa de Deutsche Bank.En cambio, hay otro grupo de analistas que afirma que si el BCE quiere ser coherente deberá mantener una retórica dura. Su argumento es que los datos de inflación han empeorado, las expectativas de inflación siguen elevadas y las materias primas no han dejado de batir récords.
En su razonamiento, si el BCE quiere mostrar coherencia, debe de reconocer que un solo incremento no va a ser suficiente para ello. "Basta ver que desde que anunciaron la suba, las expectativas se han mantenido", afirma Jacques Cailloux, economista jefe de la eurozona de Royal Bank of Scotland.
"Las expectativas de inflación son importantes porque pueden ocasionar efectos de segunda ronda, aquellos que se producen cuando se toman medidas para reducirla, como el incremento de salarios, ya que los agentes de mercado esperan incrementos de precios en el futuro", concluye Cailloux. Gilles Moec, economista jefe para Europa de Bank of America, apunta que "la dirección que tomen las tasas a partir del jueves dependerá de los datos macroeconómicos que se vayan conociendo". Según Moec, "puede pasar cualquier cosa en el futuro", ya que la incertidumbre económica es extraordinariamente elevada".
"Esperamos que el BCE sea cauto después de la reacción que tuvieron los mercados hace un mes. Pero cuando dice ahora que en junio no anunció una serie de subas, el mercado está entendiendo que no saben qué va a pasar"Si la economía efectivamente se enfría, los precios de la energía se estabilizan, el desempleo crece, las empresas pierden poder de fijar precios y los sindicatos moderan sus reclamos salariales, el 4,25% será el techo de este ciclo alcista de tipos que se inició en diciembre de 2005, con el precio del dinero al 2 por ciento.
Pero si el crudo sigue batiendo récords y las expectativas de inflación continúan disparadas, los efectos de segunda ronda cristalizarán en la economía y el escenario de "stangflación" (bajo crecimiento y elevada inflación) se enquistará en la eurozona. Si eso ocurre, el BCE se atendrá a su mandato, que le obliga a velar por la estabilidad de precios antes que por el crecimiento, y ésta no será la última suba de tasas de este ciclo.
El impacto sobre el euroEl euro podría llegar pronto hasta sus máximos históricos a partir de la suba de tasas dispuesta por el BCE para combatir la escalada de la inflación ante la suba de los precios del crudo, mostró un sondeo de Reuters.
Los analistas están divididos sobre si el euro realmente puede llegar en el corto plazo a la marca de 1,60 dólares que tocó por primera vez en abril, mientras el crecimiento se enfría fuertemente en la zona euro.
Un sondeo entre 65 analistas, realizado del 30 de junio al 2 de julio por esa agencia, mostró al euro negociándose en u$s1,57 dentro de un mes, después de otro mal mes para el dólar, en el que esta moneda cayó alrededor de 1% contra una canasta de monedas.
En el año ha perdido un 5,5% y el miércoles, el euro se cotizaba cerca del máximo en dos meses, alrededor de u$s1,585. Adarsh Sinha, de Barclays, argumenta que "un factor importante es el precio del petróleo y es ésta otra razón por la que vemos al tipo de cambio euro/dólar dirigiéndose a 1,60 dólares".
Pero para muchos, el motivo de la suba será circunstancial. La cuestión es que en el corto plazo, este movimiento ofrece escasas chances de ser replicado por la Fed, lo que deja un diferencial de rendimientos favorable al euro.
Y esta brecha sería corregida, una vez que el presidente de la Fed, Ben Bernanke comience a desandar el camino que inició cuando llevó la tasa de referencia del 5,25% al 2% actual.
Por último, cualquier movimiento al alza en la moneda única probablemente sería de corta duración, ya que el crecimiento en el bloque de 15 naciones apunta a un enfriamiento.
Rubén Ramallo©infobaeprofesional.com