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Estos son los efectos que produce el estrés crónico en la piel

Estos son los efectos que produce el estrés crónico en la piel
El estrés crónico puede tener severos efectos en la piel de las personas, tanto de hombres como de mujeres; enterate por qué y cómo mejorarlo
Por iProfesional
15.12.2020 19.12hs Health & Tech

El estrés es una respuesta que el organismo tiene ante situaciones que generan ansiedad, incertidumbre, entre otras reacciones. Un aumento repentino de estrés puede ser algo bueno. Puede agudizar los sentidos, mejorar la lucidez mental y ayudar a producir colágeno para facilitar la curación de las heridas. Llega y luego se va.

El estrés es una respuesta natural, pero hay momentos en los que puede afectar a la salud. Cuando el estrés se cronifica se puede transformar en una situación problemática y en un desencadenante de ciertas afecciones o trastornos.

Consultada por el portal Yahoo! Vida y estilo, Whitney Bowe, dermatóloga y autora de "The Beauty of Dirty Skin", explicó que "existen dos tipos diferentes de estrés; agudo y crónico".

Es este último el que puede perjudicar a la piel, cuando se cronifica y se hace continuo, independientemente de los motivos por los que esto suceda.

Está claro que el estrés crónico afecta a la salud general, a todo el cuerpo. Las consecuencias en la piel son uno de los problemas menos graves que pueden aparecer por el estrés crónico, pero no por eso es una situación que se debe dejar de lado.

Sin embargo, al ser el órgano que está más a la vista, puede resultar molesto y perturbador para quien lo padece. 

El estrés puede desencadenar reacciones en la piel
El estrés puede desencadenar reacciones en la piel

Así el estrés perjudica a la piel

Gran parte de la conexión de la piel con la mente se reduce a la producción excesiva de cortisol, la principal hormona que segrega el cuerpo cuando está bajo situaciones de estrés, y a sus efectos en la barrera cutánea.

"La barrera capta la humedad y mantiene fuera a los alérgenos, los irritantes y los contaminantes", explica la experta. Realiza con eficacia el trabajo que hacen la mayoría de los productos para el cuidado de la piel en el mercado, pero sin productos, y necesita tres cosas para poder florecer: aceite, agua y el microbioma. El cortisol los consume a todos ellos.

En periodos de tensión, el cortisol reduce la producción de los aceites beneficiosos. "Debido a que esos saludables aceites actúan como una capa protectora para nosotros, la piel se nos pone seca, áspera y se nos irrita mucho más", explicó la experta. Sin los lípidos adecuados para sellar la hidratación, la piel comienza a "filtrar" el agua en un proceso que se denomina pérdida de agua transepidérmica. 

El estrés puede afectar a la piel de distintas partes del cuerpo
El estrés puede afectar a la piel de distintas partes del cuerpo

Al mismo tiempo, el cortisol estimula la producción excesiva de sebo, que es precisamente el aceite causante del acné

Todo esto altera el pH de la piel, lo cual afecta el manto ácido y genera un ambiente inhóspito para el billón de microorganismos simbióticos que existen sobre la barrera cutánea y dentro de ella, es decir el microbioma.

El estrés puede provocar una mayor producción de sebo, que a su vez puede desencadenar acné
El estrés puede provocar una mayor producción de sebo, que a su vez puede desencadenar acné

La experta indica que en condiciones ideales el microbioma hace que el cuidado tópico a la piel sea casi superfluo. Existen microbios que se alimentan de sebo, lo que ayuda a mantener los niveles de aceite saludables. Hay microbios que se alimentan de células cutáneas muertas, que son algo así como exfoliantes naturales. Existen los que producen péptidos y ceramidas, dos ingredientes de belleza conocidos por conservar la piel firme e hidratada. Hay microorganismos que protegen de la contaminación, la luz solar y los patógenos invasores.

"Pero si nosotros no producimos la cantidad suficiente de estas grasas saludables y no mantenemos una barrera sana, estamos alterando el terreno sobre el que crecen y florecen estos microbios", señaló Bowe. "Imaginemos que le quitamos todos sus nutrientes al suelo y veamos si se desarrolla nuestro huerto. Lo mismo sucede con la piel".

Por otra parte, tal vez el microbioma tenga un crecimiento excesivo de las llamadas bacterias malas (como el Cutibacteriumacnes, la cepa que se asocia con el acné) y una carencia de bacterias buenas. El microbioma se vuelve más susceptible a las infecciones, la irritación, la inflamación y la hiperpigmentación. Se vuelve más sensible a las agresiones del exterior, como los radicales libres producidos por la contaminación.

El estrés también hace que el cuerpo produzca radicales libres internos. Es posible "pensar en los radicales libres como pequeños misiles", señala la experta, porque atacan las células para destruirlas y provocar el estrés oxidativo.

¿Cómo eliminar el estrés?

Hay muchos factores que desencadenan reacciones estresantes y que pueden conducir a la generación de estrés crónico. El problema es que muchos de ellos son sistémicos y no dependen de cada una de las personas, por lo que eliminarlos de la vida no es tarea fácil. 

La meditación o el yoga son actividades que pueden contribuir a eliminar una cuota de estrés del día a día. Según la experta, la meditación desencadena "la respuesta de relajación", que precisamente activa el sistema nervioso parasimpático del cuerpo y reduce el cortisol y la inflamación. Con una práctica frecuente, la barrera cutánea puede dejar de filtrar y empezar a retener la humedad.

Investigaciones de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard demuestran que inspirar despacio y profundamente desencadena la respuesta de relajación y, puede evitar que la tensión psicológica se traduzca en una inflamación física de la piel.

Para combatir y prevenir el daño de los radicales libres, es necesario consumir alimentos que contengan antioxidantes, que son sustancias que estabilizan estas moléculas inestables para dejar la piel más limpia, más suave, más brillante y más tonificada. De acuerdo con la experta, las vitaminas A y C -que se pueden hallar en frutas y verduras-, el licopeno -que se encuentra en los tomates-, la astaxantina -presente en el salmón- y los polifenoles -que se halla en el té verde y el chocolate amargo- son grandes alternativas. También el ejercicio incrementa los antioxidantes.

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