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Los desafíos de la fiscalidad de la “economía digital”

Los desafíos de la fiscalidad de la “economía digital”
La irrupción de los negocios digitales obliga a repensar cuáles son los desafíos que nos trae esta nueva economía y darle respuesta a los mismos
Por Alfredo Martínez, Director del departamento Internacional de Lisicki, Litvin & Asociados
11.01.2019 11.32hs Impuestos

La irrupción de los negocios digitales (desde los marketplaces hasta contratación de servicios online) obliga a repensar cuáles son los desafíos que nos trae esta nueva economía.

Los retos son múltiples y debemos estar atentos para poder dar las respuestas que se nos exigen. Por eso, es preciso conocerlos:

1. A qué nos referimos al hablar de “economía digital”.

Este concepto abarca desde la digitalización de la economía tradicional (desde la compra-venta de bienes y/o servicios usando Internet hasta la incorporación de nuevas actividades económicas nacidas gracias a la digitalización, como el almacenamiento en la Nube). Llegar a la definición formal es una de las primeras tareas a completar, pues aún no existe un consenso establecido.

2. Qué impacto tiene la economía digital.

Resulta muy complejo establecer la dimensión económica que ésta presenta en nuestros días. No existen fuentes confiables que permitan identificar la dimensión que los negocios online tienen a nivel mundial, tampoco se tiene en claro la dimensión que estos negocios online ocupan dentro de la economía global. Sin embargo, se cree que al analizar la información disponible sobre cada sector se podría empezar a trazar un mapa, incluso, ya se sabe que hay un constante crecimiento sobre estas actividades de la economía 4.0.

3. En materia fiscal, los retos se ven aún más grandes. ¿A qué se debe esto?

Los sistemas tributarios fueron diseñados para una economía no digital y aún no se produjo el consenso sobre cuál es la mejor forma de abordar y resolver esta situación. Así, por ejemplo, pretender que una determinada jurisdicción pueda reclamar válidamente el impuesto a la renta sobre actividades propias de la “economía digital” usando criterios atributivos de la potestad tributaria de la economía tradicional (como la residencia del sujeto pasivo, el establecimiento permanente o la fuente del enriquecimiento), constituye un verdadero despropósito que puede, además, terminar afectando el costo de oportunidad de prestar un servicio o vender un bien.

4. Esta misma situación puede presentarse con todos los tributos potencialmente pretendidos sobre la “economía digital”, como los impuestos al consumo, de aduana y al patrimonio, entre otros.

Hasta acá, las propuestas formuladas por variadas instituciones especializas en el ámbito tributario, que han ideado propuestas y también respuestas legislativas y jurisdiccionales, resultaron insuficientes, pues demuestran la resistencia de diversos actores de los poderes públicos al cambio de paradigmas. Ellos mismos también expresan la falta de comprensión de las características esenciales de los nuevos conceptos que conforman la “economía digital”, respondiendo al febril interés de gravar cualquier actividad económica, a cualquier costo, con el único fin de incrementar la recaudación fiscal.

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