ANÁLISIS

La presión tributaria, clave en la nueva protesta del campo

Los productores encabezan las protestas contra la suba de retenciones a la soja, que terminaron en un paro de comercialización en todo el país
IMPUESTOS - 08 de Marzo, 2020

Maximiliano Marveggio, de 35 años e ingeniero agrónomo, explota un campo de 1000 hectáreas, de las cuales la mitad son de su familia, donde desarrolla ganadería y siembra, y presta servicios de cosecha a otros productores.

Su campo, que es de productividad media y baja, está a solo 29 kilómetros de la autopista Rosario-Córdoba, al norte de Bell Ville, una región donde los productores autoconvocados encabezan las protestas contra la suba de retenciones a la soja al 33%, que terminaron en un paro de comercialización en todo el país que comenzará este lunes y se extenderá por cuatro días.

"Sembramos con un gobierno que ya nos había subido las retenciones, como el de Mauricio Macri, y cosechamos con otro, que desde diciembre hasta hoy nos aumentó un 10% esa carga tributaria", señaló a La Nación Marveggio.

Guillermo Ulla, productor de Bell Ville, apunta que "el campo siempre es solidario con el país desde hace muchos años, pero nunca el Estado es solidario con el campo cuando se pierden o hay malas cosechas"."Es la bronca que uno trae desde hace tiempo, porque es fácil sacarle plata al campo. Pero este último aumento parece una provocación, porque a nivel fiscal no es significativo, pero sí lo es para nosotros, que atravesamos desde hace tiempo una situación límite", señala Ulla .

Y agregó al matutino: "Mucha gente y sobre todo un sector de la dirigencia política piensan que somos millonarios y terratenientes. Y es mentira. Nosotros estamos todo el día pensando y trabajando para ver cómo podemos sobrevivir".

"El problema es que la segmentación de las retenciones nunca funcionó, porque las devoluciones no se cumplen en tiempo y forma, en un país que tiene una alta inflación", considera Ulla.

"Debemos pagar retenciones, pero no a este nivel y con estos costos. La retención cero es imposible, pero este nivel de presión tributaria se hace insostenible", señala Luciano Vasconi, de 29 años, que explota un campo de 800 hectáreas, de las cuales solo 200 son de su familia. El resto lo alquila."Esta semana mientras estaba trillando maíz, arriba de la cosechadora, pensaba qué va a ser de mi futuro. No podemos proyectar nada, porque en un año cambia todo diez veces. Es imposible", remarca el joven.

Sergio Ramello, de 59 años, señala a La nación: "El gringo invierte, a diferencia de lo que piensan muchos, que nos endilgan que somos miserables y guardamos la plata. Y con este nuevo manotazo al campo la crisis va a golpear a los pueblos y ciudades del interior".

Ramello estima que "la mayoría de los productores aún no tomaron dimensión de la situación, y que en la próxima siembra se van a dar cuenta de que esto es inviable"."El campo no es el mismo que hace diez años, porque aparecieron nuevos problemas a los que hay que destinar inversión para contrarrestarlos, como las malezas, la baja proteína en la soja, y otros, como el de las napas, que en esta zona están casi al ras del suelo, con caminos rurales, que son un desastre y el productor se encarga de mantenerlos. ¿En qué lugar del mundo un productor compra una motoniveladora para arreglar los caminos para sacar la producción de su campo?, interviene en la charla Marveggio.

Fernando Iturbe, otro productor de la zona de Bell Ville, remarca que "el sector no solo se queja de las retenciones a la soja, sino de la carga tributaria general que impacta en ellos. Pagamos 163 tributos. Es una locura para cualquier actividad económica".

Ulla sostiene que, como el girasol sufrió una baja en las retenciones del 12% al 7%, "uno puede pensar que los productores se van a volcar a esa oleaginosa. Pero van a aparecer nuevos problemas, entre ellos, que no va a haber semillas para cubrir esa demanda y que el precio va a bajar. Con el maíz pasó lo mismo. Fue un boom, pero ahora le aplicaron retenciones y va a volver a bajar la producción"."Después nos dicen que hay que rotar los cultivos, que hay que hacer cobertura para cuidar el suelo. Claro que lo tenemos que hacer, pero con esta ecuación económica es imposible", agrega.

"El problema es que ya no hay margen para achicarnos. Porque, como los números no dan, el productor empieza a recortar insumos, compra menos fertilizantes y agroquímicos, ni qué hablar de máquinas, que ya nadie compra. Pero eso ya lo hicimos. No hay más margen", resume al matutino, Marveggio.

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