• 16/3/2026
ALERTA

El "efecto Ormuz": ganadores y perdedores del conflicto iraní en la economía local

El bloqueo deL estrecho que controla Irán amenaza con disparar costos logísticos y la inflación, pero también puede acelerar las exportaciones energéticas
16/03/2026 - 12:24hs
El "efecto Ormuz": ganadores y perdedores del conflicto iraní en la economía local

​Amás de 13.000 kilómetros de las costas argentinas, un 'torniquete' geopolítico puede causar un efecto ambivalente a la economía de la Argentina.

Se trata del Estrecho de Ormuz, que si Irán termina por cortar el tráfico en esa zona, podría por un lado asfixiar los márgenes de rentabilidad de las empresas locales y generar un shock inflacionario, pero por el otro abriría una oportunidad de consolidación para el sector energético sin precedentes.

Si bien Vaca Muerta actúa como un "chaleco antibalas" para la macroeconomía local, el impacto de esta posible decisión en la microeconomía y en la estructura de costos de las empresas sería severo.

Con el petróleo Brent tocando picos de entre u$s100 y u$s120, las consecuencias negativas se podrían agrupar en varios frentes críticos.

Uno apunta a un fuerte golpe al campo, con una posible crisis en el sector de los fertilizantes, si se tiene en cuenta que la Argentina tiene una dependencia estructural del Golfo Pérsico para nutrir sus suelos.

Otro frente se da en el agro, que es el motor actual de la economía doméstica pero que ahora enfrenta una presión de costos que amenaza los márgenes de la próxima campaña.

Crisis en fertilizantes: el golpe más fuerte al campo argentino

En este sentido, el gas natural es el principal insumo para la producción de fertilizantes nitrogenados como la urea.

El 30% del comercio global de ese producto transita por Ormuz, por lo cual el cierre del estrecho ya ha provocado un salto en los precios internacionales de estos fertilizantes, encareciendo la siembra.

En el caso de la Argentina, el golpe es fuerte si se tiene en cuenta que el país importa más del 60% de sus fertilizantes nitrogenados (como la urea) desde Medio Oriente.

Con el estrecho cerrado, el precio de la urea local ya saltó de u$s490 a u$s665 por tonelada en apenas una semana de marzo.

Pero los riesgos no solamente se identifican en los precios sino también en la posibilidad de desabastecimiento por falta de disponibilidad de este tipo de insumos.

Si los buques no pueden salir de Qatar o Arabia Saudita, la próxima campaña agrícola podría enfrentar rindes mucho menores por falta de nutrientes químicos.

Por otro lado, el corte del estrecho también amenaza al sector de los combustibles, aunque el país produzca su propio petróleo.

Más que nada porque el precio interno de los combustibles tenderá a seguir la paridad internacional.

Naftas y gasoil: la presión ya llegó a los surtidores

En estos momentos el cuadro de las naftas y el gasoil muestra una presión alcista que ya se observa en los surtidores de las principales cadenas de venta locales, con incrementos ya visibles y que se podrían repetir en las próximas semanas.

Se asegura que cada suba de u$s10 en el Brent presiona los precios locales de la nafta en un 4% aproximadamente.

Por eso, los analistas advierten que los combustibles podrían subir hasta un 7% mensual para evitar el rezago frente al precio internacional, impactando en el costo del flete de granos.

De hecho, el aumento del gasoil ya impacta directamente en el flete terrestre con empresas de transporte que alertan que el alza del crudo se trasladará a la "última milla", encareciendo cada producto que llega a la góndola.

Un dato que se complementa con lo que las navieras internacionales (como Maersk o MSC) están aplicando en la actualidad a modo de recargos por "riesgo de guerra" que pueden superar los u$s4.000 por contenedor.

El costo de los seguros de guerra (war risk) para los buques es otro de los factores negativos, ya que ha escalado drásticamente y, en algunos casos, las pólizas representan ahora cerca del 1% del valor total del barco por un solo tránsito semanal.

Además, el desvío de barcos por el Cabo de Buena Esperanza en el extremo sur de África, específicamente en Sudáfrica, agrega hasta 14 días de demora, rompiendo el stock de las industrias que operan "just in time".

Automotrices y maquinaria agrícola al borde del colapso logístico

La necesidad de las navieras de adoptar rutas más largas para evitar zonas de conflicto también afecta directamente a los importadores de insumos industriales.

Otro sector que se encuentra a merced de la crisis del Medio Oriente es el automotriz, que en el país opera bajo el sistema just-in-time, siendo una de las industrias más sensibles a las disrupciones globales.

Los fletes provenientes de Tailandia, Japón y Corea del Sur (principales proveedores de componentes y pick-ups) están sufriendo los mayores recargos.

Al desviarse por el Cabo de Buena Esperanza para evitar la zona de conflicto, los tiempos de entrega se extienden entre 15 y 20 días adicionales.

Por otra parte, el aumento del petróleo impacta directamente en el precio de los plásticos, polímeros y neumáticos.

Las terminales locales ya advierten que si el bloqueo persiste, será inevitable un traslado a los precios de lista de los 0Km, que podrían subir un 5% adicional solo por el componente logístico.

Y aunque mantienen stocks de seguridad, la acumulación de carga en puertos de transbordo podría generar "cuellos de botella" que fuercen paradas técnicas en las plantas de Córdoba y Buenos Aires hacia finales de abril.

La planta de El Palomar (Stellantis) y otras terminales ya han tenido que extender vacaciones o paralizar líneas debido a demoras en la llegada de componentes que ahora deben desviarse por el Cabo de Buena Esperanza, agregando 14 días de retraso.

En el caso del sector de maquinaria agrícola, sufre un "efecto rebote" desde el campo que enfrenta una suba del 35% en fertilizantes.

Este incremento hace que el productor postergue la compra de tractores o de sembradoras para priorizar los insumos básicos de la campaña.

En el mismo sentido, la producción de insumos de acero o fundición de metales mira de cerca el devenir de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Al ser un sector electro-intensivo, si el costo de la energía sube por el shock internacional, el precio de la máquina nacional pierde competitividad frente a la importada.

Industria química y plásticos: el encarecimiento llega directo a la góndola

También la industria química y de revestimientos (coating), enfrenta un escenario de escasez y volatilidad extrema por la Guerra del Medio Oriente.

Apenas iniciada la crisis, los polímeros y resinas plásticas ya registran subas de hasta el 10% ya que, al ser derivados del crudo, cualquier salto en el Brent se traslada en días a las listas de precios de los proveedores.

Muchos solventes, resinas y aditivos químicos dependen de derivados del petróleo procesados en Asia y Medio Oriente.

Este efecto llega rápido a la industria de alimentos y limpieza, donde el costo del envase plástico es una parte sustancial del precio final, presionando aún más la inflación en góndola.

El cierre de Ormuz no solo encarece el flete, sino que reduce la disponibilidad física del producto, además de que el aumento de los tiempos de viaje obliga a las empresas a inmovilizar capital de trabajo por más tiempo (más días de mercadería en tránsito), lo que eleva el costo financiero en un contexto de tasas aún sensibles.

Cómo blindarse ante la crisis: recomendaciones para empresas importadoras

A modo de recomendaciones ante la volatilidad extrema en el Estrecho de Ormuz y el consecuente salto en los costos operativos, los analistas recomiendan a las empresas importadoras argentinas abandonar la gestión logística "pasiva" y adoptar un esquema de resiliencia operativa.

Advierten que el mayor riesgo hoy es la dependencia de una única vía, por lo cual aconsejan evaluar embarques desde el sudeste asiático con transbordo en puertos de la costa oeste de Estados Unidos (Long Beach) y tránsito terrestre o vía Canal de Panamá, evitando el área de influencia de Medio Oriente.

Para el caso de componentes críticos de alto valor y bajo peso (electrónica o aditivos químicos específicos), deben considerar el flete aéreo parcial.

Aunque es más caro, evita el costo financiero de tener mercadería inmovilizada 60 días en un buque desviado por el Cabo de Buena Esperanza.

Los expertos también entienden que el modelo de stock mínimo ya no es viable en un contexto de guerra, por lo cual recomiendan elevar los niveles de inventario de insumos críticos de 30 a 60 o 90 días.

Esto actúa como un "colchón" ante las demoras de hasta 3 semanas que están sufriendo las navieras.

Piden además, clasificar los insumos según su origen porque, si un componente vital viene de una zona de riesgo, se debe priorizar su compra masiva inmediata antes de nuevos saltos en las primas de seguro.

Por otro lado, aseguran que el costo del flete ya no es una variable fija y que se deben migrar, en la medida de lo posible, de contratos CIF (donde el vendedor elige el seguro y flete) a FOB o FCA.

Esto permite al importador argentino tener control total sobre la elección de la naviera, la ruta y, fundamentalmente, la negociación de la póliza de seguro.

En el mismo sentido, se destaca la necesidad de revisar los contratos con proveedores y clientes locales para incluir cláusulas que contemplen demoras extraordinarias por conflictos bélicos, evitando penalidades por incumplimiento de entrega.

También ponen en alerta las primas de riesgo de guerra, que pueden duplicar el costo del flete en días.

Por eso, se recomienda el uso de pólizas de transporte "abiertas" con aseguradoras locales o internacionales que cubran bloqueos, en lugar de pagar recargos puntuales (ad-hoc) propuestos por las navieras, que suelen ser más costosos.

El shock inflacionario que complica la desinflación de Milei

A partir de este escenario, los economistas locales advierten que este shock externo pone un "piso" alto a la inflación de marzo (cerca del 3% o más), en un momento donde el gobierno del Presidente intentaba consolidar la desinflación.

Ocurre que, al subir el transporte y los alimentos por costos logísticos, el consumidor argentino tiene menos dinero para otros sectores, profundizando la recesión en comercios y servicios no esenciales.

En este contexto, empresarios consultados por iProfesional ya empiezan a comprender que no se trata solo de una crisis de energía, sino de una onda expansiva que encarece los fletes, dispara el precio de los fertilizantes y pone a prueba la resiliencia de una economía que no resiste más presión inflacionaria.

Los hombres de negocios comienzan a bautizar el caso como el "Efecto Ormuz" para admitir que la escalada del conflicto en Medio Oriente ha pasado de ser una preocupación geopolítica lejana a un factor determinante en los balances de las empresas.

También entienden que el bloqueo del Estrecho de Ormuz está generando un escenario de "doble cara" para la economía local, con el agro, la industria y la logística enfrentando una "tormenta" de costos, pero con el sector energético celebrando una oportunidad histórica.

En especial, Vaca Muerta, donde los operadores instalados en esa región reconocen que el cierre del estrecho ha funcionado como un catalizador de ingresos.

Vaca Muerta celebra: la oportunidad histórica que trae la guerra

Aseguran que con el barril internacional en niveles récord, las exportaciones de crudo argentino se han vuelto extremadamente competitivas y estiman que un barril sostenido en u$s100 podría aportar unos u$s5.000 millones adicionales en exportaciones para este 2026.

Es que, por cada dólar que sube el precio del barril, la balanza comercial energética argentina mejora en aproximadamente u$s125 millones.

Por eso, los analistas económicos señalan que, en este contexto de precios altos, el superávit energético del país podría superar los u$s12.000 millones en 2026, convirtiéndose en el motor principal de entrada de divisas.

Además, la autosuficiencia energética lograda en 2025 blinda parcialmente al país contra el desabastecimiento, permitiendo que el superávit comercial energético se amplíe.

A diferencia de la crisis de 2022 (invasión a Ucrania), Argentina llega a este conflicto con infraestructura clave finalizada.

Gracias a la madurez de los gasoductos (como el Néstor Kirchner y la reversión del Norte), el país ya no depende de las importaciones masivas de gas por barco que pasan precisamente por Ormuz o rutas en conflicto.

Mientras que Europa sufre por precios de gas un 300% más caros, el mercado doméstico consume su propio gas a una fracción del costo internacional, protegiendo su industria y sus metas de déficit cero.

En un mundo donde las rutas de Medio Oriente son "zonas rojas", los expertos destacan la ubicación geográfica de Argentina, que pasa a ser una ventaja estratégica.

Las refinerías globales buscan proveedores en zonas de paz, con lo cual Argentina, con acceso directo al Atlántico y lejos de conflictos religiosos o territoriales, se posiciona como un socio confiable a largo plazo.

De hecho, el bloqueo actúa como un "acelerador de partículas" para proyectos de GNL y oleoductos (como el Vaca Muerta Sur), ya que el capital internacional busca diversificar su riesgo fuera del Golfo Pérsico.

De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (IEA), aunque hay liberación de reservas estratégicas, el mercado prioriza el "shock de oferta".