Acuerdos de precios e inflación: el fracaso de las recetas de siempre
Parece ser que, a pesar de los constantes fracasos a la hora de intentar revertir el "normalizado" estado de crisis y emergencia con el que convivimos, la aplicación de recetas vetustas, inviables e imposibles de cumplir resultan ser las únicas ideas presentadas al sector privado como solución definitiva. Analicemos dos casos paradigmáticos vigentes en estos días.
¿Es posible creer que la simple firma de un acuerdo entre los organismos de control estatales y las cámaras empresarias podría resolver la cuestión ya endémica de la inflación? Cualquier persona con sentido común, casi sin pensarlo contestaría que no. La cuestión es simple: primacía de la realidad.
Si se devalúa la moneda nacional, aumenta la divisa extranjera, y el acceso a productos importados esenciales se encuentra restringido por resoluciones que estancan bienes en aduana, ¿cómo se pretende otorgar a los acuerdos de precios el carácter de solución mágica? Existe una malsana idea de que las empresas privadas no sufren la inflación porque "trasladan sus costos a los precios". Esta premisa es falsa, por lo menos. Parte del costo lo absorbe la sociedad mercantil ya que de lo contrario el bien o servicio que ofrece alcanzaría un precio sideral, tornando en imposible su colocación en el mercado.
La inmensa catarata de leyes y resoluciones nacionales, provinciales y municipales que pretenden forjar un cerco al aumento de precios nacen con el certificado de defunción ya expedido. Alrededor del 60% de los productos de la canasta básica han variado al alza en la primera semana de abril del corriente año a pesar de las regulaciones vigentes.
Contra todo pronóstico hemos logrado convivir con varias cotizaciones cambiarias: Dolar Banco Nación, turista, mayorista, contado con liqui, mep, blue…
Como si fuera poco, inclusive se promueven valores de la divisa extranjera para cada sector de la economía. Así por ejemplo encontramos al nuevo dólar soja, destinado al agro, otorgando $300.- por cada U$S 1.- liquidado. Claramente es más atractivo que el ilusorio dólar oficial, pero aun lejano de la cotización CCL de $396,77.- Un parche más que una solución.
Sin una mínima previsibilidad
Mas allá de este nuevo dólar, aun no se han liquidado divisas, atento a que el sector agroexportador aguarda otra nueva norma del Banco Central que les permita prefinanciar sus ventas. Las empresas del rubro entienden que sin una mínima previsibilidad es imposible ingresar dinero.
Observamos que a pesar del cúmulo de normas y resoluciones que regulan la materia no es posible alcanzar la tan ansiada normalización del mercado de divisas.
La polémica ya ha alcanzado a los tribunales comerciales, que al momento de fijar el valor del dólar en sus sentencias recurren al MEP y no al oficial.
El sentido común suele conllevar a la "cura de todos los males". La solución más directa, menos burocrática, que no necesite de cientos de intérpretes es aquella que solicita a gritos el empresariado privado, que apuesta al país generando empleo y oportunidades de negocio.
Carece de lógica sostener que en un marco de inflación galopante y tantos valores del dólar como se pueda imaginar la situación será resuelta con normativas y resoluciones que no solo son contrarias a leyes de mayor jerarquía, sino que además entorpecen la más simple operación comercial.
Si de una vez por todas reconocemos la enfermedad, dejaremos de tratar el síntoma.