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Tres de cada 10 candidatos admiten que mintieron o exageraron al confeccionar su CV

Tres de cada 10 candidatos admiten que mintieron o exageraron al confeccionar su CV
Una encuesta revela qué actitudes y emociones son más "aceptadas" en las empresas y cuáles de ellas las personas no admiten en su vida personal
Por Paula Krizanovic
22.02.2019 06.22hs Management

Un 29,4% de las personas admitieron haber mentido o "exagerado la verdad" en su currículum vitae.

Esos son, por el momento, los resultados de una encuesta que está realizando a través de la red social LinkedIn el speaker internacional sobre management disruptivo, Leo Piccioli, y que le adelantó a iProfesional. La consigna fue contestada ya por más de 3.000 usuarios de distintas nacionalidades, aunque la mayoría son argentinos.

 

Sin embargo, estudios que se han hecho sobre esta materia aseguran que la cantidad de quienes "falsean" la información que brindan en su hoja de vida sería mucho mayor.

Una organización que anualmente "mapea" qué sucede en el mercado en torno a esta materia es la multinacional Hire Right, y en su reporte 2018 destacó que el 84% de los empleadores encontraron el año pasado candidatos que mienten o incluyen información incorrecta en sus currículum. "Es un crecimiento dramático desde 2012, cuando solo el 66% opinaba lo mismo", indica el reporte.

"Es que muchos de los que mienten en el CV no lo consideran mentira, o mienten cuando se les pregunta al respecto", estimó Piccioli al analizar la situación.

Asimismo, el informe de Hire Right indica que la mayoría de estas "fabricaciones" son acerca del nivel de educación declarada en los perfiles, y que esto ocurre en todos los niveles, incluso con funcionarios y ejecutivos senior.

Por su parte, el speaker internacional agregó: "En mi experiencia, la gente miente más en las descripciones de sus logros. No suelen hacerlo sobre puestos concretos porque son fácilmente verificables, pero si en tareas, objetivos alcanzados y otras opiniones que colocan pensando que eso va a hacer que tengan más chances".

¿Un permitido?

Las personas siguen falseando datos en su CV por más que hoy el chequeo de información está a un clic o un llamado de distancia.

Un potencial motivo es porque confían en que las averiguaciones que realizan las organizaciones no es demasiado profunda. Hire Right, que se dedica a realizar este tipo de estudios a nivel internacional, asegura que lo más común es la revisión de antecedentes penales, algo que hicieron en 2018 el 84% de las empresas que respondieron a su estudio de benchmark.

De alguna manera, si está permitido y aceptado por todos ese 'maquillaje' en las hojas de vida porque todos sabemos que es eso, maquillaje, y que el desafío es entender qué hay detrás (Leo Piccioli)

Las referencias de trabajos anteriores quedaron en segundo puesto (73%) y la comprobación de identidad en tercero (66%). Solo la mitad de las empresas que participaron verificaron las credenciales académicas de sus contratados, y un 44% chequearon las licencias en los casos en los que se utilizan.

Lo más llamativo es que, si bien se incrementó en tres puntos el porcentaje que revisa las redes sociales de los candidatos entre 2017 y 2018, solo un 14% admitió hacerlo.

Más allá de esta cuestión, la mentira tiene patas cortas y a veces termina en escándalos de público conocimiento.

En la Argentina hubo casos resonantes. Por ejemplo, cuando era Jefe de Gobierno, Jorge Telerman enfrentó un proceso legal luego de que consignó ser "licenciado en Ciencias de la Comunicación" cuando en verdad tenía título de grado universitario.

Más recientemente, se consideró un "error de tipeo" que en el currículum vitae de Daniel Reposo, candidato a la Procuración General de la Nación, figuraran disertaciones en la ONU a las que solo había asistido como parte del público, y una supuesta participación en la filial argentina de la Asociación Internacional de Abogados y Juristas Judíos que fue desmentida por la entidad.

Ahora fue noticia el cuestionamiento a la candidatura de Hernán Gonçalves Figueiredo como juez de la Cámara Nacional Electoral (CNE), por dudas acerca de si declaró o no haber sido profesor titular de una cátedra en la UBA.

No se puede concluir entonces que las mentiras en los CV sean una conducta aceptada en las compañías, pero si esperada y contemplada hasta cierto punto. Según describe Piccioli, "es paradójico: todos sabemos que todos sabemos que se miente en los CV, entonces los selectores o futuros jefes también lo 'descuentan' o le quitan a la descripción un poco del 'éxito' que muestra".

"De alguna manera, si está permitido y aceptado por todos ese 'maquillaje' en las hojas de vida porque todos sabemos que es eso, maquillaje, y que el desafío es entender qué hay detrás. Por ejemplo, muchos candidatos eliminan del CV cosas que son menos laborales y más relacionadas con las emociones, porque las consideran fuera de lugar. Conozco un gerente que entrenaba un equipo de hockey juvenil, y nunca entendí porqué no lo contaba. Me parece que eso define mucho mejor sus aptitudes y actitudes que un CV tradicional", describió.

Vida privada y profesional

En otro apartado de su encuesta (que aun está abierta y se puede responder en el siguiente link) Piccioli indagó acerca de las emociones que son aceptadas en el universo empresarial.

Al compararlo con las emociones que los usuarios consideran aceptables en su vida diaria, es esperable encontrar que en ambos casos sean bien recibidas algunas de ellas, como la alegría, la paciencia y la simpatía. En sintonía con lo anterior, el odio y la envidia no son indicadas en ninguno de los dos ámbitos.

 

Respecto del amor, tampoco es de extrañar que sea un sentimiento que las personas ven con mejores ojos en el ámbito personal que en la oficina. Solo un 30% consideró que es algo que no está mal visto en las empresas, probablemente en relación a las parejas que trabajan en el mismo espacio.

En las compañías tampoco parece haber mucho lugar para otro tipo de emociones humanas como el miedo o el pánico. Tampoco está tan bien vista la sorpresa, a diferencia de lo que ocurre en la vida personal, donde siete de cada 10 la incluyeron en su respuesta.

Y la tristeza, que en el ámbito privado está "permitida" para el 50% de los participantes, tampoco podría manifestarse abiertamente en el trabajo en la mayoría de los casos.

 

Resulta llamativo sin embargo que, a diferencia de la frustración -que casi un tercio de los encuestados se permiten sentir en el ámbito personal pero solo un 21% lo hace en el profesional- la agresividad es una conducta que la mayoría no perdona a nivel personal, aunque son más los que sienten que está aceptada dentro de de las empresas en las que se desempeñan.

Piccioli no quiso hacer aún una reflexión anticipada de estos datos, antes de cerrar definitivamente la encuesta, pero opinó: "Comparando entre lo que es aceptable para uno y dentro de la empresa, se ven siempre diferencias. Es un gran desafío para las personas 'apagar' las emociones al entrar a una empresa, aunque expresarlas es algo que parece cada vez más aceptable".

"Décadas atrás ni siquiera hubiéramos pensado hacer una encuesta al respecto", cerró.

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