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Silicon Valley experimenta con el salario básico universal

Silicon Valley experimenta con el salario básico universal
Es el primer proyecto a nivel municipal, financiado 100% con capitales privadas, de este tipo de soluciones a los problemas que trae la automatización
23.09.2019 08.26hs Management

La ciudad de Stockton, de 300.000 habitantes, a unos 130 km de San Francisco, es la completa antítesis de su vecina Silicon Valley.

Lejos de la opulencia y el altísimo costo de vida que se ve en la Meca de la tecnología norteamericana, en 2012 Stockton tuvo que declarar la mayor suspensión de pagos municipal del país como consecuencia de la crisis financiera.

Sus ingresos medios anuales son 46.033 dólares por familia (en San Francisco son 95.000 según El País), y un 15% de sus habitantes se sitúan por debajo del nivel de pobreza. Dos caras opuestas del capitalismo dentro del mismo estado.

Hoy esa ciudad es noticia otra vez, pero esta vez porque a 125 vecinos de Stockton cuidadosamente seleccionados desde febrero pasado y durante 18 meses, una mano benefactora les va a ingresar 500 dólares en una tarjeta de débito que les regaló el alcalde. 

El proyecto, según pudo saber la AP, está celosamente monitorizado por un equipo de investigadores, que van a registrar la evolución de cada persona que participa y elaborar un informe final.

El empujón financiero fundamental ha venido del Economic Security Project. Fundado por Chris Hughes, Natalie Foster y Dorian Warren en 2016, es una organización que se dedica a apoyar, financiar e investigar las posibilidades de implantar un salario básico universal en EE.UU. como posible solución a la pérdida de puestos de trabajo que la automatización y la inteligencia artificial.

Muchos de quienes impulsan esta alternativa son algunos de los principales tecnólogos de Silicon Valley. Entre los convencidos está el emprendedor y exFacebook, Chris Hughes, y con la colaboración del alcalde de Stockton, ha podido poner en marcha el primer proyecto a nivel municipal en una ciudad grande de EE.UU. A principios de año donaron el millón de dólares que ha permitido poner en marcha un proyecto pionero, que costará tres millones en total y estará financiado completamente por dinero privado.

El proyecto se llama Demostración del Empoderamiento Económico de Stockton (Stockton Economic Empowerment Demonstration) y el alcalde Michael Tubbs lo defendió de la siguiente manera: "Stockton va a ser un ejemplo para todo el resto del país. La pobreza es algo inmoral y, sencillamente, no debería existir. La gente que vive angustiada por falta de dinero no le falta carácter o fuerza de voluntad: les falta dinero".

"Nuestro objetivo es investigar cómo afecta no sólo a las finanzas, sino al bienestar de una persona, este concepto de tener un ingreso garantizado fijo todos los meses", explicó a El País Natalie Foster, co fundadora de la organización que ha financiado el proyecto. "Tuvimos la suerte de conocer al alcalde Tubbs y darnos cuenta que teníamos un objetivo común: sacar la idea del salario básico garantizado del mundo de lo teórico y ponerla en práctica de verdad. Permitir que impactara en personas reales con historias reales", sentenció.

Algunas de esas historias, por ejemplo, son la de Tomás Vargas Jr, que ha usado el dinero para pagar un profesor particular para sus hijos durante el verano y sacar un segundo título universitario. Ese dinero le ha permitido además a pasar más tiempo con su familia. Otra de las beneficiarias dijo que que con sus finanzas seriamente comprometidas tras un accidente laboral de su marido, tenía que pellizcarse para poderse creer que le llegaba este dinero del cielo.

Uno de los objetivos del proyecto es separar la idea de dependencia o pereza con que se asocia con frecuencia a los receptores de la ayuda estatal. En la mayoría de los programas de ayuda sociales que existen en EE.UU. al receptor de la ayuda se lo pone bajo la lupa y es víctima de prejuicios.

El concepto de salario básico universal va intrínsecamente ligado a la idea de no poner condiciones, y de confiar en la capacidad de la gente de usar, al menos mayoritariamente, el dinero de forma inteligente y útil.

La idea del salario básico universal, por supuesto, no es una idea reciente ni ha nacido en Silicon Valley. Se fraguó en Europa a lo largo de los siglos XVIII y XIX. En EEUU, Martin Luther King la proponía en uno de sus libros, y hasta el republicano Richard Nixon la puso en práctica de manera experimental en los 60 (experimento supervisado, ni más ni menos, que por Dick Cheney y Donald Rumsfeld, director y subdirector respectivamente de la Oficina de Oportunidades Económicas).

En Holanda, Finlandia, Canadá, ha habido proyectos piloto respaldados por el estado. Pero en EEUU, gran parte del empuje reciente viene de Silicon Valley.

"Estamos en un momento de la historia de EEUU muy necesitados de ideas atrevidas. Cada vez más gente se da cuenta de que es necesario reequilibrar la economía. Una cuarta parte de los trabajadores con trabajos a tiempo completo necesitan algún tipo de ayuda o subsidio porque no llegan a fin de mes. Y los trabajos se van a hacer cada vez más precarios en la nueva economía. Un ingreso garantizado que proporcione seguridad, estabilidad, es ese tipo de idea atrevida que puede ayudar a cambiar las cosas", argumentó Foster.

"Lo más interesante del proyecto de Stockton es que nos va a ofrecer ejemplos concretos, con cara y nombre y apellidos, de lo que las personas reales pueden hacer con un ingreso de efectivo extra al mes", explicó el profesor Mark Zwolinski, de la Universidad de San Diego, experto en el tema. 

Los investigadores del proyecto de Stockton van a medir la evolución, entre otras cosas, en el sentimiento de relevancia social de sus beneficiarios: es decir, cuánto perciben que importan a la sociedad. "Los efectos positivos de tener un dinero asegurado al mes se perciben a corto y a muy largo plazo. En los experimentos realizados en Canadá, por ejemplo, se pudo comprobar que la gente invertía más en su educación, y podía permitirse pasar más tiempo con su familia. Esto a su vez revierte en un bienestar prolongado en el tiempo, en mayor conexión con la gente que te rodea, e incluso, en menos gasto sanitario, porque también tiene efectos duraderos sobre la salud", explicó Zwolinski.

"Tiene que ser una cantidad que no sea un sustituto de un salario exactamente, sino un suplemento, un extra. La gente sigue necesitando tener un trabajo, pero tiene más margen, para trabajar menos, para hacer otras cosas que son útiles socialmente", completó el docente.

Zwolinski reconoce, sin embargo, que la idea sigue siendo radical y prácticamente en las antípodas de la cultura laboral de EEUU, una sociedad que valora por encima de todas las cosas la capacidad de salir adelante "por sí mismo".

De hecho, el experimento de Nixon fracasó. Aunque se demostró que efectivamente, la mayoría de la gente buscaba un trabajo y se mantenía activa a pesar de recibir un ingreso fijo todos los meses, su aplicación más generalizada no obtuvo mayoría en el Congreso.

En Alaska, cada residente recibe un dividendo de los ingresos por venta de crudo desde 1982, y un estudio realizado el año pasado demostró que no ha disminuido la cantidad de gente en el mercado laboral. 

"En realidad, hemos avanzado muchísimo en los últimos años. La idea ahora está presente en los programas de campaña de candidatos demócratas que no se consideran radicales. La llaman de otra manera, como Kamala Harris con su Lift the middle class (un plan para dar una cantidad fija mensual a familias de clase media con ingresos por debajo de 100.000 dólares al año), Julián Castro con su Working Families First Credit, o Corey Booker con su rise credit, pero es básicamente el mismo concepto: ofrecer un suelo económico, una base garantizada, para dar un respiro a las familias y como manera eficaz de luchar contra la pobreza", explicó Foster.

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