VIDEO | Ledesma: cómo José Ramírez Ovejero creó un trapiche y fundó un imperio
Hablar de Ledesma es recorrer casi dos siglos de historia productiva y familiar en el norte argentino. Lo que comenzó como una apuesta visionaria terminó convirtiéndose en uno de los grupos agroindustriales más importantes del país, con fuerte arraigo territorial y una impronta que marcó para siempre a Libertador General San Martín.
Detrás de ese origen hay una figura clave: José Ramírez Ovejero, un salteño adelantado a su tiempo, cuya visión sentó las bases de un proyecto que atravesaría generaciones.
El hombre visionario que dio origen a Ledesma
José Ramírez Ovejero nació el 29 de junio de 1776 en La Merced, Salta. Provenía de una familia vinculada al comercio regional: junto a su padre, Pedro Antonio, también nacido en Salta, y sus hermanos, José Marcos y José León, participaba activamente en el intercambio de mulas, el abastecimiento de pulperías y la provisión de efectos de Castilla.
Los documentos de la época también lo mencionan como apoderado de comerciantes de Córdoba y Lima, lo que evidencia su inserción en los circuitos comerciales del Virreinato.
En 1807 dio un paso decisivo: compró a Diego José Pueyrredón la hacienda de Ledesma. La inversión familiar no tardó en mostrar resultados. La propiedad, adquirida por 22.000 pesos, fue tasada en 30.000 apenas tres años después, reflejando una rápida valorización producto de una gestión eficiente y estratégica.
En 1826 fundó el ingenio Ledesma en Jujuy, dando forma al núcleo productivo que, con el tiempo, se transformaría en una referencia del sector azucarero argentino. A su muerte, la propiedad pasó a su esposa, María Antonia De La Zerda Urristi, y luego a sus herederos. Dos de sus hijos, Sixto y Querubín, fueron responsables de una expansión decisiva que fortaleció el peso económico y político del emprendimiento.
Ese espíritu emprendedor y familiar quedó grabado en el ADN de la compañía.
Ledesma y Libertador General San Martín: industria y comunidad
Con el paso de las décadas, el crecimiento de Ledesma estuvo íntimamente ligado al desarrollo de Libertador General San Martín. La empresa no solo amplió su capacidad industrial, sino que impulsó viviendas para trabajadores, escuelas, centros de salud, proveedurías y espacios recreativos.
Se consolidó así un modelo de integración productiva y social en el que trabajo, educación y vida cotidiana evolucionaron en paralelo. Durante décadas, el ritmo de la ciudad estuvo marcado por la zafra y el procesamiento de la caña, configurando un ecosistema donde empresa y comunidad crecieron de manera interdependiente.
El ingenio se convirtió en el corazón económico del norte jujeño y en un símbolo de una etapa de la Argentina en la que las familias empresarias moldeaban territorios enteros.
De ingenio azucarero a holding agroindustrial diversificado
Con el tiempo, Ledesma comprendió que debía ir más allá del azúcar. Para reducir riesgos y ampliar horizontes, diversificó su matriz productiva: incorporó la fabricación de papel, la exportación de frutas y la generación de energía, consolidándose como uno de los principales holdings agroindustriales del país.
La conducción empresaria también atravesó distintas etapas. En 1911, Enrique Wollmann adquirió el control total de la compañía y en 1914 se formalizó la estructura societaria vigente. Tras su fallecimiento, en 1927 asumió Herminio Arrieta, dando inicio a una etapa que más tarde consolidaría la familia Arrieta-Blaquier.
Durante más de cuatro décadas, desde 1970, Carlos Pedro Blaquier lideró el grupo, marcando una era en la historia corporativa argentina.
Hoy, la compañía mantiene esa continuidad familiar: el presidente es Alejandro Blaquier y el gerente general es Diego Lerch, quienes conducen una organización que combina tradición, escala industrial y proyección de largo plazo.
Un legado que atraviesa generaciones
Desde aquellos trapiches iniciales del siglo XIX hasta su actual perfil diversificado, la historia de Ledesma refleja el recorrido de una familia que dejó huella en la economía argentina.
La visión de José Ramírez Ovejero, la expansión impulsada por sus descendientes y la posterior consolidación bajo nuevas generaciones empresarias construyeron un ecosistema productivo con fuerte arraigo territorial.
Más que una empresa, Ledesma representa un capítulo de la historia económica del país: el de los pioneros que, con capital, riesgo y mirada estratégica, transformaron una hacienda del norte en un actor central del desarrollo regional argentino.