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La cultura organizacional: el activo estratégico que la inteligencia artificial no puede reemplazar

Referentes de distintas disciplinas compartieron experiencias y buenas prácticas para impulsar entornos laborales humanizados e inclusivos
Por Jorge Cámpora | Director de la Maestría en Coaching y Cambio Organizacional. Universidad del Salvador de Argentina
MANAGEMENT - 26 de Junio, 2026

En una época atravesada por la aceleración tecnológica y la fragmentación social, una palabra surgió espontáneamente al concluir un encuentro que reunió a más de 160 personas: gratitud. No hacia una obra material, sino hacia la decisión colectiva de convertir la experiencia acumulada en un patrimonio compartido al servicio del bien común.

La presentación del libro Procesos de Cambio Cultural en las Organizaciones constituyó mucho más que el lanzamiento de una publicación universitaria. Reunió aprendizajes construidos durante más de dos décadas de trabajo académico y profesional con un propósito explícito: poner ese saber al servicio de la comunidad para que más personas comprendan cómo transformar una cultura sin perder de vista el desarrollo humano.

En tiempos en los que el conocimiento suele convertirse en una ventaja competitiva o en un patrimonio reservado, sostenemos que compartirlo constituye un acto ético. Transferir aprendizajes y experiencias fortalece la capacidad colectiva para construir organizaciones más humanas y sostenibles.

Los ejemplares entregados a los asistentes fueron bendecidos conjuntamente por el Padre Alejandro Sánchez Kulic y por el Rabino Fishel Szlajen. El gesto trascendió toda diferencia confesional para recordarnos que las sociedades progresan cuando convierten la diversidad en una fuente de aprendizaje mutuo y orientan el conocimiento hacia el desarrollo humano y el bien común.

El desafío de transformar culturas organizacionales en la era digital

Disponemos hoy de más herramientas para transformar organizaciones que en ningún otro período de la historia de la humanidad. Sin embargo, concretar cambios profundos continúa siendo uno de los desafíos más complejos del liderazgo contemporáneo. Las experiencias desarrolladas en organizaciones diversas muestran una enseñanza común: las transformaciones genuinas no comienzan con nuevas tecnologías ni con sofisticados modelos de gestión, sino cuando las personas revisan sus creencias, fortalecen la confianza y construyen una visión compartida del futuro.

La cultura organizacional es el territorio invisible donde una comunidad define quién quiere ser, qué valores preservará y cuáles conductas promoverá. Allí residen la confianza, el aprendizaje y la posibilidad de innovar sin perder identidad. Ninguna transformación perdura cuando descuida el desarrollo de las personas.

La inteligencia artificial multiplica capacidades, pero la cultura determina si ese potencial disruptivo contribuirá al desarrollo humano o profundizará las limitaciones de siempre. Las tecnologías emergentes democratizan el acceso al conocimiento, aunque no reemplazan el discernimiento, la responsabilidad incondicional ni la construcción de sentido compartido.

Qué papel debe jugar la educación superior en la formación de líderes

La Educación Superior enfrenta un desafío histórico: comprender que su misión ya no consiste solamente en transmitir saberes, sino en formar personas capaces de discernir, convivir, liderar y construir bien común en una sociedad donde la información abunda, pero la sabiduría continúa siendo profundamente humana.

Compartir lo aprendido no constituye un acto de generosidad intelectual, sino una responsabilidad ética indelegable. El conocimiento alcanza su máxima expresión cuando deja de ser una ventaja individual y se transforma en una oportunidad colectiva, pues entendemos que toda obra termina de escribirse cuando inspira a otros a continuar el camino.

Nuestro anhelo es contribuir a la construcción de instituciones capaces de aprender, innovar y crecer sin renunciar a la dignidad de las personas. Porque educar, liderar y transformar constituyen distintas expresiones de una misma vocación: poner el saber al servicio del bien común y ampliar las posibilidades de realización para las generaciones presentes y futuras.

Al fin y al cabo, las sociedades no progresan únicamente por lo que ya conocen, sino por lo que deciden compartir, preservar y legar.

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