La única empresa privatizada por Milei retoma el sendero de la rentabilidad
En septiembre pasado y luego de casi un año de haber asumido el control de IMPSA, los nuevos dueños de una de las mayores metalúrgicas de la Argentina lograron cumplir con la promesa de refinanciar una millonaria deuda contraída por la ex empresa de la familia Pescarmona durante los últimos 10 años.
Se trata del fondo norteamericano, Industrial Acquisitions Fund LLC (IAF), que se quedó con la empresa en febrero pasado, marcando lo que fue la primera y hasta ahora única privatización de una empresa con capital estatal de la gestión de Javier Milei al frente del gobierno nacional.
Lo hizo a cambio de un pago de u$s20 millones para comprar las acciones que estaban en poder del Estado Nacional y de la provincia de Mendoza y, de ese modo, asumir el control mayoritario de la empresa fundada hace más de 100 años y luego de que en el 2021 el ex presidente Alberto Fernández decidiera estatizarla para evitar su quiebra, agobiada por una deuda de u$s550 millones.
A principios de este año, el consorcio extranjero presentó una oferta por u$s27 millones mediante un cronograma de capitalización y solicitó plazo para refinanciar la deuda de IMPSA y obtuvo la conformidad para encarar el proceso con acreedores de peso como el Banco Interamericano de Desarrollo; el Export Development Canada; la Corporación Andina de Fomento y bonistas internacionales; el Bradesco y el fondo de inversión Moneda Asset Management.
También, el Banco de la Nación Argentina; el Bapro; el Banco Hipotecario; el BICE, así como tenedores de varias series de Obligaciones Negociables (ON).
Tras un período de negociaciones, IMPSA volvió a modificar los términos de su propuesta de reestructuración a partir de un proceso llevado a cabo por el fondo IAF en el marco del llamado Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) por el que atraviesa la compañía.
IMPSA, ante una reestructuración eterna
Fue el cuarto cambio de la oferta de reperfilamiento desde que la empresa entró en default en el 2018, y logró el aval del 98% de sus acreedores para encarar el proceso de reestructuración de la deuda elegible mediante la reprogramación del cronograma de vencimientos de la misma (sin quitas de capital).
La nueva propuesta promete emitir deuda por u$s583 millones, que se amortizará en nueve cuotas anuales iguales y consecutivas equivalentes al 11,1111% del capital en circulación pendiente de pago cada una, procedimiento que comenzará el 31 de diciembre de 2036 y tendrá vencimiento final el 31 de diciembre de 2044.
Ese endeudamiento, que se pagará mediante la emisión de Obligaciones Negociables (ON) directas, logró también el respaldo del Juzgado Concursal de Mendoza donde se viene tramitando su interminable proceso de reestructuración mediante un llamado Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) que tuvo cuatro versiones desde que, en el 2018, la compañía fundada por la familia Pescarmona entró en default.
De todos modos, la nueva oferta sufrió algunos cambios destinados a mantener el carácter de Beneficiarios del Fideicomiso de Acciones de IMPSA para los tenedores de la nueva deuda, facilitando así los procesos internos de aprobación de la reestructuración por parte de los distintos acreedores.
De acuerdo a los propietarios de IMPSA, la propuesta "permitirá preservar la continuidad de la empresa, su tecnología de primer nivel mundial en áreas de gran relevancia estratégica desarrollada durante sus más de 100 años de existencia, los puestos de trabajo para los más de 600 empleados directos y la actividad de las más de 100 PyMEs que trabajan con nosotros".
El paper destaca también que se trata de la primera vez, desde la reestructuración bajo el APE del 2017, que IMPSA cuenta con un accionista controlante dispuesto a desarrollar un plan de negocios y de inversiones acorde con las necesidades de la compañía, a fin de reposicionarla en los mercados mundiales.
Cambio de escenario para la primera empresa privatizada por Javier Milei
El plan de los nuevos accionistas parece empezar a dar sus frutos si se tiene en cuenta que, por primera vez en cinco años, la compañía mendocina vuelve a mostrar un balance con resultados positivos correspondientes a los primeros nueve meses de un año.
En este caso, entre enero y septiembre pasados, IMPSA logró ganancias por $205.953 millones, cuando en el 2024 había perdido $56.634 millones; en el 2023, $1.375 millones; en el 2022, $3.035 millones y en el 201, otros $5.147 millones.
Los datos forman parte de un documento enviado por el directorio de la metalúrgica a la Comisión Nacional de Valores (CNV), en el cual se explica también que "por encontrarse la sociedad inmersa en un mercado altamente competitivo y en pos de mejorar la productividad industrial y ganar competitividad dentro de un mercado globalizado, se continúan realizando inversiones en recursos tecnológicos que permitan lograr una mejora de nuestros productos tanto en calidad como en costos".
Con ese objetivo, la empresa viene realizando importantes inversiones en infraestructura, modernización de recursos informáticos, capacitación del personal e implementación de sistemas de mejora continua para poder aprovechar, entre otros factores, la constante demanda energética que se está produciendo tanto a nivel nacional como internacional.
Sus ejecutivos entienden que dicho escenario "permite vislumbrar interesantes perspectivas respecto de la concreción de nuevas adjudicaciones en materia de provisión de equipos hidroelectromecánicos y el reemplazo de equipos actualmente en funcionamiento en proyectos de gran envergadura".
IMPSA también enfocará sus esfuerzos en el área de equipamientos nucleares, teniendo en cuenta que se trata de una de las pocas empresas con capacidad de diseño y fabricación, lo cual la ubica entre los primeros lugares para seguir desarrollando y proveyendo equipos de estas características.
Nuevos horizontes
En el marco de la energía eólica, también avizora posibilidades de concretar una serie de proyectos en los cuales IMPSA se encuentra desarrollando nueva tecnología con el fin de abastecer este mercado cada vez más creciente.
En este segmento, la compañía ya desarrolló en el pasado bienes de capital para la industria de Petróleo & Gas y ahora sus ejecutivos entienden que Vaca Muerta "abre perspectivas muy interesantes para nuestra compañía".
Otro de los planes en los que la empresa basará su expansión es a partir de una nueva unidad de negocios, denominada Servicios, para mejorar la cobertura a la extensa red de clientes de la compañía con necesidades inmediatas de soluciones rápidas y profesionales, que augura ser muy prometedora para las nuevas exigencias del mercado.
Por otro lado, los avances en Inteligencia Artificial y su aplicación a los diversos productos y negocios también le permitirán ser cada vez más competitiva a nivel mundial a partir de encarar un plan de alianzas con empresas tecnológicas de otros países.
Además de los proyectos ya mencionados, la sociedad se encuentra trabajando en varios proyectos con diferentes estados de avance en su construcción y montaje, tanto en la Argentina como en el extranjero.
Apostar a Venezuela
Un caso se da en la Central Hidroeléctrica de Tocoma, Estado de Bolívar, Venezuela, en el marco de un acuerdo que contempla la provisión de 10 turbinas Kaplan de 223 MW, reguladores de potencia, 10 generadores de 230 MVA y otros equipos por un total aproximado de u$s1.390 millones.
También trabaja en la Planta Hidroeléctrica Macagua I ubicada sobre el Río Caroní en la ciudad de Puerto Ordaz, Venezuela, por un total de u$s484 millones y que prevé la reconstrucción de una planta generadora de energía hidroeléctrica que cuenta con una capacidad instalada de 462MW.
En el mismo país, tiene un convenio para la Central José Antonio Páez, para la provisión de 5 (cinco) rodetes tipo Pelton para la Central José Antonio Páez por u$s9,6 millones.
Este proyecto se suma a otro firmado para el Complejo Hidroeléctrico Uribante Caparo para los trabajos de rehabilitación de las descargas de fondo de las represas La Vueltosa y Borde Seco y de la Central en Hidroeléctrica Fabricio Ojeda, por u$s65 millones.
En la Argentina, IMPSA acumula una importante serie de contratos que, en varios casos, se encuentran frenados o suspendidos como el de la repotenciación de los Grupos Generadores 3 y 4 de la Central ACARAY II por u$s11 millones.
Historia de un default constante
En la actualidad, IMPSA también cuenta con un centro de producción estratégicamente ubicado en Mendoza para la fabricación y comercialización de ciertos componentes, tales como estructuras metálicas, bienes de capital de gran tamaño y obras civiles, lo cual constituye su actividad principal.
La empresa fue fundada en 1907 bajo la denominación de "Talleres Metalúrgicos Pescarmona" con el propósito de fabricar repuestos para maquinaria de hierro fundido, compuertas, equipos para la industria vitivinícola y otros componentes de metalúrgica liviana.
En 1946 pasó a llamarse Construcciones Metalúrgicas Pescarmona S.R.L; en 1965 se fundó Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.I.C. y F. mediante la transferencia de los activos y pasivos de esa sociedad y el 16 de junio de 1965 se inscribió como sociedad anónima.
Ya más cerca en el tiempo, el 27 de abril de 2018 cambió la denominación social por la de IMPSA S.A. con el objeto de participar en la "producción y comercialización de estructuras metálicas, bienes de capital de gran tamaño para los sectores petroquímicos, hidráulicos, nuclear, electrónica, energética y obras civiles".
Ya en el 2020, los acreedores de IMPSA habían apoyado una oferta del entonces directorio de la empresa para encarar la recomposición de la estructura de capital en el marco del APE anterior.
Ese convenio también incluía un canje por ONs; nuevos préstamos y un bono internacional en dólares que debía tener un período de gracia hasta este 2025, momento en el que la empresa debía empezar a pagar intereses a una tasa de 1,5% anual.
Luego, a partir de 2028, IMPSA debía comenzar a abonar el capital, con vencimientos anuales sucesivos durante nueve años, hasta 2036.
Pero tras la fallida estatización del 2021, IMPSA completó el canje de los bonos internacionales con vencimiento durante este año por u$s182 millones, por nuevos títulos sin oferta pública que vencerán en el 2036 y que también forman parte de la millonaria deuda que tuvo que negociar ARC Energy para quedarse definitivamente con el control de la metalúrgica.