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Chau plástico: son amigos y crearon una empresa que produce sorbetes hechos con trigo

Dos amigos vieron un sorbete importado, algo no cerró y crearon esta empresa que fabrica sorbetes de trigo y hoy vende a casi todo el país
18/01/2026 - 06:24hs
Si sobra trigo, ¿por qué faltaban sorbetes? La historia detrás de un negocio verde impensado

¿Por qué un sorbete hecho de trigo tiene que venir de China si la Argentina produce millones de toneladas de ese cereal cada año? De esa pregunta nació Paja, un emprendimiento fundado por Francisco Ben y Franco De Stéfano en 2024 que fabrica sorbetes resistentes, descartables y amigables con el medioambiente a partir del tallo del trigo. El producto está pensado para bares y restaurantes que buscan dejar atrás el plástico.

"Estábamos en un bar en Buenos Aires y vimos un sorbete que parecía de madera. Nos llamó la atención y preguntamos de qué era", recuerda Francisco Ben, en diálogo con iProfesional. La respuesta —que estaba hecho de trigo y era importado— terminó de encender el bichito de la curiosidad que luego se convertiría en proyecto: producir en la Argentina un sorbete que hasta entonces llegaba desde el exterior. Para su estupor en el camino, además, descubrieron que China es el mayor productor de trigo del mundo. "Eso explica por qué el producto existe allá, aunque no por qué no se fabricaba acá", aclara Ben.

Ben y De Stéfano se conocieron en la facultad estudiando Administración de Empresas y compartían el deseo del negocio propio. Antes de lanzarse al emprendimiento, trabajaron varios años en relación de dependencia. El encuentro con el producto fue el empujón que necesitaron para renunciar a sus trabajos y emprender. "Los dos siempre quisimos hacer algo juntos, pero la idea de asociarnos surgió después de conocer el producto", explica Ben. Sin embargo, aunque sabían que el sorbete se hacía con el tallo del trigo, no tenían acceso a maquinaria ni conocían los procesos productivos.

Durante un año y medio —lo que equivale a dos campañas de trigo— se dedicaron a estudiar distintas variedades de trigo para encontrar la adecuada. "Existen cientos de variedades en el país. Tardamos un año y medio en encontrar la que hasta hoy para nosotros es perfecta para el sorbete que buscamos", afirma Ben. Esa variedad, que prefieren no revelar, es para los fundadores una de las claves del desempeño del producto. Sí adelanta una característica central: "Es un trigo mucho más alto que el resto. Mientras los productores buscan trigos más petizos para usar como cobertores de suelo, nosotros buscamos todo lo contrario, una caña más alta y resistente".

Sin maquinaria ni procesos, el primer año estuvo dedicado casi exclusivamente a pruebas y errores. "Todo el desarrollo fue nuestro. No teníamos método ni máquinas, sabíamos que se hacía con el tallo del trigo y nada más", cuenta Ben.

"No podíamos sacar ni un sorbete al mercado. Fue un camino largo, más de lo que habíamos imaginado", reconoce. A eso se sumaron factores climáticos como la sequía y el hecho de que la materia prima se obtiene una sola vez al año. "Nosotros cosechamos una vez al año y después acopiamos todo lo que vamos a producir", explica. Finalmente, el primer producto salió al mercado en diciembre de 2024.

Importar era —y en algunos casos sigue siendo— una opción más barata, pero no fue el camino elegido, desde el inicio, los socios tuvieron claro que querían fabricar en la Argentina. "Estamos muy justos con los costos, muy similares a importar. Quizás un poco más altos, pero tratando de neutralizar todo para ser competitivos", explica Ben. "Más allá del costo, el producto se diferencia mucho en calidad. Es ampliamente superior a los que se producen en otros países", agrega.

Del campo a la escala industrial

En 2025, los socios sembraron por primera vez trigo propio: 15 hectáreas en la zona de Bragado, de donde es Ben. "No se necesitan muchas hectáreas, pero sí un control especial", detalla. En paralelo, en Buenos Aires montaron una planta en el barrio de Monte Castro, donde se realiza parte del proceso industrial. Hoy la empresa emplea a unas diez personas, sin contar el eventual en épocas de cosecha.

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Durante más de un año estudiaron variedades de trigo hasta hallar la ideal para sorbetes resistentes

En números, pasaron de producir unos 150.000 sorbetes mensuales a cerrar 2025 en torno a los 230.000. El salto fuerte llegará en un mes. "A partir de febrero, con maquinaria nueva que vamos a incorporar, vamos a tener una capacidad productiva de un millón de sorbetes por mes", anticipa.

La aceptación del mercado fue inmediata y no solo por su perfil ambiental, sino también por su desempeño. A diferencia de muchos emprendimientos, el principal desafío no estuvo en vender, sino en producir. "El producto gusta y se vende. El problema siempre fue la producción", reconoce Ben.

A diferencia del sorbete de cartón, el de trigo no se deshace ni se ablanda. "Puede estar en contacto con el trago; si lo dejás dos días, no le pasa nada", grafica. En precios, se ubican entre un 15% y un 20% por encima del sorbete de cartón de mejor calidad, una diferencia que muchos clientes están dispuestos a pagar.

El foco comercial estuvo puesto en la gastronomía: bares, restaurantes, cafeterías y hoteles. Al tratarse de un producto que va a la boca, el desarrollo también implicó controles específicos. "Es totalmente inocuo, no aporta sabor ni tiene ningún químico", aclara Ben. Durante 2025 vendieron de forma directa y lograron llegar a 20 provincias. "Ahora estamos empezando a tomar distribuidores en puntos estratégicos como Bahía Blanca, Rosario, Córdoba, Santa Fe y Neuquén", enumera. La exportación también está en agenda. "Nos escribieron de muchos países: Estados Unidos, Canadá, Uruguay, Chile. Es un proceso largo por los trámites, pero Uruguay sería el primer paso", cuenta.

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Hoy produce hasta 230.000 sorbetes por mes y planea llegar al millón con nueva maquinaria

El modelo productivo tiene otro punto a favor: casi no genera desperdicios. Los tallos que no sirven como sorbetes, por su diámetro, se reutilizan. "Con ese descarte sacamos revolvedores. Era un desperdicio nuestro y lo transformamos en un nuevo producto", explica. Todo lo que sobra es biodegradable y compostable. "Es parte de una planta seca. Si cae en la tierra, se biodegrada y aporta al suelo", agrega.

La inversión inicial fue baja en relación con el desarrollo logrado. "En 2023 invertimos unos u$s10.000 para pruebas y errores. Después, unos 40.000 más para salir al mercado y mejorar la producción", detalla Ben. Hoy el emprendimiento ya factura y permite sostener la operación, aunque los socios prefieren no dar cifras y aseguran que el negocio es rentable.

Con apenas 26 años, Francisco Ben y Franco De Stéfano con Paja lograron transformar un residuo del campo en una oportunidad concreta de negocio. A partir del rastrojo del trigo, desarrollaron sorbetes resistentes, compostables y amigables con el medioambiente, pensados para un mercado gastronómico que busca reemplazar al plástico.

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