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ALERTA

Una familia de Pehuajó innovó en serio: elabora helados con leche de oveja y vende hasta en Recoleta

Esta Pyme en crecimiento comenzó con 30 hectáreas y 100 ovejas y hoy venden helados de leche de oveja en Tandil y también en Recoleta
23/01/2026 - 06:52hs
Helados de leche de oveja: el producto inédito con el que una familia del interior desafía al mercado

En el imaginario argentino, la oveja está asociada casi exclusivamente a la lana y, en menor medida, a la carne. Pero en Pehuajó, una familia decidió correr ese límite y demostrar que la leche de ovejas también podía transformarse en un producto de alto valor agregado. Así nació Familia Green, un emprendimiento que convirtió un tambo ovino en el origen de quesos y helados cremosos, livianos y distintos a todo lo conocido en el mercado local.

Cuando Leslie Green y Silvina Agüera compraron sus primeras 100 ovejas, en 2014 tenían la convicción de que desde un campo chico también era posible desarrollar un proyecto productivo viable, intensivo y con valor agregado.

"Eran unas 30 hectáreas y elegimos ovejas porque un tío mío había tenido un tambo ovino y conocíamos las propiedades de la leche de oveja", explica Leslie a iProfesional, al repasar el recorrido de Familia Green, un proyecto que hoy combina producción primaria, elaboración propia, innovación y un fuerte componente familiar.

Actualmente trabajan con unas 200 ovejas —aunque llegaron a tener entre 450 y 500—, todas de raza Pampinta, una variedad desarrollada por el INTA de Anguil, La Pampa, pensada como animal de triple propósito: carne, lana y leche.

"Es una oveja muy prolífica, mellizera, que da buenos rendimientos", detalla Leslie. Sin embargo, en Familia Green el foco siempre estuvo puesto en la leche. "La lana ya no se aprovecha y la carne se vende en algunos casos; nuestro eje es la leche", aclara.

En 2015 terminaron de montar el tambo ovino y comenzaron a producir quesos semiduros, duros y dulce de leche ovino, trabajando con una fábrica de Trenque Lauquen. El gran hito llegó en 2019, cuando lanzaron Blue Sheep, el primer queso azul de leche de oveja argentino.

"Fue el primer queso azul de leche de oveja del país, igual al original, al estilo del Roquefort francés", señala Leslie. Hasta ese momento, la comercialización se concentraba en comercios especializados y algunos supermercados de Buenos Aires. El proyecto crecía, pero todavía nadie imaginaba que el verdadero giro iba a llegar con una bocha de helado.

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El primer queso azul de leche de oveja argentino fue lanzado por la familia en 2019

Doscientas ovejas y 1.500 kilos de helado más creomosos y livianos por mes 

La pandemia obligó a revisar estrategias y a buscar nuevos caminos. Con las ventas tradicionales resentidas, Familia Green reforzó el canal online y empezó a explorar alternativas. Fue entonces cuando surgió la idea de elaborar helados a partir de leche de ovejas.

"Veníamos viendo experiencias en Inglaterra, Nueva Zelanda y Chile, donde este tipo de helados ya existía", cuenta Leslie. La referencia internacional funcionó como disparador para animarse a probar algo nuevo.

Primero testearon la viabilidad del producto y mandaron a formular los helados. El resultado los convenció. "Salieron muy bien y decidimos armar nuestra propia sala de elaboración", recuerda. Así, la familia invirtió en equipamiento y montó su fábrica en Pehuajó, dando origen a una línea que hoy se convirtió en el eje central del emprendimiento.

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Los helados de leche de oveja se producen en su propia fábrica ubicada en Pehuajó

La leche de oveja es naturalmente A2, lo que la diferencia de buena parte de la leche de vaca. "La beta caseína A2 no produce alergias y, además, el tipo de glóbulo de grasa que tiene hace que sea de fácil digestión", explica Leslie. Esa característica se traduce en helados más cremosos y livianos, sin necesidad de agregados artificiales. "Te podés comer medio kilo de helado y no te cae pesado", resume.

La leche, aclara, no altera el sabor tradicional. "Es el sabor del helado. Si es frutilla, sabe a frutilla; si es chocolate, a chocolate, sin nada extraño al paladar. Si no les decís que es de leche de oveja, no se dan cuenta", agrega Silvina.

Hoy los helados son el foco principal del emprendimiento. Producen alrededor de 1.500 kilos mensuales en su propia fábrica de Pehuajó, mientras que los quesos —duros, semiduros y el azul— rondan los 600 o 700 kilos por mes.

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El local de Buenos Aires es gestionado por Esteban, el hijo mayor del matrimonio

El precio del helado también forma parte de una definición estratégica: hoy el kilo cuesta alrededor de $22.000. "Es un valor accesible si se tiene en cuenta que es un helado de calidad premium. Decidimos mantener un precio razonable para que más gente pueda probar nuestros helados", explica Leslie.

La estrategia comercial también evolucionó con el tiempo: la idea original era vender el helado envasado a través de terceros, pero la logística y la trazabilidad se volvieron un problema. "Era muy difícil que cuidaran el producto, así que decidimos venderlo nosotros", cuenta Leslie.

Así nacieron las heladerías propias. La primera en Tandil, en una esquina histórica de 1890, y luego, desde hace pocos meses, una en Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires. "Muchos clientes entran atraídos por la estética del lugar y cuando prueban el producto se quedan fascinados por la cremosidad", cuenta Silvina.

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La leche de oveja es naturalmente A2 y aporta cremosidad sin agregados artificiales

Cuando hablamos de Familia Green no hablamos solo de una marca, hablamos literalmente de la familia Green, Leslie, su esposa y sus 5 hijos; todos, acorde a sus edades, participan en el emprendimiento. El local porteño está a cargo de Esteban, el hijo mayor del matrimonio, quien impulsó la llegada de Familia Green a Buenos Aires y hoy gestiona el punto de venta de Recoleta. Inés, que estudia Diseño e Indumentaria, aporta su mirada estética al armado y diseño de las redes sociales, pero también cumple un rol clave puertas adentro: es una gran cocinera, tiene el paladar entrenado y participa activamente en la evaluación de cada sabor nuevo. "Ella prueba, opina y nos ayuda a mejorarlos", cuenta Silvina.

Estefi, de 16 años, colabora en el comercio y en la atención, mientras que las más chicas, las mellizas, son la mirada tierna e infantil que no le puede faltar a una marca de helados. "No les da vergüenza nada: reparten volantes en bicicleta, aparecen en los videos y se enganchan con todo", dice su madre orgullosa y entre risas. "Y además —agrega Leslie— son las catadoras oficiales de la marca."

Lejos de pensar en una expansión agresiva, Familia Green avanza con objetivos claros y medidos. "Hemos considerado abrir franquicias, no lo descartamos, pero ahora queremos que el proyecto sea rentable, mantener la calidad y ser eficientes donde estamos", resume Leslie. Hoy el equipo está compuesto por 12 personas, entre el campo, la fábrica y los locales, además de todo el empleo indirecto que se genera alrededor. "Es un proyecto chico, pero depende de muchas personas", subraya.

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Empezaron con 100 ovejas y hoy trabajan con unas 200 de raza Pampinta desarrollada por el INTA

En un mercado dominado por la leche de vaca, apostar por la leche de ovejas implica educar al consumidor y construir confianza paso a paso. Sin embargo, Familia Green demuestra que, incluso a pequeña escala, es posible innovar y crear productos distintos.

Desde Pehuajó hasta Tandil y Buenos Aires, sus helados y quesos cuentan una historia que desafía prejuicios y amplía el horizonte de lo que una oveja puede ofrecer.

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