Es veterinaria, desarrolló una línea de alimentos congelados para perros y gatos y creó un negocio millonario
Rawer es uno de esos casos donde la vocación, la incomodidad frente al status quo y la decisión de hacer algo distinto confluyen en una historia de negocio con impacto real. Nacido en Mar del Plata, al igual que su fundadora Keila Bezi, el emprendimiento se especializa en alimento natural para mascotas y hoy se posiciona como uno de los referentes locales de la dieta BARF, con producción industrial, expansión geográfica en marcha y una facturación mensual que cerró 2025 en torno a los $65 millones.
Bezi estudiaba Veterinaria en la Universidad de Tandil y trabajaba en atención al cliente en una veterinaria de su ciudad. El contacto cotidiano con tutores y animales enfermos fue el primer disparador y el origen del emprendimiento. "Veía un montón de casos clínicos de perros y gatos con enfermedades crónicas, y eso me hacía mucho ruido", recuerda. A eso se sumó una formación académica que, según cuenta, no abordaba la alimentación natural: "En la facultad no nos enseñaban nada de esto; nos dieron un papel que explicaba cómo elegir el mejor alimento balanceado".
El punto de quiebre llegó tras una discusión con un representante de una de las marcas más reconocidas del mercado. "Le pregunté cómo podía ser que el primer ingrediente de un alimento para carnívoros fuera maíz o gluten. No me supo responder y terminó todo bastante mal", cuenta. Al día siguiente, Bezi renunció a su puesto. "Yo no quería ser parte de eso. Sentí que había algo que podía hacer con mis estudios y mi vocación".
Con el tiempo, Bezi entendió que el problema no era solo un producto puntual, sino el modelo de fondo. Según explica, el objetivo final de muchas marcas ya no estaba puesto en una alimentación sana ni en la salud de los animales, y que buena parte de las veterinarias terminaban funcionando como un engranaje más dentro de ese esquema. "La salud animal dejaba de estar en primer plano. Las mascotas no importaban en serio, eran un medio para un fin", resume. Esa convicción terminó de sellar su decisión de correrse del sistema y buscar una alternativa propia.
Ese compromiso con la salud animal también tiene un origen personal. Bezi cuenta que cuando era más joven atravesó períodos de depresión y que sus perros fueron un sostén emocional decisivo. "Sin ellos no estaría acá", dice, sin rodeos. Esa experiencia marcó su forma de entender el vínculo entre personas y mascotas. "Los perros y los gatos son un apoyo emocional muy importante para las personas", agrega. Desde esa vivencia, explica, se volvió imposible mirar la alimentación animal como un tema menor o puramente comercial.
Una inversión inicial de u$s15.000 y la llegada del socio clave
Tras renunciar a la veterinaria, y casi de inmediato, empezó a formarse por su cuenta, a inscribirse en cursos de alimentación natural —el primero, con el chileno Christian Vergara— y a experimentar algunas recetas. Rawer comenzó literalmente en la cocina de su madre, a fines de 2021, con raciones BARF (Biologically Appropriate Raw Food) congeladas para sus propios perros y un puñado de clientes iniciales.
En esa etapa inicial, el apoyo familiar fue clave. Su madre no solo le prestó el espacio, sino que también aportó el dinero inicial para comprar un freezer, una picadora, una balanza y una primera envasadora al vacío. Incluso el dueño de la cadena Churros Manolo, conocido de la familia, le regaló una máquina mezcladora, que le permitió profesionalizar los primeros lotes.
La inversión inicial rondó los u$s15.000, principalmente en equipamiento. El proyecto tomó un nuevo rumbo en 2022, cuando se sumó su pareja, Eduardo Sanguinetti, con formación en negocios y un MBA en el IAE. Por entonces trabajaba como country manager en Pfizer y decidió renunciar para dedicarse de lleno a Rawer. "Keila estaba en modo investigación, regalaba el alimento. Yo ayudé a convertir eso en un negocio", admite.
La producción fue escalando de forma sostenida: de no llegar a una tonelada anual en 2022 a rozar hoy las 10 toneladas mensuales. Ese crecimiento exigió mudanzas sucesivas hasta que, en septiembre de 2023, Rawer dio su salto más importante: una planta industrial en la zona del puerto de Mar del Plata, habilitada con controles bromatológicos y dirección técnica. "Fue pasar realmente a otra escala", señala Sanguinetti.
Qué es la dieta BARF y por qué es la base del producto
El corazón del producto es la dieta BARF: "Es un alimento crudo biológicamente apropiado que imita el modelo presa que comerían perros y gatos en la naturaleza", explica Bezi. Está formulado a base de carne, vísceras, frutas, verduras, semillas y suplementos, sin ultraprocesados ni conservantes artificiales. "Nuestro único conservante es el congelado", enfatiza.
Rawer formula sus dietas con un software específico para evitar excesos o deficiencias nutricionales. Los cambios, aseguran, son visibles: "Mejoran el pelo, la energía y la masa muscular; incluso la materia fecal es más pequeña y sin olor".
Hoy, el 80% de la facturación proviene de la venta directa, con logística propia y entrega puerta a puerta, una decisión clave dado que se trata de alimento congelado. El 20% restante se canaliza a través de 17 veterinarias y petshops, donde Rawer incluso instala freezers exhibidores en consignación. "El congelado es una barrera de entrada: requiere inversión, frío y control de calidad permanente", explica Sanguinetti.
Expansión geográfica y un board de socios estratégicos
La marca ya opera en Mar del Plata, la Costa Atlántica, CABA y GBA, y planea desembarcar en Rosario durante el primer trimestre del año. En paralelo, se consolidó un board de socios integrado por Lucas Zorraquín, Valentín Demarchi y Juan Cruz Figueira Risso, quienes aportaron capital y know how estratégico. "No queríamos solo plata; necesitábamos cabezas", resume Sanguinetti.
Zorraquín, cliente antes que socio, recuerda un momento clave del acuerdo de accionistas: "Estábamos hablando de números y Keila frenó la charla. Dijo que todo muy lindo, pero que no nos olvidemos de que la visión era la salud de los animales, y que eso tenía que guiar todas las decisiones". Ese norte terminó de sellar el proyecto. "El resto va a acompañar, pero lo primero es hacer las cosas bien", agrega.
En un mercado donde la alimentación natural todavía representa una porción marginal frente al dominio de los grandes molinos de balanceado, Rawer se apoya en un cambio cultural más amplio. La humanización de las mascotas, acelerada durante la pandemia, trasladó a perros y gatos debates que antes eran exclusivos de la mesa familiar: qué comemos, de dónde viene y qué impacto tiene en la salud. "Así como empezamos a cuestionar los ultraprocesados en humanos, ahora pasa lo mismo con las mascotas", reflexiona Sanguinetti.
Con una facturación mensual que cerró 2025 en torno a los $65 millones, de cara a 2026, Rawer proyecta una expansión que podría elevar el número a u$s1 millón anual, junto con el lanzamiento de nuevas líneas de alimento natural para mascotas con patologías específicas: dietas urinarias para gatos y renales y hepáticas para perros. "Es una gran responsabilidad y lo queremos hacer con mucho respaldo científico. Si no está perfecto, no sale", advierte Bezi.
Desde Mar del Plata, con un equipo de diez personas, producción propia y una expansión medida, Rawer apuesta a escalar sin resignar convicciones. Un emprendimiento que nació desde la incomodidad ética y hoy busca demostrar que el alimento natural para mascotas no es una moda, sino un cambio de paradigma posible y sostenible.