Alarma en el agro: empresa acumula deuda multimillonaria y crece la incertidumbre entre los productores
En una de las zonas agrícolas más activas del centro-norte bonaerense, la situación financiera de la empresa Huergo Cereales S.R.L. comenzó a generar una fuerte preocupación entre productores, empleados y operadores del sector.
El acopio, con más de dos décadas de presencia en la región de Chivilcoy, quedó envuelto en una crisis marcada por cheques rechazados, deudas millonarias y una ausencia casi total de información oficial que profundizó la incertidumbre entre quienes mantienen vínculos comerciales o laborales con la firma.
El caso tomó estado público luego de que se conociera que la empresa acumulaba 238 cheques rechazados por falta de fondos, por un monto total que asciende a 1.173 millones de pesos, según registros del Banco Central de la República Argentina.
A ese número se suma un nivel de endeudamiento financiero que supera los $6.000 millones, aunque paradójicamente la firma continúa figurando en situación crediticia "normal" dentro del sistema financiero, un dato que contrasta con la realidad que describen productores y trabajadores en la zona.
Qué es un acopio y por qué su estabilidad es clave para el agro
Para dimensionar el impacto de esta situación, es necesario entender el rol que cumple un acopio dentro del sistema agroindustrial argentino. Estas empresas funcionan como un eslabón central entre la producción primaria y los mercados. Allí los productores entregan su cosecha una vez finalizada la recolección, el grano es pesado, analizado, acondicionado y almacenado, quedando a resguardo hasta que se decide su venta, traslado a la industria o exportación.
Más allá de la infraestructura física de silos, secadoras y plantas de carga, el acopio cumple una función económica decisiva, ya que permite que los productores no deban vender de manera inmediata su producción, facilita la logística regional y, en muchos casos, actúa como intermediario financiero, adelantando pagos o fijando plazos para la cancelación de la mercadería entregada. Cuando ese engranaje se rompe, el impacto se traslada de forma directa a la economía de los productores y a la estabilidad de toda la cadena.
De operador regional a foco de preocupación
Huergo Cereales se había consolidado como un actor relevante en la recepción y comercialización de granos en Chivilcoy y localidades cercanas. Además del acopio, la empresa desarrolló actividades complementarias como la venta de insumos agrícolas, el alquiler de campos y el transporte de mercadería con flota propia. Sin embargo, en las últimas semanas la operatoria comenzó a mostrar signos evidentes de deterioro.
Productores que entregaron trigo y otros granos aseguraron no haber cobrado en los plazos pactados, mientras que otros manifestaron no tener claridad sobre el destino final de su mercadería ni sobre los tiempos de cancelación de las deudas. La falta de comunicación formal por parte de la empresa agravó el clima de desconfianza, en un contexto donde muchos agricultores dependen de esos pagos para afrontar compromisos de la próxima campaña.
Incertidumbre entre productores y empleados
La preocupación no se limita al plano comercial. La situación también golpeó de lleno a los trabajadores de la empresa. La firma llegó a contar con alrededor de 19 empleados entre personal administrativo, camioneros y operarios de planta. A fines del año pasado, uno de ellos presentó su renuncia en medio de demoras en el pago de salarios, y en las últimas semanas el temor a una paralización total de la actividad se extendió entre quienes continúan en funciones.
Según fuentes de la región, durante los primeros días de enero se detectó la ausencia de mercadería en las plantas de acopio, sin que existiera una explicación oficial clara. Esa falta de certezas alimentó versiones y profundizó el malestar interno, tanto entre empleados como entre productores que aún esperan respuestas concretas sobre el futuro de la empresa.
Silencio empresario y definiciones pendientes
Desde el entorno legal de Huergo Cereales evitaron dar precisiones públicas sobre el estado real de la compañía. El abogado que representa a la firma sostuvo ante medios locales que se está llevando adelante un proceso de ordenamiento interno y análisis legal, y que cualquier definición se comunicará por los canales correspondientes. Sin embargo, hasta el momento no se informó un plan de pagos ni una estrategia concreta para resolver los compromisos asumidos.
El perfil societario de la empresa también quedó bajo la lupa. Fundada originalmente por productores de la zona, con el paso de los años y tras el fallecimiento de los socios fundadores, la firma cambió de manos y quedó controlada por dos socios radicados en Chivilcoy, sin antecedentes públicos relevantes en la actividad de acopio. Este dato sumó interrogantes en una región donde el vínculo de confianza entre productores y acopiadores suele construirse a lo largo de décadas.
Un caso que expone fragilidades del sistema
La crisis de Huergo Cereales se da en un contexto más amplio en el que varias empresas del agro argentino enfrentan tensiones financieras, dificultades para cumplir con sus obligaciones y problemas de liquidez. Si bien no se trata de una crisis generalizada del sector, el episodio vuelve a mostrar la vulnerabilidad que se genera cuando uno de los engranajes centrales del sistema productivo entra en conflicto.
En una región donde el agro es motor económico y social, la situación del acopio de Chivilcoy dejó en evidencia que la solidez financiera y la transparencia operativa de estas empresas no solo afectan balances empresariales, sino también el día a día de productores, empleados y comunidades enteras.
Mientras tanto, la incertidumbre sigue siendo el denominador común, a la espera de definiciones que permitan saber si la empresa podrá normalizar su situación o si el conflicto tendrá consecuencias aún mayores para el entramado productivo local.