CRISIS SECTORIAL

No solo por boom importador: costos laborales y presión impositiva llevaron al cierre a una histórica textil

La histórica empresa decidió cerrar sus plantas, en pleno contexto de incertidumbre: apertura de importaciones, caída de consumo y menor competitividad
Por Diego Mañas
NEGOCIOS - 28 de Enero, 2026

La crisis de la industria textil argentina volvió a quedar expuesta con una decisión de fuerte impacto productivo y simbólico. Emilio Alal S.A.C.I.F.I., una pyme con más de cien años de trayectoria industrial, confirmó el cierre definitivo de sus plantas de producción de hilados y telas en Goya, Corrientes, y de hilados en Villa Ángela, Chaco.

Se trata de dos unidades históricas, estrechamente ligadas al desarrollo industrial del norte argentino y a la transformación local del algodón.

Según explicó la empresa en su comunicado oficial, la decisión fue adoptada luego de un prolongado proceso de análisis interno, tras haber agotado las alternativas disponibles para sostener la actividad.

El actual contexto económico y comercial terminó por volver inviable la continuidad de las operaciones, sin perspectivas de mejora en el corto ni en el mediano plazo.

Histórica empresa textil cierra por el contexto económico

Desde la firma fundada en 1914, dejaron en claro que el cierre no responde a una decisión voluntaria ni a una retirada estratégica del negocio. Por el contrario, lo atribuyeron a un escenario que combinó múltiples factores adversos y que terminó erosionando por completo la competitividad de la producción nacional.

Entre las principales causas, la empresa señaló la apertura de importaciones de hilados, telas y prendas de vestir, incluyendo el ingreso de ropa usada. Ese proceso, indicaron, se dio en paralelo con una caída pronunciada del poder adquisitivo, que impactó de lleno en la demanda de productos textiles y deterioró el funcionamiento de toda la cadena comercial.

"Esta situación se ha agravado significativamente en los últimos días debido al profundo deterioro de la cadena de comercialización y cobranzas del sector textil, lo que afectó el flujo financiero de la compañía y limitó su capacidad operativa", explicaron oficialmente desde la empresa.

A ese cuadro se sumaron los elevados costos financieros, laborales y energéticos, la presión impositiva y el atraso cambiario. En conjunto, ese entramado terminó generando una pérdida de competitividad que la empresa no logró compensar, aun manteniendo niveles de eficiencia productiva y estándares de calidad acordes a los mercados internacionales.

Ese quiebre financiero terminó de sellar una decisión que, según remarcaron, fue tomada con pesar y como último recurso frente a un contexto que ya no ofrecía alternativas viables para sostener las plantas en funcionamiento.

Importaciones y presión fiscal: el intento de sostener la industria

Antes de llegar al cierre, la empresa había intentado adaptarse al nuevo escenario. Entre las decisiones más relevantes, se destacó el inicio de la producción de telas, con el objetivo de agregar valor a su tradicional producción de hilados y ampliar su presencia en la cadena textil.

Ese esfuerzo implicó inversiones y una reorganización productiva, que permitió incluso sostener exportaciones a países del continente. Sin embargo, ese cambio no alcanzó para revertir un contexto que siguió deteriorándose, tanto por el frente comercial como por las condiciones macroeconómicas.

Desde la conducción de la empresa admitieron la dureza del momento, pero dejaron una puerta abierta a futuro: "Las máquinas están listas", señalaron, al expresar que la estructura productiva permanece intacta a la espera de un escenario que permita volver a ponerla en marcha.

Impacto social y reconocimiento a los trabajadores

El cierre de las plantas de Goya y Villa Ángela tiene un impacto directo sobre el empleo y sobre economías regionales donde la industria textil cumple un rol central. Desde la empresa subrayaron el peso humano de la decisión y el vínculo construido a lo largo de décadas con sus trabajadores, vital en las comunidades agroindustriales del interior del país.

En ese sentido, expresaron un reconocimiento explícito al personal de ambas plantas, al que definieron como un pilar fundamental del funcionamiento de la compañía, y extendieron el agradecimiento a proveedores y a la comunidad en general por el acompañamiento a lo largo de los años. La medida afecta a 250 empleados entre ambas plantas productivas.

El algodón: una cadena productiva, en crisis

Más allá del cierre industrial, la decisión de Emilio Alal también repercute sobre la cadena algodonera del norte argentino. En Chaco y Corrientes, la producción de algodón continúa siendo un componente central de la matriz productiva regional, tanto por superficie sembrada como por su capacidad de generar empleo directo e indirecto. En la cadena algodonera, todo está estrechamente interconectado.

Tal es así, que las estimaciones agrícolas más recientes indican que la campaña en curso presenta una fuerte caída en el área sembrada, por ende, una menor producción.

De acuerdo a estimaciones oficiales recientes de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, esta campaña algodonera será 25% menor que la anterior, registrando una reducción de 172 mil hectáreas. Es decir, que una de cada cuatro hectáreas que se destinaban al algodón, pasaron a ocuparse con otros cultivos,  en un contexto que ya venía condicionado por variables climáticas y por la evolución de los precios. La menor capacidad de absorción industrial agrega ahora un nuevo factor de incertidumbre para los productores.

Sin industria textil activa en la región, se debilita la posibilidad de agregar valor en origen y se refuerza una lógica más primarizada, con mayores dificultades para capturar renta dentro del país.

La industria nacional, en suspenso

A pesar de las adversidades, Emilio Alal reafirmó su convicción sobre la importancia de la industria nacional y expresó su expectativa de que, a través del diálogo y de un cambio en las condiciones económicas, puedan reconstruirse las bases para la recuperación del entramado productivo y del empleo.

Por ahora, la realidad es concreta, y se compone de una empresa centenaria obligada a cerrar dos de sus plantas, cientos de puestos de trabajo afectados y una nueva señal de alerta sobre la profundidad de la crisis textil argentina, con consecuencias que exceden a una firma y alcanzan a toda una cadena productiva del norte del país.

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