EMPRENDEDORES

Son hermanos, arrancaron vendiendo buzos online y ahora van al New York Fashion Week

Sin fábrica propia y con una comunidad fiel, Casaclan vende 24.000 prendas al año y prepara su debut en la New York Fashion Week
Por Laura Andahazi Kasnya
NEGOCIOS - 01 de Febrero, 2026

El emprendimiento empezó como una excusa para no dejar de verse. Hoy es Casaclan, una marca de indumentaria streetwear creada por los tres hermanos Szpigiel —Micaela (30), Sol (27) e Ilan (22)— que nació en 2022 con apenas cuatro buzos estampados en una mercería de La Boca.

Desde entonces, la marca creció hasta vender unas 24.000 prendas por año y acaba de ser convocada para presentarse en la New York Fashion Week, uno de los eventos más importantes del calendario internacional de la moda, un hito que todavía les cuesta dimensionar.

Detrás del emprendimiento hay una historia familiar que explica mucho más que su estrategia de negocios. Los Szpigiel pasaron parte de su infancia viviendo en Israel, lejos de la familia extendida que había quedado en Buenos Aires. "Eso nos marcó mucho. No teníamos primos ni tíos cerca. Éramos nosotros tres con nuestros viejos, y nos apoyábamos entre nosotros para todo", recuerda Sol. Esa lógica de núcleo cerrado, de clan, fue la que años más tarde terminaría dándole nombre a la marca.

Casaclan no surgió por pasión por la indumentaria ni por una necesidad económica. Nació, más bien, como excusa para volver a compartir tiempo juntos. "Nos dimos cuenta de que ya no coincidíamos tanto como antes. Cada uno estaba en la suya, estudiando, trabajando, y dijimos: 'Che, ¿qué podemos hacer para compartir de nuevo?'", cuenta Micaela, la mayor de los tres. La respuesta fue ropa, pero, admiten, podría haber cualquier otra cosa: "Podrían haber sido alfajores. Lo importante era tener un proyecto que al menos una vez a la semana nos obligara a juntarnos, pensar, discutir y construir en común".

Lo cierto es que el mundo textil les era tan ajeno. Su padre había tenido una fábrica de corbatas y el hacer estaba presente en la casa. Micaela había comenzado a estudiar diseño de indumentaria antes de pasarse a administración de empresas; Sol se formó en marketing y organización de eventos; Ilan también estudió administración. Ninguno imaginaba una marca de moda a gran escala, pero todos compartían la idea de construir algo propio.

Con unos u$s200 que tenían ahorrados, compraron cuatro buzos lisos —negro y blanco— y los mandaron a estampar. Después vinieron diez. "No teníamos plata para invertir, así que la única forma era vender primero", explican.

Así nació el sistema que los sostuvo durante los primeros meses: preventa pura. Vendían las prendas, aclaraban que la entrega sería tres semanas después y con ese dinero financiaban la producción siguiente. "Era la única manera de arrancar. Cada tanda se pagaba con la anterior", recuerda Ilan. Respondían uno por uno los mensajes, armaban pedidos de noche, muchas veces con ayuda de parejas y amigos, y la paciencia del cliente era parte del pacto implícito.

Durante los primeros años, Casaclan fue una marca sin fábrica, sin empleados y sin estructura formal. Recién en 2023 apareció un punto de inflexión: un tallerista aceptó producir para ellos sin exigir grandes volúmenes. "Fue el único que nos dijo que sí cuando todos nos pedían cantidades imposibles. Por eso le decimos el tallerista angelado", cuenta Sol. A partir de ese vínculo, empezaron a intervenir en todo el proceso productivo: desde el diseño hasta la elección de telas, moldería, calces y terminaciones.

3 talleres y más de 24.000 prendas por año

El crecimiento de Casaclan fue sostenido y, sobre todo, orgánico. Hoy vende unas 24.000 prendas por año y combina venta directa con canal mayorista. "El negocio está bastante equilibrado: 50% venta online y showroom, 50% locales multimarca", explica Ilan. La marca está presente en cerca de 60 tiendas de todo el país y terceriza la producción en tres talleres en simultáneo, una decisión que les permite crecer sin estructuras pesadas y conservar flexibilidad.

El proyecto surgió como una excusa para que los hermanos Szpigiel no dejaran de verse nunca

El showroom funciona en Villa Crespo, en lo que durante años fue la casa familiar. "Primero el depósito fue mi habitación, cuando me fui a vivir sola", cuenta Micaela. Poco después, cuando Sol también se independizó, su cuarto pasó a cumplir la misma función.

El problema llegó cuando ya no quedaban más habitaciones para ocupar y las cajas avanzaron sobre el living y la cocina. "Literalmente comíamos entre cajas", recuerdan.

Fue entonces cuando apareció otro gesto clave de la historia familiar. Sus padres decidieron mudarse. "Nos dijeron: nos vamos nosotros, sigan pagando el alquiler y hagan de esta casa una empresa", cuentan. Ese momento marcó un antes y un después y la casa se convirtió oficialmente en showroom, oficina y base operativa de Casaclan.

Ni fast fashion ni precios imposibles

Las prendas mantienen precios accesibles dentro del segmento: remeras desde $39.900, buzos desde $65.590, además de pantalones, camisas, shorts y camperas. No compiten por precio ni se suman al fast fashion. Su diferencial está en otra parte. "La gente no nos elige solo por la prenda. Nos elige por la historia, por la filosofía, por sentir que es parte de algo", explican. Por eso cada lanzamiento es una cápsula mensual, limitada y sin reposición.

Hoy Casaclan terceriza su producción en tres talleres y controla diseño, calidad y procesos creativo

En ese esquema aparece la mesa chica. Así llaman a su núcleo más fiel de clientes, unas 2.000 a 3.000 personas que siguen la marca de cerca y forman parte de una comunidad activa, identificada como mejores amigos en Instagram. "Son los que están desde el principio, los que entienden la marca y la acompañan", cuentan.

La mesa chica no solo compra: participa. Accede al detrás de escena, ve procesos productivos, opina sobre prendas o diseños y, en algunos casos, influye en decisiones. "Nos sirve muchísimo para testear ideas y entender qué está buscando nuestra comunidad", explica Micaela. Por su fidelidad, también reciben beneficios especiales, como descuentos puntuales o acceso anticipado a las colecciones antes de que salgan a la venta general.

Pero hay otro valor que ordena todo el negocio y es la fraternidad elevada a principio rector. Ese principio se resume en el lema de la marca: "First brothers, 2nd any sh#t". No es una frase marketinera, sino una regla interna. "La única manera de trabajar juntos es tener siempre presente que los hermanos vienen antes que cualquier cosa", explican. Y van más lejos: "Si el negocio algún día nos separa, lo cerramos. Toda la idea de esto es compartir y estar juntos".

La referencia al Martín Fierro aparece casi de manera natural: una versión moderna de "Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera."

El lema 'First brothers' resume un negocio donde la fraternidad es el principal principio rector

El reparto de roles, la confianza y la delegación son claves para sostener el crecimiento. "Confiar en la capacidad del otro es fundamental. Los problemas crecen cuando el negocio crece, pero no pueden ser de vida o muerte", reflexiona Sol.

Buenos Aires to New York

El episodio que corona el recorrido ocurrió en octubre pasado, cuando recibieron la convocatoria para participar de la New York Fashion Week. Todo empezó con un mensaje perdido en Instagram, otro por WhatsApp semanas después y un link a una reunión por Zoom. "Mi reacción fue: no toquen el link, es una estafa, nos van a vaciar todo", recuerda Micaela entre risas. Ilan, más impulsivo, insistió en entrar. Cuando se conectaron, entendieron que era real: una productora asociada a la New York Fashion Week los estaba convocando para participar en la sección Made in Argentina, dedicada a marcas emergentes influyentes de distintos países.

La propuesta implicaba presentar 10 looks completos, diseñar una cápsula especial, viajar a Nueva York y contar la historia de Casaclan en una pasarela internacional. El viaje está previsto para febrero y el desfile será el 15, con casting, fittings y soundtrack propio.

A pesar del impacto, insisten en mantener los pies sobre la tierra. La Fashion Week es una vidriera enorme, pero no cambia el plan de fondo. "Seguimos pensándonos como una startup. Queremos crecer, pero sin romper lo que somos", explica Ilan. Primero consolidarse en Argentina; luego, dice, podrán pensar en exportar a la región. La idea de una fábrica propia está en el horizonte, pero sin fecha en calendario.

La invitación a la New York Fashion Week llegó por IGy al principio pensaron que era una estafa

Cuatro años después de aquellos primeros buzos lisos estampados en una mercería de La Boca, Casaclan sigue siendo, ante todo, un emprendimiento construido para compartir. Un proyecto donde la indumentaria funciona como excusa para algo más profundo: seguir eligiéndose como hermanos y, ahora también, como socios.

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