Cerró definitivamente la planta que producía yogures y flanes marca SanCor
Las plantas lácteas gestionadas por la venezolana Maralac S.A. cerraron de manera definitiva tras la declaración de quiebra de las firmas que operaban. La medida afecta tanto a las instalaciones de Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA) como a La Suipachense y deja a unos 520 trabajadores sin empleo.
Cierre de ARSA y fin de la producción bajo licencia de SanCor
ARSA bajó las persianas de sus plantas en Lincoln (Buenos Aires) y Monte Cristo (Córdoba) luego de que en noviembre de 2025 se decretara su quiebra judicial. La decisión fue confirmada por la Justicia tras el fracaso del concurso preventivo iniciado en abril de 2024.
La resolución fue firmada por el juez Federico Güerri, a cargo del Juzgado Comercial 29, quien dispuso la liquidación total de la compañía, la inhibición general de bienes y el embargo de fondos. El magistrado señaló que "no se inscribió ningún interesado en el registro abierto a los fines del salvataje de la concursada", lo que dejó sin alternativas de rescate a la empresa.
ARSA elaboraba productos bajo licencia de SanCor, entre ellos yogures y postres como Yogs, Vida, Shimy, Sancorito, Sublime y Primeros Sabores. El cierre implica la desaparición de estas marcas del segmento de refrigerados.
En total, la clausura de las plantas deja sin trabajo a unos 180 empleados en Buenos Aires y 200 en Córdoba. Las instalaciones estaban dedicadas a la producción de yogures, flanes y postres refrigerados.
La empresa había nacido en 2016 para adquirir la división de productos refrigerados de SanCor, en una operación encabezada por un holding vinculado al grupo agroindustrial Vicentin por cerca de u$s100 millones, con la promesa de modernización y expansión. Hace tres años, la gestión pasó a manos de Maralac S.A.
El derrumbe financiero de ARSA fue paulatino. Los problemas de liquidez y la falta de aportes de los socios mayoritarios derivaron en deudas crecientes con proveedores, transportistas y trabajadores. En 2023 comenzaron los primeros atrasos salariales y las suspensiones. Luego vinieron los cortes de energía por falta de pago y la paralización total de la producción.
A lo largo del proceso, las autoridades empresarias evitaron pronunciarse públicamente. Los intentos de reactivación impulsados por los empleados no prosperaron, y las gestiones ante el Gobierno provincial y nacional tampoco arrojaron resultados concretos. En los últimos meses, los trabajadores permanecieron en la planta para custodiar maquinarias y materias primas, ante el riesgo de desmantelamiento.
La quiebra de La Suipachense
El escenario fue similar para La Suipachense, también administrada por Maralac a través de Lácteos Conosur S.A., cuya quiebra fue decretada en noviembre por el juez Leandro Julio Enríquez, del Juzgado Civil y Comercial N° 7 de Mercedes.
En este caso, la Justicia resolvió avanzar directamente hacia la etapa de liquidación. Se ordenó la inhibición general de bienes de la compañía y del empresario venezolano Jorge Luis Borges León, responsable de la administración.
En la firma trabajaban unas 140 personas, que se suman a los empleados afectados por el cierre de ARSA. La Suipachense, con 70 años de historia, había atravesado un fuerte deterioro productivo: pasó de procesar 250.000 litros diarios de leche a 40.000, hasta quedar paralizada.
Durante el proceso hubo momentos de alta tensión en Suipacha, donde los trabajadores llegaron a ocupar el predio en reclamo de salarios y aguinaldos adeudados.