Gigantes en guardia: cómo las líderes alimenticias redefinen su estrategia este año
Mientras los últimos balances reflejan una presión creciente sobre los márgenes operativos, las tres compañías líderes del sector alimenticio ajustan sus estructuras de costos para blindar su rentabilidad.
Se trata de Arcor, Mastellone Hnos. y Molinos Río de la Plata, que en el sector alimenticio bautizaron como el "tridente de hierro" de la industria argentina.
Las tres coinciden en sus estrategias para este 2026, con las que buscan equilibrar sus deudas y proyecciones de negocios en un año donde la eficiencia financiera es la única garantía de supervivencia.
Ocurre que, ante la caída en los volúmenes de venta y el avance de las segundas marcas, los tres grupos han activado planes de contingencia que van desde lanzamientos de formatos económicos hasta una agresiva estrategia de promociones en puntos de venta.
Es decir, entre la necesidad de trasladar costos a precios y el techo que impone la demanda, las dueñas de las marcas más icónicas del país recalculan su lugar en un carrito de compras cada vez más selectivo.
Molinos Río de la Plata, Arcor y Mastellone enfrentan hoy un triple desafío: la suba de insumos clave, la apertura de importaciones en sectores estratégicos y un consumo interno que no termina de despegar.
Se puede decir que las tres naves insignia del sector alimenticio argentino atraviesan un ciclo de "rentabilidad bajo presión", con ventas que no logran despegar y márgenes absorbidos por costos que corren sobre la inflación.
El patrón común que muestran los balances de las tres compañías
Así surge de analizar los balances presentados por las compañías ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), durante las últimas semanas.
En todos los casos, los documentos confirman un patrón común: ventas que no logran despegar, márgenes absorbidos por costos que corren sobre la inflación y un mercado interno que se consolidó como el principal límite para el crecimiento.
Por ejemplo, las finanzas de Mastellone Hnos. siguen atravesando períodos de fuerte inestabilidad al punto que en los últimos dos años, la principal empresa láctea de la Argentina acumula un rojo cercano a los $100.000 millones.
En el balance finalizado el 31 de diciembre de 2024, las pérdidas se situaron en los $50.761 millones, mientras que en el 2025 mostraron una pequeña disminución al posicionarse en los $44.994 millones.
La última vez que la dueña de la marca La Serenísima ganó dinero fue en el 2023, cuando su balance dio positivo en $57.172 millones, resultado que no pudo sostener en los años siguientes a pesar de que nunca dejó de generar millonarios ingresos con su operación diaria (vender leche).
A pesar de que sus exportaciones crecieron y le aportaron oxígeno a sus cifras, el 70% de sus ventas dependen del consumo doméstico.
La empresa señaló que la recuperación del poder adquisitivo de la clase media es demasiado lenta para mover la aguja de sus resultados.
Por eso, encara el 2026 con el desafío de refinanciar una deuda contraída con la emisión de una serie de Obligaciones Negociables (ON), de u$s110,9 millones que pasó a pasivo corriente, en un contexto donde el crédito sigue siendo caro.
La realidad dual que vive Arcor con su desempeño operativo
En el caso del Grupo Arcor, la multinacional de la familia Pagani históricamente ha funcionado como el termómetro de la industria.
Arrancó el 2026 con una realidad dual: un sólido desempeño operativo y estratégico frente a un contexto macroeconómico que golpea con dureza el consumo masivo y sus propios resultados financieros.
Si bien el grupo cordobés fundado por la familia Pagani terminó el 2025 con un resultado positivo de $115.188 millones, cifra que representa una estrepitosa caída de $291.225 millones contra la ganancia de $406.413 millones del 2024.
No solo cayó el volumen de ventas en el mercado doméstico, sino que el frente financiero fue el mayor lastre, con pérdidas cercanas a los $98.000 millones producto de la volatilidad cambiaria y las tasas.
La estrategia para 2026 pasa por un plan de endeudamiento en el mercado de capitales para asegurar liquidez y refinanciar pasivos, además de ratificar su objetivo de tomar el control total de Mastellone Hnos. junto a Danone, una operación que podría definirse este año.
El consumo negativo que arrastra a Molinos Río de la Plata
Por su parte, Molinos Río de la Plata, la alimenticia del Grupo Perez Companc, presenta un escenario similar al del resto de los grandes grupos de esta industria.
Es más, esa situación se está confirmando en estos primeros meses del 2026, cuando el consumo masivo en supermercados y comercios de cercanía sigue en terreno negativo.
En este escenario, los balances financieros de la empresa reflejan el duro impacto de la contracción del consumo interno.
El cierre del ejercicio 2025 dejó una huella profunda en sus estados contables ya que, según el balance de ese año, acumuló saldos negativos significativos, con una pérdida de $40.713 millones que contrasta con la ganancia de $42.999 millones del 2024.
Molinos admitió que, aunque logró sostener cierta participación de mercado, lo hizo a costa de rentabilidad.
El desfasaje entre el aumento de sus insumos y el precio en góndola (limitado por el bolsillo del consumidor) hizo que el resultado operativo fuera negativo.
El segmento de vinos tampoco dio respiro, con caídas tanto en el mercado local como en el externo, evidenciando que el recorte del gasto llegó incluso a los segmentos de consumo recreativo.
Refinanciación constante y manejo quirúrgico de las deudas en dólares
Teniendo en cuenta los balances y los planes de supervivencia que adoptarán los tres grupos para este año, el panorama no sería diferente al que los expertos definen como una "doble tenaza".
Un escenario que las obliga a llevar a cabo un manejo quirúrgico de deudas en dólares y la presión inédita de una góndola cada vez más poblada de productos importados con beneficios fiscales.
Las tres compañías mantienen una estrategia de refinanciación constante para evitar tensiones de liquidez, aprovechando la reapertura gradual del mercado de capitales local e internacional.
La dueña de La Serenísima es la que enfrenta el escenario más ajustado, con el foco puesto en el 30 de junio próximo, fecha de vencimiento de su Obligación Negociable (ON) Clase G por aproximadamente u$s111 millones (con cupón del 10,95%).
La empresa busca canjear estos títulos para estirar plazos, dado que su ratio de liquidez se ha visto presionado por el rojo operativo del último año.
En cuanto a Arcor, mantiene una solvencia superior, pero no deja de moverse si se tiene en cuenta que en febrero pasado salió al mercado para emitir una nueva serie de ONs por $80.000 millones destinada a capital de trabajo y refinanciación de pasivos de corto plazo.
Además, monitorea su ON Clase 18 (u$s) con vencimiento final en 2027, la cual amortiza en cuotas semestrales que exigen una generación constante de divisas.
En tanto, Molinos Río de la Plata tiene un perfil de endeudamiento mayoritariamente en pesos, lo que le permite mayor flexibilidad mediante el mercado local.
Su estrategia actual es la recompra de deuda propia y el aprovechamiento de tasas reales negativas en ciertos tramos del mercado para licuar pasivos financieros mientras espera el repunte del consumo.
Cambio drástico por la apertura de importaciones que obliga a competir
Pero además de la mirada financiera, las tres empresas deben enfrentar la apertura de las importaciones que las obliga a sostener una mayor competencia con alimentos extranjeros en las góndolas, en un contexto de fuerte derrumbe del consumo.
El Gobierno ha prorrogado hasta el 30 de junio próximo la quita de impuestos (IVA adicional y Ganancias) para la importación de alimentos de la canasta básica.
Esto ha generado un cambio drástico en el ecosistema donde compiten los gigantes locales con un impacto directo en cuanto a la sustitución de productos finales.
Las importaciones de alimentos crecieron un 77% interanual a inicios de este 2026 con productos como café, pastas secas de origen italiano, atún y lácteos uruguayos y brasileños que están ganando share por precio o por percepción de calidad frente a las primeras marcas locales.
En este caso, Arcor, Molinos y Mastellone no solo compiten contra las "segundas marcas" nacionales, sino contra productos globales que entran con costos impositivos aliviados.
Esto les impide trasladar la totalidad de sus aumentos de costos a los precios finales, profundizando el rojo en sus balances.
Avanzada diferencial según el rubro que más golpea a las empresas locales
De todos modos, el avance no es uniforme, sino que se concentra donde la diferencia de costos es abismal o donde la marca extranjera aporta un valor de "novedad".
El rubro galletitas es el sector más agresivo con, por ejemplo, el regreso de las marcas danesas (latas azules de Jacobsen o Dan Cake) y las brasileñas (como Coquetel), que están golpeando el segmento de media y alta gama.
En algunos casos, galletitas de agua nacionales han registrado precios superiores a opciones importadas del Mercosur debido al costo logístico interno.
En cuanto a los lácteos, la entrada de productos de Conaprole (Uruguay) en quesos y mantecas ha forzado a Mastellone a ser mucho más agresivo con sus promociones de "segunda unidad".
Por su parte, en conservas y almacén, la brecha es de precio, teniendo en cuenta que pastas secas y puré de tomate italianos se consiguen en cadenas como Jumbo o Coto a precios que, en ocasiones, son un 20% a 30% menores que las primeras marcas nacionales (como Molinos), beneficiados por la quita temporal de IVA y Ganancias.
El escenario marca un conflicto de opiniones entre el Gobierno que sostiene que la competencia ayuda a contener la inflación, y las cámaras empresarias como la UIA y los grandes jugadores, que advierten sobre el "costo argentino" (energía, logística y carga impositiva interna) que los deja en desventaja frente a los importados.
Se trata de una situación que, al inicio de 2026, no muestra señales claras de rebote, con un fuerte crecimiento del ingreso de alimentos del exterior y con un consumo masivo en supermercados que cayó un 1,5% interanual en enero pasado.
Para las tres grandes del sector, el objetivo del año ya no es la expansión agresiva, sino la supervivencia de los márgenes y la renegociación de pasivos mientras esperan que el salario real comience a ganarle a la góndola.
Las estrategias concretas que implementan para sobrevivir en 2026
A modo de ejemplo, se puede citar la estrategia de Arcor para enfrentar este escenario dual que se basa en profundizar la eficiencia operativa y productiva, con inversiones industriales orientadas a ampliar capacidades, mejorar productividad y acompañar el desarrollo de nuevos productos y formatos.
También, en un plan de diversificación geográfica, que sigue siendo un factor clave para atenuar impactos negativos a nivel local, permitiendo compensar desempeños dispares entre mercados.
Asimismo, el grupo anticipa que continuará con su política de priorizar la liquidez, mantener una gestión eficiente del capital de trabajo y una estructura de financiamiento sólida.
El objetivo está puesto en "asegurar el cumplimiento de nuestras obligaciones, sostener el crecimiento de las operaciones y concretar nuevos proyectos de inversión orientados a la expansión sostenida de nuestras actividades".
El plan se apalanca en privilegiar la generación de caja, mantener niveles de liquidez adecuados y un sólido perfil de vencimientos de la deuda, buscando optimizar los costos de financiamiento.
En el mismo sentido, desde Molinos aseguran haber respondido "de manera activa", profundizando y acelerando la implementación de sus programas de eficiencia en costos y gastos.
El objetivo es poder redefinir el posicionamiento de precios en todas sus marcas con el objetivo de garantizar la máxima accesibilidad posible para los consumidores en cada una de las categorías en las que participa.
Ante este escenario más competitivo, la estrategia también se centró en aumentar los niveles de eficiencia operativa como eje fundamental que permita el crecimiento y la generación de valor.
Del mismo modo, Molinos definió una nueva segmentación de sus negocios y marcas, alineada con la estrategia corporativa y basada sobre el nivel de fortaleza competitiva en cada categoría.
En cuanto a Mastellone, el desafío pasará por mantener la gestión del pasivo financiero, que fue prioritaria durante el año pasado con una deuda financiera total en el rango de los u$s190 millones.
Para este año, la compañía prevé una mejora climática que impulsará la producción primaria de leche.
El desafío seguirá siendo la recuperación del margen de rentabilidad neta, supeditada a un rebote del consumo masivo en las góndolas locales.
Por otro lado, un factor determinante del clima corporativo se evidencia en el estancamiento en la venta del 51% de su capital a una sociedad formada por el Grupo Arcor y la multinacional francesa Danone.