Frigorífico del creador de las hamburguesas Paty se presentó en concurso por deuda de más de $40.000 M
Frigorífico General Pico, una de las firmas históricas de la industria cárnica argentina y vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores y pasó a integrar la lista de compañías que en lo que va del año terminaron judicializando su crisis financiera para intentar reordenar pasivos y preservar la continuidad operativa.
La decisión fue comunicada este 31 de marzo por sus directivos, Ernesto "Tito" Lowenstein y Alan Lowenstein, luego de varios meses en los que la empresa intentó sostenerse con actividad mínima, suspensión de personal y la búsqueda de una salida empresaria para evitar un deterioro mayor. En ese recorrido, la firma exploró distintas alternativas, entre ellas la posibilidad de vender el frigorífico, ceder la explotación de la planta o avanzar con algún esquema de alquiler de largo plazo, pero ninguna terminó de cerrarse.
El deterioro financiero que empujó esa decisión quedó reflejado en los registros de deudores del BCRA. Según la actualización al cierre de marzo, la compañía acumula 1.152 cheques rechazados por un total de poco más de $15.800 millones, mientras que su deuda bancaria asciende a alrededor de $24.300 millones.
Dentro de ese pasivo financiero, unos $2.500 millones figuran en situación 2, es decir, con seguimiento especial, y otros $16.100 millones aparecen en situación 3, la categoría que el sistema financiero asigna a deudores con problemas de cumplimiento. Sólo entre esos dos grandes rubros, la empresa ya exhibe compromisos por más de $40.000 millones, sin contar otras obligaciones comerciales, laborales y financieras.
La foto actual muestra un agravamiento claro frente a la que exhibía la firma apenas dos meses atrás. En enero, Frigorífico Pico ya cargaba con una deuda bancaria de $22.771 millones, más de 1.000 cheques rechazados por casi $11.700 millones y pagarés emitidos en el Mercado Argentino de Valores por otros $1.770 millones, con vencimientos concentrados en el segundo trimestre. En ese momento, además, el sistema financiero todavía la ubicaba bajo seguimiento especial. Ahora, una parte relevante del pasivo ya pasó directamente a la categoría de deudores con problemas.
La sociedad se dedica a la producción y al desarrollo de mercados locales e internacionales de carne vacuna, menudencias y subproductos, y toda esa operatoria se apoya en sus dos plantas frigoríficas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico.
De una planta de escala a una operación mínima
La crisis financiera vino acompañada por un derrumbe operativo y laboral que ya se había vuelto inocultable desde comienzos de año. En enero, la compañía había suspendido a unos 450 trabajadores y prácticamente frenado la actividad en sus plantas, que quedaron reducidas a una guardia mínima de mantenimiento.
El contraste con su capacidad reciente es fuerte. Hasta hace dos años, Frigorífico General Pico faenaba alrededor de 600 cabezas diarias, con planes de escalar a 800. Incluso durante el año pasado todavía había procesado más de 96.000 animales, pero la falta de liquidez, el peso del endeudamiento y la pérdida de ritmo comercial terminaron por desarmar esa estructura.
La faena se desplomó luego a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen incompatible con los costos fijos de una planta de ese tamaño. En paralelo, se retiraron incluso los equipos de faena kosher, una unidad clave para la exportación a Israel, lo que terminó de mostrar hasta qué punto se había deteriorado la operación.
A ese cuadro se sumó el frente laboral. La empresa ya arrastraba aportes previsionales y de obra social impagos desde octubre del año pasado, mientras intentaba amortiguar el conflicto con el pago de una suma fija mensual y la entrega de carne. Pero con el correr de las semanas la situación se agravó todavía más y la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros 400 quedaron sujetos a la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y el eventual cobro de salarios e indemnizaciones.
Venta, alquiler y una salida que no llegó
Antes de presentarse en concurso, los dueños de la compañía venían buscando una alternativa que permitiera sostener el activo industrial sin avanzar hacia una liquidación. En ese marco, la planta de Trenel aparecía como el principal activo a preservar dentro de una estructura que, aun deteriorada, conserva valor por escala, habilitaciones y ubicación.
Sobre la mesa hubo distintas variantes: desde una venta total del frigorífico hasta la posibilidad de que un tercero tomara la explotación de la planta bajo otro esquema. En las últimas semanas, además, la propia empresa había dejado trascender que mantenía conversaciones con un grupo empresario de origen europeo, al que definía como uno de los actores con interés en participar de una solución para la continuidad operativa.
Ese interés, sin embargo, nunca terminó de traducirse en una salida concreta. Según explicó la compañía en su comunicación más reciente, las tratativas no avanzaron lo suficiente como para cerrar una operación y, en paralelo, siguió creciendo la presión de acreedores financieros y no bancarios.
En el propio comunicado, la empresa señaló que se analizaron alternativas para sostener la planta, entre ellas "propuestas de terceros que contemplaban esquemas de explotación de la planta en el largo plazo", incluida una opción "cercana a los u$s40 millones mediante un esquema de leasing a ocho años". Ninguna prosperó.
También apuntó contra "un determinado grupo financiero que reviste simultáneamente la condición de accionista y acreedor", al que acusó de haber "obstaculizado de manera reiterada las distintas alternativas presentadas por la empresa para asegurar la continuidad de la operación", al priorizar "el recupero de su crédito y contrariando el interés social".
En ese contexto, el concurso aparece ahora como la herramienta para ordenar acreencias, frenar el deterioro y ganar tiempo. No se trata de un dato menor en un sector que ya viene golpeado por consumo interno deprimido, caída de exportaciones, menor dinamismo de China, hacienda cara y costos fijos elevados, una combinación que dejó particularmente expuestas a las plantas más endeudadas.
Pese al cuadro crítico, Frigorífico General Pico intenta sostener un argumento central: que todavía conserva valor industrial y potencial de continuidad. En su comunicado, la empresa remarcó que cuenta con "activos productivos relevantes, inversiones recientes y habilitaciones internacionales", y sostuvo que la planta de Trenel mantiene "un importante potencial operativo y comercial". También aseguró que continuará trabajando para "reactivar en el corto plazo la operación y preservar las fuentes de trabajo".
La incógnita ahora es si ese paraguas judicial servirá para facilitar una salida empresaria para una de las plantas históricas del negocio cárnico pampeano o si terminará administrando una crisis que ya dejó suspensión de personal, despidos, deuda creciente y una cadena regional cada vez más golpeada.