Crisis de las carnes: por qué caen Granja Tres Arroyos, Euro, Bernasconi y el creador de hamburguesas Paty
Sumido en una crisis que no ha dejado de profundizarse sobre todo en los últimos dos años, el sector de la producción de carnes inició 2026 con complicaciones que mantienen en riesgo de extinción a un pelotón de nombres comerciales por demás relevantes. Cierre de plantas, despidos, menor producción, conflictividad laboral, endeudamiento, son aspectos que se han vuelto común para numerosos protagonistas del negocio vacuno, aviar y porcino. Tan sólo en las últimas semanas, Granja Tres Arroyos y los frigoríficos Euro, Bernasconi y Pico, propiedad de Ernesto "Tito" Lowenstein, el creador de las hamburguesas Paty y el complejo turístico Las Leñas, dan cuenta de un declive que se extiende cada vez más en sus respectivos rubros. La caída del consumo doméstico, combinada con la merma en las exportaciones y un ingreso irrestricto de productos importados, además del alza de costos laborales, se alinean como las principales variables que permiten explicar este estado de situación dramático.
Una de las firmas que más viene exponiendo la crisis que atraviesa la producción de carnes en la Argentina es, sin dudas, Granja Tres Arroyos, considerada la principal avícola nacional. La semana pasada, cerca de 300 trabajadores de su planta en Pilar realizaron paros intermitentes ante la falta de pago de salarios y de una parte del aguinaldo correspondiente a diciembre.
Granja Tres Arroyos, un ejemplo de derrumbe estrepitoso
La compañía viene de cerrar diciembre con la desactivación de Becar, una de sus plantas clave en Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, y lo que siguió fue el desmantelamiento total de esas instalaciones con movimiento de equipo y maquinaria incluido.
La firma informó que concentraría operaciones en La China, cercana a la planta anterior, y que allí integraría a los exempleados de Becar y avanzaría con la normalización de las labores y el pago de haberes. Pero lo cierto es que ocurrió lo contrario: Granja Tres Arroyos no cubrió quincenas ni aguinaldos. Y a la par se activaron versiones de que las instalaciones de La China podrían cerrar, lo cual implicaría la pérdida de al menos 700 empleos.
Representantes de los empleados de la avícola señalaron que los inconvenientes persisten luego de "un 2025 con varios conflictos, problemas de producción y el procedimientos preventivo de crisis" que enfrenta la compañía.
"Veníamos dentro de todo con la gente tratando de mantener la fuente de trabajo. Nosotros pertenecíamos al frigorífico Becar, pegado a la planta de La China. Ahora nos unieron, nos pasaron a La China tras el cierre de Becar. Recortaron 450 empleos en ese cambio", declaró al respecto Sergio Vereda, vocero del Sindicato de la Carne de Concepción del Uruguay.
Con relación a las causas detrás de este mal momento que atraviesa la compañía, se señala que Granja Tres Arroyos comenzó a operar en rojo tras la caída de las exportaciones a China producto de los brotes de gripe aviar de 2023. Eso implicó la pérdida de un negocio del orden de los 160 millones de dólares.
En agosto del año pasado, Argentina volvió a suspender sus exportaciones de pollos luego de que se detectara un caso de influenza aviar altamente patógena (IAAP) H5 en Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires.
A raíz de la merma comercial ligada a estas medidas, el volumen de exportaciones de la firma se redujo de 25 a 33 por ciento. Dicho resultado comenzó a afectar el funcionamiento de la estructura comercial de la empresa. A raíz de eso, el año pasado la avícola cerró instalaciones en Tristán Suárez, en la provincia de Buenos Aires, que antes había comprado a su excompetidora Cresta Roja.
En el rubro avícola se multiplican las voces que señalan que Granja Tres Arroyos podría vender sus operaciones a Tyson Foods, aunque en las últimas semanas la posibilidad pareció enfriarse. Se trata de una firma norteamericana que desde noviembre de 2022 ya controla el 34% de las acciones de la avícola argentina.
El drama de los frigoríficos vacunos
Por el lado de la producción de carne vacuna, el caso dramático más reciente corresponde al derrumbe del negocio del frigorífico Pico, propiedad de Ernesto "Tito" Lowenstein, el creador de las hamburguesas Paty y el complejo turístico Las Leñas.
Pico funciona en la localidad de Trenel y, según declaró Horacio Lorenzo, jefe comunal en ese distrito pampeano, suman 450 los empleados suspendidos y la compañía de Lowenstein debe varios meses a los productores de hacienda de esa zona y la cercana Eduardo Castex.
La empresa acumula deudas por más de $30.000 millones y sólo con el Banco de La Pampa mantiene obligaciones impagas por 9.000 millones. Además, datos del Banco Central (BCRA) exponen que la empresa acumula más de 1.000 cheques rechazados.
El establecimiento pampeano pasó de faenar alrededor de 600 vacunos por día a apenas 50, un derrumbe que refleja el delicado presente del sector cárnico. La situación se agravó por la fuerte retracción de las exportaciones, especialmente hacia China, principal destino de la carne argentina.
La misma variable viene complicando la situación en otras firmas del nicho como Euro y Bernasconi.
Precisamente, los empleados de Euro, en Villa Gobernador Gálvez, en la provincia de Santa Fe, acumulan más de tres meses sin cobrar sus haberes. Y, ante la falta de respuestas por parte de los dueños del establecimiento, 13 operarios con sus respectivas familias decidieron instalarse a vivir directamente en esa planta.
Ya en Bernasconi, en el territorio de La Pampa, el frigorífico local aplicó despidos a mansalva y se aguarda por el desembarco de capitales chinos para revertir la crisis productiva que golpea a dicho establecimiento.
Las causas que explican las caídas en la carne
Se estima que al menos 10 plantas frigoríficas mermaron o directamente pusieron algún tipo de freno a sus actividades durante 2025. Semejante parate coincide con números como los expuestos por el Institución de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), que dan cuenta tanto de una caída en las exportaciones como la continuidad del derrumbe que exhibe el consumo interno.
El año 2025 cerró con una caída interanual del 7% en las ventas de carnes al exterior, con el dato de una menor compra por parte de China, que igual concentró casi el 70% de los envíos de ese producto al exterior.
Al mismo tiempo, la faena cayó 15% en la medición de diciembre de 2025 versus igual mes pero del año anterior. Por otra parte, el año pasado, el consumo promedio interno y per cápita de carne vacuna se ubicó en torno a los 42 kilos, uno de los niveles más bajos en décadas. La caída de la demanda interna expone el difícil momento que atraviesan las economías hogareñas.
En paralelo a esa situación, se disparó la importación de cortes vacunos provenientes de Brasil, que este año alcanzarían números records con 120.000 toneladas de ingresos pronosticados. En 2025 la marca, también inédita, se ubicó por encima de las 60.000 toneladas. Semejante aluvión de productos provenientes del exterior socava las posibilidades de que los frigoríficos nacionales enderecen su situación en 2026.
La importación también complica a los actores de la cadena porcina: el año pasado ingresaron al país 4.600 toneladas de cortes de cerdo provenientes, también, de Brasil. La mitad correspondió a bondiola, la opción más demandada en el mercado argentino.
Producto de esa variable, más la suba de los insumos para el engorde del ganado y el alza mismo que experimentó el precio del capón, la rentabilidad de los productores porcinos rompió su pisó histórico, según el más reciente Monitor Porcino del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea.
"Medidos en pesos constantes de diciembre de 2025, los márgenes netos promediaron $289 por kilo producido en el año, un 16% por debajo del promedio anual 2016–2024", se indica en ese trabajo.
Al margen de las vicisitudes que muestra cada nicho, lo cierto es que menores ventas tanto a nivel interno como internacional aparecen a la cabeza de las complicaciones que impactan en los productores de carne argentinos.
La imposibilidad de acceder a fuentes frescas de financiamiento, dados los antecedentes financieros que muestran buena parte de las empresas nacionales, es otro elemento que juega en contra de la normalidad operativa de esos actores.
Por último, el costo de funcionar también talla fuerte y tanto cubrir salarios como adquirir insumos se han vuelto auténticos dolores de cabezas para compañías que no terminan de hacer pie en un contexto económico donde siguen predominando las turbulencias y el cambio de reglas.