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ALERTA

Lo echaron por sus ideas innovadoras y usó su frustración como combustible: fundó una empresa híper eficiente

"No podía creerlo. Sentí un vacío impresionante", relata Santiago Rey, que trabajó durante años como gerente de planta de una firma líder
16/04/2026 - 15:45hs
Lo echaron por sus ideas y fundó una empresa de logística que hoy gestiona miles de envíos diarios (demostró que tenía razón)

Por primera vez en su vida laboral, Santiago Rey no supo qué hacer. Era plena pandemia, dos guardias de seguridad lo escoltaban por los pasillos desiertos de la empresa en la que había trabajado durante años para que recogiera sus cosas y se fuera. Lo habían echado de una de las tres empresas de correos más importantes del país, donde se desempeñaba como gerente de planta, luego de presentar un informe con propuestas de modernización en logística que nadie quiso escuchar. Ese episodio, lejos de frenarlo, sería el punto de partida de WiGou, una startup que hoy despacha entre 2.500 y 3.000 paquetes diarios desde un depósito de 2.000 metros cuadrados en el barrio porteño de Boedo.

"No podía creerlo. Sentí un vacío impresionante. Pero ahí dije: no puedo trabajar más en estructuras de este calibre que aplasta las ideas", recuerda Rey tras procesar el golpe y convertirlo en combustible.

Había sido contratado para reorganizar la planta de farmacología, que tenía muchos recursos, poca eficiencia y tecnología casi inexistente. Allí detectó algo que lo marcó: operarios con más de diez años de antigüedad que nunca habían hablado con un gerente. Frente a esa desconexión, decidió bajar a la operación, escuchar y actuar. Implementó mejoras concretas: cambió botines de suela dura por otros ergonómicos, instaló pisos de goma para reducir el impacto físico, incorporó tablets para reemplazar procesos manuales y sumó beneficios básicos como snacks en los descansos. El resultado fue un equipo más comprometido y productivo: de 3.800 botiquines diarios pasaron a entre 4.000 y 4.200, con 100 personas menos.

El problema fue cuando quiso replicar esa estrategia en otras áreas de la compañía y la respuesta fue un portazo. "Me dijeron que no, que no eran mi área", explica Rey. Peor aun, le rescindieron el contrato y sus ideas quedaron en un cajón.

Lo que no quedó en el cajón fue la pregunta que lo había estado rondando durante años: ¿qué más puede hacer una empresa de logística por el cliente que hoy no se está haciendo? La respuesta, según Rey, era obvia y nadie la miraba de frente: tratar a las personas como personas.

WiGou nació con u$s120.000 de inversión inicial, cinco clientes conseguidos entre contactos del mundo del e-commerce y un depósito alquilado de 150 metros cuadrados. Al comienzo Rey repartía paquetes él mismo hasta las once de la noche, llegando hasta Moreno y Luján. Un año y medio después, la empresa había crecido alrededor de un 300% anual pasando de 10 clientes a 32, y de 175 órdenes diarias a 1.100. Hoy superan los 2500 paquetes diarios, tienen más de 110 clientes activos y un depósito de 2000 metros cuadrados en Boedo (CABA).

El trato humano como ventaja competitiva

WiGou no se define como una empresa que entrega paquetes. "Ese no es el negocio. El negocio es disponibilizarse con el cliente con otra actitud", dice Rey.

El modelo se estructura en tres unidades. La primera es la última milla para vendedores de plataformas como Mercado Libre, Shein y Amazon, con servicio same day en AMBA y cobertura en todo el país. La segunda —y la más rentable— es el fulfillment: la empresa recibe el stock, lo almacena y gestiona todo el proceso de preparación y despacho. "La última milla deja entre 18% y 32% de margen. El fulfillment está cerca del 48%. El salto es muy grande", detalla. La tercera unidad es la entrega de tarjetas Prex, vinculada al ecosistema Mastercard, donde lograron reducir el scrap de envíos fallidos del 17% a cero.

El ticket promedio por envío se ubica entre $7.000 y $8.000 y, a diferencia de gran parte del sector, WiGou cobra por unidad y no por peso. La operación combina cross docking, almacenamiento y distribución, apoyada en un sistema propio de ruteo con inteligencia artificial que permite tomar decisiones en tiempo real.

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No cobra por peso sino por unidad. El ticket promedio por envío ronda los $7.000 y $8.000

Pero el diferencial no está solo en la planificación, sino en la capacidad de reacción. "En logística los problemas pasan. Un conductor puede tener un inconveniente, un vehículo puede fallar o una entrega puede no concretarse. Para eso tenemos un equipo que reconfigura rutas y reasigna envíos para que la operación no se caiga", explica.

Del lado del cliente, la lógica es anticiparse. "Lo que más molesta no es que un envío se retrase. Es no saber qué está pasando", afirma. Por eso, el equipo de atención no espera el reclamo: se comunica proactivamente y da contexto en cada etapa.

A diferencia de los modelos tradicionales, la empresa no posee flota propia. "Si necesito 90 autos los tengo, si necesito 40 también. No tiene sentido tener estructura fija para una demanda que varía todos los días."

La cartera de clientes va desde pequeños vendedores —como una emprendedora que empezó vendiendo tres bikinis por semana y hoy comercializa ropa de yoga y accesorios— hasta empresas corporativas. Para los primeros, WiGou está desarrollando un sistema de prepago: "Vos tenés cinco paquetes por semana, cargás saldo en WiGou y vamos ejecutando."

Pero además, para los que necesitan crecer también en ventas, la empresa lanzó Bond, una agencia de marketing actualmente integrada a la SRL de WiGou, que acompaña a los sellers en posicionamiento digital y estrategia comercial. "Mi empresa no gana plata si el vendedor no vende más", sintetiza Rey.

La dimensión humana atraviesa todo el modelo. WiGou cuenta con 20 empleados directos y 90 conductores asociados. Los salarios de los operarios van de $1 millón a $1,5 millones, con bonos cuando hay dividendos y descuentos en productos de los propios clientes de la empresa.

Rey construyó deliberadamente un equipo con personas que otras compañías no hubieran contratado: jóvenes sin experiencia, algunos con contextos muy difíciles, a quienes WiGou capacita desde cero.

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No tiene flota propia. Puede disponibilizar hasta 90 vehículos o reducirlos según la demanda del día

"Para la operación no necesito un currículum. Necesito alguien con ganas de trabajar. Yo le enseño el resto", dice. En el fondo de la oficina, señala a un chico de 19 años que llegó con una problemática seria y que hoy maneja sistemas y coordina procesos que él mismo no sabía que podía dominar.

La estructura societaria tiene tres socios: Rey, Pablo Arrúa en marketing, y Julio Pérez, quien empezó como coordinador del primer depósito y se ganó un lugar en el board por mérito propio. "Cuando tenemos que tomar decisiones, por más que yo tenga el 90% de la cuota aparte, los tres tenemos que ponernos de acuerdo", explica Rey.

Las decisiones que vienen son de las grandes: hay inversores interesados en entrar al negocio, negociaciones avanzadas para mudarse a un depósito de 12.000 metros cuadrados y planes para comercializar su sistema de gestión de órdenes a otras logísticas de la región.

Para Rey, WiGou no es simplemente una empresa de logística que supo crecer. Es la prueba de que en un sector históricamente resistente al cambio, tratar bien a las personas —clientes, empleados y conductores por igual— es, también, un modelo de negocio.