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Vendía lavandina suelta, creó un imperio logístico y un infarto redefinió su rol en una empresa familiar muy exitosa

Ral Kar superó crisis económicas, robos y problemas de salud para construir un negocio familiar que hoy emplea a decenas y sigue creciendo
11/04/2026 - 08:09hs
Vendía lavandina suelta, creó un imperio logístico y un infarto redefinió su rol en una empresa familiar muy exitosa

El negocio tuvo vaivenes. Cada avance venía acompañado por un obstáculo. Por ejemplo, obras que bloqueaban el acceso al local, asaltos, robos internos y crisis económicas que ponían en riesgo lo construido. A pesar de todo, la empresa sobrevivió. Hoy Ral Kar tiene 30 empleados, vende por internet a todo el país y opera en Temperley con más de 5.000 metros cuadrados dedicados a la logística.

La firma provee equipamiento comercial y artículos para el hogar a comerciantes y emprendedores como verdulerías, kioscos y pizzerías hasta negocios de mayor escala. Pero, la historia comenzó mucho antes, cuando Ricardo Giantomassi tenía 12 años y salió a vender en la calle para ayudar a su familia. "Vengo de una familia de trabajadores, pero nos costaba llegar a fin de mes rotundamente", recuerda.

Durante la adolescencia vendió bijouterie en comercios. Años después, en medio de la crisis económica que culminó en la hiperinflación argentina de 1989, descubrió la oportunidad de vender productos de limpieza sueltos. Con 16 años abrió su primer local y su abuelo salió de garante para que pudiera alquilarlo.

"Conseguí un proveedor de hipoclorito y detergente y me di cuenta de que podía vender productos sueltos. Un litro de lavandina a un tercio del precio de lo envasado. En plena crisis, era el único local de la zona que lo hacía y pronto el negocio siempre estuvo lleno, marcando la diferencia frente a la competencia", trae a la memoria el empresario. El negocio funcionó. En pocos meses el local estaba lleno y comenzaron a aparecer competidores.

A los 18 años conoció a Karina Oviedo. Poco después se casaron y esperaban su primer hijo cuando un problema cambió el rumbo familiar: el fallecimiento del padre de Ricardo.

"Murió con 44 años. Yo tenía 21", cuenta. La situación lo llevó a asumir responsabilidades dentro de su familia.

Al mismo tiempo apareció otra dificultad: una alergia provocada por el contacto con productos químicos. "Me acercaba al hipoclorito y se me brotaba todo el cuerpo", evoca. El negocio de limpieza dejó de ser viable y empezó a buscar otras alternativas.

Gracias a una decepción nació Ral Kar

Ricardo aceptó trabajar para un comerciante que prometía una paga muy alta vendiendo equipamiento, pero al final del día el dinero no fue el que le habían asegurado. La bronca lo empujó a probar por su cuenta: buscó proveedores y encontró a Metalúrgica Libra, donde compró su primera balanza sin saber casi nada del rubro. La cargó en su auto y salió a ofrecerla puerta a puerta, aunque al principio nadie compraba.

"Me decían que volviera en unas semanas o que no tenían dinero", explica. Entonces, probó otra estrategia: ofrecer financiación. "Pensé en vender en cuotas semanales y me dio resultado". Fue su manera de "entrarle al cliente". Compraba el equipo con cheques a 30 o 60 días y se lo vendía con pagos semanales a sus clientes. Esa modalidad le permitió concretar las primeras operaciones.

Durante esa etapa cumplía todos los roles. "Era vendedor, cobrador y repartidor". Las jornadas se extendían hasta 15 horas por día. Salía a las siete de la mañana y regresaba cerca de las once de la noche después de recorrer comercios, pizzerías y restaurantes.

El primer local y una obra que paralizó todo

Con el crecimiento decidieron abrir un local en la Avenida Hipólito Yrigoyen, en Adrogué. Pero, a los pocos días de inaugurar comenzaron obras en la avenida. El tránsito quedó interrumpido y el acceso al negocio se volvió más difícil.

"Los cheques que había emitido seguían corriendo y la obra duró un año y medio. Entonces, le dije a mi mujer tenemos que irnos de acá", cuenta.

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Ral Kar tiene 30 empleados, vende por internet a todo el país y opera en Temperley con más de 5.000 m2 dedicados a la logística.

El problema obligó a buscar nuevas formas de generar ingresos. Mientras recorría comercios, el emprendedor detectó una necesidad frecuente. Muchos clientes querían instalar estanterías o góndolas, pero no podían cerrar el negocio para hacerlo.

La solución fue trabajar de noche. "Les proponía entrar cuando el local cerraba, bajar la mercadería y armar las góndolas", resume. Ese servicio permitió generar ingresos mientras el local sufría la caída de ventas.

Mudanza, crisis y un asalto que marcó a la familia

Con el tiempo decidieron mudarse a un local en Temperley. La ubicación buscaba captar el tránsito de comerciantes de la zona. Sin embargo, a las pocas semanas estalló otra crisis económica y la demanda de equipamientos cayó.

La respuesta fue cambiar el tipo de producto. Entonces, comenzaron a vender sábanas, acolchados y almohadas en cuotas. Durante ese período ocurrió otro episodio: Karina salió a cobrar junto con el abuelo de Ricardo y fueron asaltados. "Nos tiraron al piso y a mi abuelo de 70 y pico de años le dieron un culatazo", relata. ¡Fue algo desesperante!, agrega.

Años después, durante la crisis del Corralito en Argentina, el negocio enfrentó otro momento de tensión. El local estaba junto a un supermercado y temían un saqueo.

Ricardo decidió cubrir las vidrieras con papeles, tirar cal sobre el cartel y colocar un aviso de venta para simular que el lugar estaba abandonado. Durante varios días durmió dentro del local. "Era una forma de defendernos porque era lo único que teníamos y había mucha inversión ahí", explica. El comercio finalmente no fue saqueado.

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La empresa  provee equipamiento comercial y artículos para el hogar a comerciantes, emprendedores y hasta negocios de mayor escala. 

Con la recuperación económica el negocio volvió a crecer. Sin embargo, tiempo después detectaron que una persona cercana estaba robando dinero. Años más tarde apareció otro problema: faltante de mercadería en el depósito. "Comprábamos televisores y cuando abríamos la caja estaba vacía", comenta Ricardo. La familia decidió despedir a los empleados involucrados y continuar con el negocio.

La nueva generación y el salto digital que cambió todo

Con el paso del tiempo los hijos del matrimonio comenzaron a trabajar en la empresa. Alan empezó a salir a vender y Sol se incorporó al área comercial. Ellos impulsaron un cambio que generó discusiones internas: incorporar computadoras, software de gestión y venta online. Durante varios años el tema se debatió dentro del núcleo familiar con varios chispazos. "Mi viejo no quería saber nada hasta que finalmente aceptó", cuenta Alan.

Cuando comenzó la pandemia de COVID-19, la empresa ya tenía su página web y un sistema de ventas digital. Eso permitió responder a una demanda creciente. "Vendíamos miles de cocinas y heladeras. Nunca vendimos tanto", recuerda Sol. Ese crecimiento los obligó a ampliar el depósito, la logística y el personal.

Un infarto y un cambio de rol que definió el futuro

El ritmo de trabajo también tuvo consecuencias personales. Durante unas vacaciones en San Carlos de Bariloche, Ricardo sufrió un infarto. Fue internado y le colocaron dos stents, para mantener a las arterias del corazón abiertas y permitir el flujo normal de sangre.

Durante su recuperación, sus hijos asumieron el manejo del negocio. "Ahí entendí que ellos podían continuar solos", admite. Hoy Ricardo participa en la empresa, pero con un rol diferente: acompañando a sus hijos. "La empresa sigue funcionando a nivel familiar, pero con diligencia de ellos", asegura.

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Hoy Ricardo participa en la empresa, pero con un rol diferente: acompañando a sus hijos

A corto plazo, la empresa proyecta abrir nuevas sucursales y desarrollar capacitaciones para emprendedores. El objetivo es ofrecer formación y acceso a productos para quienes quieran iniciar un negocio. "Queremos que más gente pueda emprender", señalan desde Ral Kar.

Después de décadas marcadas por crisis económicas, robos, cambios internos y problemas de salud, la empresa sigue en marcha. "Está bueno pasar de no tener nada a tener una empresa", resume Ricardo.