Conocida marca de ropa infantil entra en concurso, cierra locales y sufre explosiva deuda de $2.800 millones
La crisis del consumo y el derrumbe del sector textil siguen sumando nombres. Una reconocida marca de indumentaria infantil, que supo expandirse con fuerza en shoppings y centros comerciales de todo el país, se presentó en concurso preventivo a través de dos sociedades del mismo grupo, en medio de un fuerte deterioro financiero, caída de ventas, cierre de locales y reclamos de acreedores.
Se trata de la estructura empresarial detrás de la marca Owoko, que inició formalmente el proceso concursal a comienzos de mes y este 24 de abril obtuvo la apertura por parte del Juzgado Comercial N° 9. La presentación involucra a De Niños, firma comercializadora, y Kokoloko, la sociedad productiva, que concentran el negocio.
El cuadro financiero es crítico: entre ambas compañías acumulan pasivos por más de $2.800 millones, con deudas comerciales, bancarias, fiscales, previsionales y laborales. Según surge del expediente, solo De Niños concentra obligaciones por $1.457 millones, mientras que Kokoloko suma otros $1.354 millones. A eso se agrega un fuerte deterioro en la cadena de pagos: Kokoloko registra más de 1.400 cheques rechazados por unos $600 millones y De Niños otros 164 por alrededor de $117 millones. En paralelo, la empresa enfrenta pedidos de quiebra por parte de proveedores, en un contexto de creciente presión judicial.
El deterioro también se refleja en la operación. La compañía cerró locales en plazas estratégicas, incluidos shoppings de alto tránsito, y redujo significativamente su estructura. Hoy mantiene actividad en algunos puntos del país, pero con una escala mucho menor a la que supo tener.
Los locales cerrados incluyen:
- Abasto Shopping
- Galerías Pacífico
- Recoleta Mall
- Alto Avellaneda
De marca disruptiva a red nacional de locales
La historia de Owoko está lejos de ser la de una empresa tradicional del rubro. Nació en 2003 de la mano de la diseñadora María Fernanda González Zeolla y su pareja, el diseñador industrial Martín Boero, con una idea que en ese momento desafiaba de lleno los códigos de la moda infantil.
González Zeolla venía de trabajar casi una década en la industria, incluida una etapa en Alpargatas, donde empezó a cuestionar una lógica dominante. "Hago ropa de niños que parece ropa de adultos", repetía, en crítica a una oferta dominada por tonos pasteles y diseños conservadores. Su respuesta fue avanzar en sentido contrario: desarrollar una marca con colores intensos, personajes propios y una identidad lúdica pensada desde la mirada de los chicos.
El salto llegó casi sin red. Con ahorros propios, préstamos familiares y una inversión inicial cercana a u$s30.000 para producir la primera colección, la pareja decidió lanzar su propia marca y probar suerte en una feria internacional en Valencia. No tenían estructura ni trayectoria consolidada: solo una idea y una colección.
El resultado fue inesperado. Proyectaban vender unas 700 prendas para cubrir costos y terminaron colocando 3.500 en ese primer viaje. En la siguiente edición, directamente duplicaron ese volumen. Ese debut en el exterior no solo validó el concepto, sino que funcionó como plataforma para el desarrollo del negocio en Argentina.
A partir de 2004, con la apertura de su primer local en Palermo, Owoko inició un proceso de expansión sostenido. Primero con tiendas propias, luego a través de franquicias y presencia en multimarcas. La marca creció apoyada en una identidad fuerte y logró posicionarse dentro del segmento de indumentaria infantil.
Con el paso de los años, la empresa llegó a consolidar una red de más de 40 locales en todo el país, entre propios y franquiciados, con presencia en shoppings, centros comerciales y calles de alto tránsito, además de una estructura productiva propia y una red de talleres. En su etapa de mayor expansión, empleaba a unas 120 personas de manera directa y generaba trabajo para cientos más dentro de su cadena de valor.
También construyó un posicionamiento particular dentro del mercado. Rechazó el uso de niños modelos en sus campañas y promovió una lógica de consumo más duradera, con prendas pensadas para circular dentro de las familias y no depender de la renovación constante de colecciones.
Sin embargo, en los últimos años ese esquema comenzó a deteriorarse. La empresa fue cerrando locales en puntos clave y reduciendo su estructura operativa. Hoy mantiene presencia en algunas plazas, como Palermo, Caballito, Adrogué y distintas ciudades del interior, pero con una escala considerablemente menor a la que supo tener en su pico de crecimiento.
Qué dice el expediente: caída de ventas, stock inmovilizado y asfixia financiera
En la presentación judicial, la propia compañía describe un cuadro de fuerte deterioro del negocio. "La afectación de la capacidad de consumo del cliente objetivo ha hecho que prescinda de bienes que no resultan indispensables. Y los productos que comercializa la Sociedad, que no son otra cosa que moda, son los primeros en caer", sostiene.
El impacto se refleja en los números. Según el expediente, el promedio mensual de ventas pasó de $400 millones en 2024 a $250 millones en 2025, lo que implicó una caída acumulada superior a los $1.000 millones en términos nominales.
Ese desplome generó un efecto directo sobre la operatoria: aumento del stock sin vender y falta de liquidez. "El stock, que desde el punto de vista contable constituye un activo, se convierte en la práctica en un capital inmovilizado, incapaz de cumplir su función económica primordial", advierte la empresa en su presentación.
La firma también apunta a un cambio estructural en los hábitos de consumo. La irrupción de plataformas de e-commerce internacionales, con precios más bajos y estructuras más livianas, desplazó parte de la demanda desde los canales tradicionales hacia el comercio digital global, afectando la rotación de mercadería en los locales físicos.
El frente financiero terminó de tensarse en 2025. Según detalla el expediente, un embargo sobre las cuentas de De Niños, vinculado a una obligación incluida en un plan de pagos, derivó en el rechazo de cheques y afectó la calificación crediticia del grupo. "La traba judicial afectó la capacidad de obtener financiamiento a tasas de mercado, perjudicando el giro comercial y precipitando el estado de cesación de pagos", señala.
La situación se agravó con nuevos rechazos de cheques en agosto y terminó de consolidarse en noviembre, cuando se produjo la inhabilitación de cuentas de Kokoloko por parte del Banco Central.
Menos mercado y presión estructural
A la crisis macroeconómica y sectorial se suma un factor estructural que la propia empresa destaca en su presentación: la caída de la natalidad. Según expone, la tasa se redujo más de 40% en los últimos años y afecta especialmente a los segmentos de ingresos medios y altos, que constituyen su principal público.
"El achicamiento del mercado objetivo desencadena un quiebre estructural en la demanda potencial del rubro", advierte el escrito. La compañía señala además que el crecimiento de hogares sin hijos reduce de forma directa su base de clientes, lo que impacta en la rotación del stock y en la previsibilidad de las ventas.
Ese combo —recesión, caída del consumo, crisis del sector textil, competencia externa, cambios en los hábitos de compra y contracción demográfica— terminó por configurar un escenario de iliquidez que derivó en la presentación concursal.
Con una estructura hoy mucho más acotada, 25 empleados en De Niños y 14 en Kokoloko, y una red comercial reducida frente a su pico histórico, Owoko se suma así a la larga lista de empresas del sector que buscan reordenarse en la Justicia para intentar sostener su continuidad.