Con una botella de agua fabrica un par de anteojos: hoy vende 1.500 por mes y factura millones
Argentina produce uno de los mayores volúmenes de residuos plásticos de la región: 42 kilos per cápita por año, el equivalente a unas 252 botellas de medio litro. La mayor parte termina en rellenos sanitarios o en el ambiente. Ese dato fue el punto de partida de Bonding Eyewear, una marca argentina que decidió convertir ese problema ambiental en el núcleo de su propuesta de valor mediante un modelo de economía circular: fabrica anteojos sustentables de diseño a partir de plástico de un solo uso. Con una botella de agua mineral de 1,5 litros, la empresa produce un par.
Detrás de Bonding está Martín Centeno, licenciado en Administración y contador de formación, con una trayectoria construida en bancos y en el mercado financiero. Su ingreso al mundo del emprendimiento fue en 2019 cuando un emprendedor le acercó un proyecto pequeño, todavía en pañales, que proponía fabricar anteojos con plástico reciclado. Centeno se enamoró de la idea. "Me cayó este proyecto y dije: acá entro yo, esto me encanta", recuerda Centeno quien entró como socio, terminó comprándole la parte a su cofundador, y hoy conduce una empresa con base en San Isidro que factura más de $50 millones mensuales, vende alrededor de 1.500 anteojos por mes y distribuye su producto en más de 400 ópticas de todo el país.
La propuesta de Bonding descansa sobre dos líneas de productos sustentables que se diferencian en su proceso y en sus materiales. La primera, y la más emblemática, es la línea de plástico reciclado. El proceso comienza cuando los envases —botellas, frascos de shampoo, detergente, yogur— ingresan a una planta recicladora ubicada en San Fernando. Allí se lavan sin procesos químicos, utilizando distintas temperaturas de agua y técnicas de raspaje para remover las etiquetas, hasta que el plástico se convierte en pequeños pellets, la materia prima para la siguiente etapa.
"Los pellets se van a una inyectora, con 250 grados de temperatura, y ese líquido se prensa contra una matriz que tiene la forma del armazón o de la patilla", explica Centeno, describiendo un proceso que combina tecnología industrial con cierto grado de artesanía en las etapas finales de ensamble, bisagrado y colocación de cristales. El resultado son gafas de sol con protección UV400 que pueden lucir azules como el plástico del agua mineral o verdes como las botellas de gaseosas, o bien teñirse mediante un proceso de pintura al agua para lograr cualquier otro acabado.
La segunda línea se fabrica a partir de aceite de semilla de ricino, una planta cultivada de forma responsable en distintas regiones del mundo. Al mezclarse con otros polímeros, ese aceite genera una placa a partir de la cual se cortan los armazones y patillas, sin necesidad de inyección. El resultado es un material que, a diferencia de los plásticos convencionales, es completamente compostable. "Lo tirás al compost y en 100 días se degrada", asegura Centeno. Esta línea no sacrifica rendimiento ya que el bioplástico es resistente al calor, a los impactos y a los agentes químicos, y ofrece la posibilidad de ser reciclado al final de su ciclo de vida.
Pagar con plástico, reciclar con descuento
El local de Bonding en San Isidro es mucho más que un punto de venta. Es el epicentro de una política comercial que convierte al consumidor en parte activa del ciclo productivo. El programa "Pagá con Plástico" permite que cualquier persona lleve sus residuos domiciliarios y los canjee por descuentos en la compra de sus anteojos. Por cada kilo de plástico entregado, el cliente acumula un 2% de descuento, con un tope máximo del 70% al alcanzar los 35 kilos. No hace falta traer todo de una sola vez: el sistema funciona como una cuenta acumulativa, sin vencimientos. "Vos vas trayendo cuando querés y no se vencen. El día que decidís comprar un anteojo, aplicás el descuento que acumulaste", describe Centeno.
La escala de la respuesta del público sorprendió incluso al fundador. Bonding lleva procesados casi 100.000 kilos de plástico. En algunos momentos, la demanda de entrega de residuos superó la capacidad logística del local: "Más de una vez tuvimos que decirle a la gente que volviera la semana siguiente porque se nos llenaba de plástico, y nosotros somos una óptica, no un centro de reciclaje", recuerda Centeno entre risas, dejando en evidencia que la iniciativa desbordó las expectativas iniciales.
El éxito del programa plantea, de todos modos, un desafío de escala que Centeno espera resolver con una estrategia en marcha: la franquicia. La idea es replicar el modelo de óptica sustentable —incluyendo la recepción de plástico— en otros puntos del país. "Ya lo estamos analizando con asesores. No es algo que se hace de un día para el otro, pero es la dirección", adelanta.
Otra arista del modelo circular es la iniciativa "Óptica Sustentable", orientada al canal mayorista. Cuando una óptica vende anteojos de receta, retira las lentillas de plástico de presentación para colocar el cristal graduado del cliente. Esas lentillas, en la mayoría de los casos, terminan en la basura. Bonding les propone a las ópticas que las guarden para que la marca las retire y las recicle. Las ópticas que adoptan esta práctica reciben una certificación como óptica sustentable. De las aproximadamente 7.000 ópticas que existen en Argentina, entre 400 y 450 ya trabajan con Bonding bajo este esquema.
De las ópticas familiares a los gimnasios: un modelo que se diversifica
El segmento corporativo completa el mapa de negocios. Empresas de distintos rubros le encargan a Bonding anteojos personalizados con su logo grabado en las patillas, ya sea para regalos corporativos, merchandising de eventos o lanzamientos de productos. Entre los clientes que han pasado por esta línea figuran Shell, Thermomix, Clinique y Audi, además de la cadena de gimnasios Sport Club, con quien acaban de lanzar el modelo "Sport Club by Bonding", un anteojo deportivo exclusivo para sus locales en todo el país. "Sport Club tiene más de 900 sedes en todo el país. No van a estar en todos, pero eso te da una idea del potencial", señala Centeno.
En cuanto a los precios, la marca ofrece distintas opciones. Los modelos de temporadas anteriores, agrupados bajo la llamada línea garage, parten de los $40.000. Los modelos de plástico reciclado de la temporada actual rondan los $115.000, mientras que la línea biodegradable llega a los $166.000.
De cara al futuro, Centeno proyecta llegar a los $100 millones de facturación mensual en la segunda mitad del año, cuando la temporada de verano comience a repuntar. También tiene en carpeta retomar exportaciones, con conversaciones avanzadas hacia Brasil, Uruguay y Costa Rica, mercados a los que espera llegar antes de fin de año.
El objetivo, en definitiva, es demostrar que una empresa puede crecer sin resignar principios: que el diseño, la calidad y la sustentabilidad no son términos contradictorios. Bonding Eyewear lo viene haciendo desde 2019, transformando residuos plásticos en un par de anteojos sustentables a la vez, convirtiendo residuos plásticos en el centro de una economía circular que todavía tiene mucho por recorrer.