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Guía Michelin recomienda este restaurante escondido de La Paternal: se come increíblemente bien y barato

Santa Inés mezcla cocina de autor, sabores del mundo y espíritu barrial en una antigua panadería reciclada de La Paternal desde 2020
Por Laura Andahazi Kasnya
NEGOCIOS - 21 de Mayo, 2026

En Ávalos 360, en una calle poco transitada de la Isla de La Paternal, donde durante décadas funcionó una panadería de barrio, hoy se esconde una de las propuestas gastronómicas más comentadas de la escena porteña. MN Santa Inés, el restaurante creado por la chef Jazmín Marturet, abrió en 2020, lejos de los polos tradicionales de Palermo o Chacarita, y desde entonces construyó una comunidad propia alrededor de una cocina intensa, viajera y profundamente personal.

La palabra que mejor define a Santa Inés es eclecticismo. El edificio conserva intacta la estructura de aquella vieja panadería —incluido el horno a leña original—, pero el resto del universo visual fue construido por la propia Marturet a lo largo de su vida. El primer salón funciona como un pequeño museo de antigüedades con vajillas, cajas registradoras, balanzas, carteles y objetos que ella misma fue reuniendo desde la adolescencia. "Fui juntando cosas desde los 15 años, con la fantasía del restaurante que algún día iba a tener", cuenta. Entre mesa y mesa también aparecen las obras de Pablo, su padre artista, cuyo taller funciona al fondo del restaurante. El lugar oficia, además, como una galería de arte.

"Yo elegí la casa, no elegí el barrio", cuenta Marturet durante una charla informal con un grupo de periodistas en el patio trasero del restaurante. "Busqué muchísimo tiempo hasta que entré acá y sentí que era este lugar". La propiedad estaba semiderruida. Había sido una panadería industrial y después una fábrica de adornos navideños. La obra duró entre ocho y nueve meses y se hizo prácticamente en familia, enfrentando el desafío de mantener en pie la estructura antigua mientras se rehacían caños, electricidad y gas desde cero. "No había techo, no había cocina, estaba todo para tirar", recuerda entre risas.

Criada entre Villa Crespo, Caballito y Palermo por dos padres artistas, Marturet empezó a estudiar gastronomía en el IAG mientras todavía cursaba el secundario. Su abuela Diana, hoy de 86 años, fue quien apostó por ella y ayudó a financiarle los estudios.

El restaurante funciona en una antigua panadería reciclada de Ávalos 360, en La Paternal

A los 19 ya trabajaba en restaurantes y poco después comenzó un largo recorrido ligado al catering, cocinando para festivales, recitales y grandes eventos. También fue madre muy joven: su hija Juana hoy tiene 20 años y creció acompañando cada etapa del proyecto gastronómico de su madre.

"¿Qué me conectó con la gastronomía? El estómago", responde entre risas cuando le hacen la pregunta. Después, más seria, desarrolla la idea: "Mis viejos son artistas, mi familia es aventurera y creativa. Creo que yo elegí esta disciplina que es la mía: usar la creatividad para algo comestible, bello, con colores".

Después de años dedicados al catering, decidió dar un salto mucho más incierto: abrir un restaurante propio. Lo hizo sin inversores, sin experiencia manejando un local fijo y sin una red empresarial gastronómica detrás. "Si hubiera sabido todo, capaz no lo hacía", reconoce. "Hay que ser un poco inconsciente".

"Sabía dos cosas: que me iba a dedicar a la cocina y que nunca iba a tener jefes", resume. Esa independencia la llevó a cocinar durante años en distintos países y a absorber sabores que hoy aparecen en la carta de Santa Inés. Brasil, Perú, México, Chile, Uruguay, Estados Unidos, Europa y Tailandia forman parte del mapa culinario de la chef.

Jazmín reunió antigüedades desde los 15 años soñando con su futuro restaurante propio

Cocina viajera, platos intensos y una comunidad propia

La carta de MN Santa Inés cambia cada cinco semanas, pero mantiene una identidad clara: sabores intensos, abundancia y una combinación permanente entre lo criollo, lo asiático y lo mediterráneo. Todo se hace en el lugar, desde los panes hasta las pastas y las bebidas.

"Es una cocina viajera y aventurera", define Marturet cuando intenta explicar qué sucede en Santa Inés. Y enseguida agrega: "Me gusta traer acá cosas que yo probé en otros lados, o que se me ocurren, y lo que es espectacular es que les guste y la gente venga a comerlas".

Esa búsqueda también explica por qué evita ingredientes prohibitivos. En el menú no hay caviar, langosta ni pulpo. El resultado son platos originales, pero deliberadamente accesibles. Entre las opciones actuales aparecen preparaciones como el Keppe Crudo con pan de arvejas ($13.500), el Khao Soi Gai —un curry amarillo tailandés con pollo y fideos— ($24.000) o el Pad Gra Pao de cerdo con chiles, ajo y albahaca ($23.500). También sobresalen propuestas vegetarianas como el Chana Masala con calabazas asadas ($23.000).

"Si la persona decide venir a gastar su ingreso en lo que yo hago, tengo que estar a la altura en calidad, cantidad, gusto y precio", sostiene Marturet. Por eso en Santa Inés la apuesta pasa por productos nacionales y técnicas artesanales. Sí aparecen especias traídas de viaje, frutas en casi todos los platos —la acidez y la dulzura como sello propio—, panes y pastas elaborados en el lugar y la ya clásica jarra de rosado con vino, pomelo, frambuesa y pimienta.

La carta cambia cada cinco semanas y combina sabores criollos, asiáticos y mediterráneos

Los postres merecen capítulo aparte. La pavlova —presente desde el inicio— ya se convirtió en un emblema de la casa y convive con opciones como el Key Lime Pie o el flan de maní con bananas

MN Santa Inés abrió en 2020, en plena pandemia. Primero funcionó como take away y con algunas mesas improvisadas, mientras Marturet seguía sosteniendo otros trabajos vinculados al catering y las viandas corporativas. El crecimiento llegó de manera lenta impulsado por el boca a boca. Hoy, los fines de semana, el restaurante sirve alrededor de 150 cubiertos por día. Durante la semana, entre 60 y 80.

"De todas maneras ese número puede cambiar porque atendemos la cantidad de gente que podemos atender bien", explica la cocinera. "Si la cocina está saliendo bien, agregamos algunas mesas; si no, no".

El restaurante funciona al mediodía y, lejos de ser una limitación, eso terminó convirtiéndose en parte de su identidad. "Después de la pandemia la gente empezó a salir más a almorzar", sostiene Jazmín.

La chef acaba de presentar su biografía culinaria y libro de recetas fusión

Con el tiempo, Santa Inés también se convirtió en una especie de club informal de barrio: hay clientes que sienten que tienen "su mesa", personas que traen su PC, trabajan desde el patio durante horas y vecinos que pasan simplemente a tomar un café y quedarse un rato.

Sin campañas masivas ni grandes estrategias de marketing, el restaurante fue creciendo hasta convertirse en uno de los recomendados por la Guía Michelin 2025 en la categoría Bib Gourmand, distinción reservada a restaurantes con excelente relación precio-calidad.

Marturet acaba de sumar además un nuevo capítulo a su historia con la publicación de Comida Fusión Popular, su biografía culinaria y recetario editado por Grupal Ediciones, presentado recientemente en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Allí reconstruye su recorrido personal y profesional, desde sus años de catering hasta el nacimiento de este proyecto convertido en uno de los restaurantes más singulares de la Ciudad de Buenos Aires.

Porque en MN Santa Inés, restaurante emblema de La Paternal, todo parece mezclarse de manera natural. La cocina de autor, el arte, los viajes, la memoria familiar y la sensación de estar entrando, más que a un restaurante, a una casa llena de historias.

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