Lidera uno de los unicornios de Argentina y revela 3 lecciones vitales para crecer en el mundo de los negocios
Alejandro Vázquez, actual presidente de TiendaNube, no arrancó con todo resuelto ni con grandes contactos en el mundo de los negocios. Si uno mira de dónde viene, encuentra a padres "súper laburantes", a una abuela que tenía una rotisería y a un tío con un negocio heredado.
En esa época, sentía que no tenía grandes referencias y, para graficarlo, usa una imagen con la que cualquiera que haya crecido en los 90 puede identificarse: se sentía en una partida del videojuego Age of Empires. "Empezás en un rincón chiquito e iluminado, y todo el resto del mapa es gigante y está a oscuras. ¿La única forma de descubrir qué hay más allá? Moverse de un lado al otro", decía en una charla íntima con iProfesional.
Sin grandes referentes de éxito empresarial a la mano, Alejandro aprendió pronto que la única forma de expandir ese mapa era moviéndose, aventurándose en lo desconocido con la curiosidad como única brújula. Ese movimiento lo llevó, junto a sus inseparables amigos de colegio, Juan y José, a una feria de universidades.
Allí, entre stands y promesas de futuros brillantes, escuchó a un rector hablar sobre una carrera nueva, una intersección entre la administración, los negocios y el vertiginoso mundo de la tecnología. Fue un instante de revelación absoluta, un destello que rasgó la niebla. "Eso es lo que yo quiero estudiar", se dijo a sí mismo, a pesar de que la carrera no tenía ni egresados y la universidad era inalcanzable para la economía de su familia.
Sin embargo, el primer paso ya estaba dado. Había decidido explorar el mapa con una valentía incipiente, empujado por unos padres que le entregaron el regalo más inmenso: la confianza de dejarlo elegir sin dudar jamás de sus capacidades.
El sacudón personal: la crisis, Sabri y el libro para Olimpia
Hoy está al frente de una de las empresas más importantes del comercio electrónico de la región, pero el recorrido interno de Alejandro tuvo ciertos baches. A los 29 años quiso escribir algunas cosas para dejarles a sus primos más chicos, pero sentía que no tenía nada profundo para decir. El verdadero clic, el momento en el que de verdad empezó a mirar para adentro, llegó un tiempo después. "Había pasado por una especie de crisis personal en el 2021 donde aprendí mucho de mí mismo", confiesa, recordando una etapa en la empezó hacer terapia, leer y hasta retomar viejos talleres.
Pero el combustible que terminó de encender todo llegó en 2022 con una noticia hermosa: Sabri, su novia de la adolescencia y compañera de ruta de hace más de 20 años, estaba embarazada.
De repente, sintió la necesidad de dejar algo por escrito: "Quiero poner en palabras lo que aprendí hasta hora y que, eventualmente, Olimpia mi hija lo pueda leer cuando tenga 15, 18, 20".
Así nació su libro, En Foco. Al final, abrirse y mostrarse vulnerable no lo hizo más débil, sino todo lo contrario. Como él mismo dice: "Si hay más transparencia y tenemos conversaciones más honestas, se crea confianza más rápido. Y construir confianza más rápido es mejor para la sociedad en cualquier aspecto, sea haciendo negocios o hablando con otras personas".
La teoría del tiburón: buscar la incomodidad para no estancarse
Al conversar con Alejandro, automáticamente se percibe que es una persona que no tolera la comodidad extrema. Para él, estancarse es lo peor que te puede pasar. Para explicarlo, trae a la conversación la anécdota de los pescadores japoneses. "Para que los peces llegaran frescos al puerto después de largos viajes, probaron meterlos en piletas, pero los bichos se quedaban quietos y perdían sabor. ¿La solución? Pusieron un tiburón chiquitito adentro de las piletas, dentro de los barcos y ahí los peces tenían que moverse porque si no se los comía el tiburón", cuenta.
Entonces, "¿Cuál es tu tiburón? ¿Qué es lo que te mantiene en movimiento? ¿Qué es lo que te mantiene en constante evolución en algún aspecto de tu vida?", pregunta. En los negocios, la respuesta es clarísima: "Por eso yo realmente creo en la competencia, está buenísima. Te hace ser mejor, te hace querer avanzar. Eso es lo que nos hace querer mejorar".
En el plano personal, desde su mirada, tu tiburón puede ser proponerte ser un mejor amigo, un papá más presente, o simplemente no quedarte en el molde. "La fricción, esa incomodidad que a veces molesta, es la única manera de asegurar que seguimos vivos y coleando", dice.
Vivir en "beta constante" en la era de la Inteligencia Artificial
Hay una idea que le quita el sueño a Alejandro y es pensar que los seres humanos son obras sin terminar. "Somos una beta constante y siempre tenemos la oportunidad de mejorar en algún aspecto de nuestra vida. No es estar insatisfecho constantemente, al contrario. Es decir: siempre puedo hacer mejor lo que estoy haciendo", explica. Para él, ese "hasta hoy" es liberador: "hoy aprendí esto, mañana capaz me doy cuenta de que le pifié y aprendo otra cosa", sostiene.
Y esta mirada humana cobra mucha más fuerza hoy, en un mundo donde parece que la Inteligencia Artificial va a pasar a las personas por encima. Él, que viene de la tecnología, baja mil cambios: "Inteligencia artificial, donde más nos está ayudando hoy es en la parte de desarrollo, pero la comunicación es humana, tiene un impacto enorme y es principalmente humana y eso es irreemplazable".
En sintonía con ello, hace referencia al sistema educativo actual: "Hoy hay colegios donde te siguen evaluando por tu memoria y eso es ridículo, pero era ridículo ya hace 10, 15 años. Hoy la verdadera habilidad es aprender a aprender en un mundo tan dinámico". De hecho, prefiere que su propia hija aprenda algo artístico antes que llenarla de datos técnicos, "para desarrollar su cabeza y su empatía".
Entregarse al universo y el arte de soltar el volante
El libro se llama En Foco, pero para Alejandro, eso no significa vivir obsesionado o con anteojeras corriendo atrás de un objetivo. Estar en foco es saber elegir en dónde ponés tu tiempo. Y en todo este tiempo de explorar el mapa, aprendió una lección durísima: soltar el volante. Lo llama "entregarse al universo", y lo explica de una manera muy simple: "Entregarse al universo no es resignarse, es enfocarse en lo que realmente está en las manos de uno, que la verdad es que son pocas cosas, hay pocas variables, son nuestras decisiones, nuestras acciones y nuestra forma de percibir el mundo". "Aceptar que el resto de las cosas no dependen de nosotros es, en sus propias palabras, difícil y hay que aceptarlo", añade.
Para concluir, si hoy le dieran la oportunidad de tomarse un café con ese pibe que miraba asustado el mapa en negro, sin saber para dónde patear, Alejandro no le armaría un plan de negocios ni le pasaría la fórmula del éxito. Le daría un consejo muchísimo más simple: "Creérsela un poco más, no dudar tanto y moverse".
Esa es su verdadera bandera, la que aplica para la empresa, para la familia y para la vida misma. Porque al final, según él, todo se resume en tres acciones que no fallan nunca: "Movéte, aprendé y probá de nuevo".