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Emprendedor prodigio: tiene apenas 16 años y es dueño de 2 locales de focaccia que son un éxito

El joven panadero apostó por recetas simples y redes sociales para transformar un pequeño comercio en un fenómeno. Prepara una apertura en el Barrio Chino
30/05/2026 - 05:04hs
Emprendedor prodigio: tiene apenas 16 años y es dueño de 2 locales de focaccia que son un éxito

A las 7 de la mañana, antes de ir al colegio, Marc Míguez ya estaba amasando focaccias en la cocina de su casa. Tenía 15 años, un horno eléctrico chico comprado con sus ahorros y un local de apenas 3 metros cuadrados sobre avenida Callao que todavía intentaba hacer funcionar. Durante semanas vendió una, dos o tres focaccias por día. Meses después, después de explotar en TikTok, ese mismo local empezó a tener filas de una cuadra y jornadas en las que agotaba 300 sandwiches en apenas cuatro horas.

Hoy, con 16 años, ya tiene dos locales abiertos -uno en Recoleta y otro en San Telmo- y prepara una nueva apertura en el Barrio Chino. La Casetta Focaccia, el proyecto que empezó como una idea escrita en un cuaderno del colegio, se presenta como "la segunda focaccería más chiquita del mundo" y busca crecer con un formato de espacios mínimos, carta reducida y fuerte presencia en redes sociales.

"No había plata para arrancar. Empezamos haciendo todo nosotros", contó Marc a iProfesional.

De un curso infantil a una carrera profesional

Marc creció en una familia atravesada por el arte. Sus padres son artistas callejeros, su hermano bailarín de danza clásica y su hermana actriz. Ahí, dice, encontró en la cocina una forma propia de expresión desde muy chico: "Yo siempre digo que encontré mi arte en la cocina. Era el lugar donde me podía expresar y donde me sentía cómodo".

A los seis años hizo un curso infantil de gastronomía en Mar del Plata y desde entonces empezó a cocinar cada vez más seguido en su casa. Dos años después armó "El Rulo Creaciones", un pequeño emprendimiento donde vendía tortas, tartas y empanadas a familiares, amigos y vecinos.

"Me gustaba cocinar y también me gustaba generar mi propia plata", recordó.

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Hoy la marca ofrece cuatro variedades de sandwiches, que cuestan unos 15.000 pesos

A los 12 años se mudó junto con su familia a Buenos Aires porque su hermano había sido convocado para continuar su formación en el Teatro Colón. En paralelo al colegio empezó a estudiar profesionalmente gastronomía en el Instituto Gastronómico Internacional (IGI), donde terminó la carrera a los 15 años.

Según cuenta, además de cocina, esa etapa también le permitió empezar a entender cómo funcionaba un negocio gastronómico desde adentro. "Me dio bases muy importantes y también nociones de finanzas y de cómo manejar una empresa", aseguró.

Mientras cursaba el secundario empezó a escribir proyectos gastronómicos en cuadernos. Uno de ellos consistía en transformar un kiosco de diarios en una focaccería. En ese momento comenzaban a aparecer cafeterías montadas dentro de puestos de diarios y él buscaba darle otra vuelta al formato.

"Había hecho análisis FODA (herramienta que evalúa las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas de una empresa), análisis de mercado y todo el desarrollo del concepto", explicó.

La idea original nunca pudo avanzar porque la habilitación no permitía vender alimentos en esos puestos. El proyecto quedó guardado durante meses hasta que apareció una oportunidad inesperada.

Tiempo después empezó a trabajar junto con Marcelo, hoy su socio, en caterings, buffets y eventos gastronómicos. Ahí surgió la posibilidad de ocupar un pequeño local sobre Callao y Juncal que no estaba funcionando.

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Con 16 años, Marc ya tiene dos locales abiertos -uno en Recoleta y otro en San Telmo- y prepara una nueva apertura en el Barrio Chino

"Cuando me dijo que el local tenía 3 metros cuadrados pensé automáticamente en ese proyecto que había guardado", contó.

Un modelo de locales chicos y carta reducida

La Casetta nació con una lógica simple. Espacios pequeños, pocos productos y una operación controlada para reducir costos y simplificar la producción. La primera sucursal abrió en Callao 1290, en Recoleta. Después llegó el segundo punto en Defensa 880, en San Telmo, y ahora el proyecto trabaja sobre una próxima apertura en el Barrio Chino.

"Pensé en una focaccería muy simple, que recuerde a lo italiano y que funcione casi como un puesto de diarios", explicó.

Hoy la marca ofrece cuatro variedades de sandwiches y cada local tiene una focaccia exclusiva vinculada con el barrio donde está ubicado. En San Telmo, por ejemplo, incorporaron una versión inspirada en el choripán, mientras que para el futuro local del Barrio Chino proyectan desarrollar una opción con influencia oriental.

El valor de cada sandwich ronda los 15.000 pesos

La Casetta abrió con una estructura mínima. Marc producía las focaccias desde su casa utilizando un horno eléctrico pequeño comprado con los ahorros que había generado con su emprendimiento anterior. Mientras él estaba en el colegio, su papá quedaba a cargo del local.

Las primeras semanas fueron lentas. Hubo días en los que vendían apenas una focaccia y semanas completas donde llegaban a vender alrededor de 15 sandwiches.

El video que cambió todo

En paralelo, Marc empezó a subir contenido a redes sociales para mostrar el detrás de escena del proyecto. La idea era documentar el crecimiento del negocio desde cero.

"No sabía editar videos. El primero tardé diez días en hacerlo porque aprendí mirando tutoriales", recordó.

La serie se llamaba "Día 1 de 50 hasta que mi focaccería sea un éxito". El primer video alcanzó alrededor de 500.000 reproducciones y empezó a generar movimiento en el local. Sin embargo, el salto más fuerte llegó cuando el creador de contenido gastronómico Alan Gold visitó La Casetta y publicó un video sobre el proyecto: "Al otro día teníamos una fila de una cuadra y yo había producido solamente 30 focaccias".

La repercusión obligó a reorganizar toda la operación casi de inmediato. Primero aumentaron la producción utilizando hornos prestados por vecinos y después avanzaron con una dark kitchen para centralizar la elaboración y responder a la demanda.

"Pasamos de vender cinco focaccias a vender 300 sandwiches en pocas horas. En cuatro horas nos quedábamos sin stock", explicó.

Hoy el negocio mantiene una estructura chica, aunque con una producción mucho más organizada que durante los primeros meses. Según cuenta, el objetivo sigue siendo crecer sin perder calidad.

La exposición en redes sociales también llevó a Marc a participar en programas de televisión, radios y streams. En pocos meses pasó por más de 40 medios y plataformas digitales. Incluso fue convocado por Endeavor para participar de una charla frente a 15.000 personas en el Movistar Arena.

"Todo eso también te forma muchísimo. Aprendés a comunicar, a manejarte y a entender cómo funciona un proyecto", aseguró.

Gran parte de las críticas que recibe en redes sociales, cuenta, están vinculadas con la idea de que detrás del negocio hay una familia con respaldo económico. Él suele responder con la historia de sus padres y con la forma en la que se armó el proyecto.

"Crecí viéndolos trabajar todo el tiempo. Eso también me formó muchísimo", afirmó.

Mientras continúa estudiando en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), la escuela fundada por el chef Ariel Rodríguez Palacios, y sigue involucrado en la operación diaria de La Casetta, Marc asegura que todavía piensa el proyecto principalmente como una instancia de aprendizaje.

"Mi sueño desde que tengo seis años es aprender, formarme y proyectar. Tener un emprendimiento a los 16 años te enseña muchísimo todos los días", concluyó.