PRODUCCIÓN LECHERA

En un pueblo bonaerense nace el tambo más grande y futurista de la región: 6.000 vacas ordeñadas por 100 robots

La automatización transforma el trabajo rural y cambia el destino de los tambos tradicionales en medio de la crisis que afecta al sector lácteo
Por Diego Mañas
NEGOCIOS - 29 de Mayo, 2026

Arenaza es una localidad del partido de Lincoln, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. Tiene poco más de 2.000 habitantes, una plaza central, comercios de barrio y el ritmo tranquilo de los pueblos rurales de la pampa húmeda. Pero en los campos que rodean el casco urbano se están terminando de levantar cuatro galpones de dimensiones industriales —236 metros de largo por 84 metros de ancho cada uno— que en conjunto cubrirán ocho hectáreas de tierra. Son tan grandes que cada uno equivale a más de una manzana completa de cualquier ciudad argentina.

Adentro no habrá maquinaria pesada ni depósitos de granos. Habrá vacas. Unas 6.000 en total, de la raza Holando, viviendo permanentemente bajo techo, alimentadas de manera continua, monitoreadas por sensores digitales y ordeñadas, cuando ellas lo decidan, por robots. Casi un centenar de ellos.

Es el megatambo del Grupo Duhau, y cuando alcance su plena capacidad operativa —prevista para los primeros meses de 2027— producirá hasta 300.000 litros de leche por día. Para tener una referencia: eso equivale a cerca del 1% de toda la producción lechera diaria de la Argentina, concentrada en un único establecimiento.

Alberto Duhau: el hermano que se fue al mar y volvió con una idea

El Grupo Duhau es uno de los emporios agropecuarios más importantes del país. Su cara pública es Enrique Duhau, figura conocida en el mundo de los negocios rurales. Pero el cerebro detrás de este proyecto es Alberto, el hermano menos conocido, y por razones muy concretas: hace cincuenta años que vive fuera de la Argentina, navegando a bordo de un velero por los océanos del mundo y dedicándose a la producción de leche de búfala en Venezuela.

Fue Alberto quien convenció al resto de la familia de dar el salto más audaz de su historia empresarial. El plan lo diseñó él mismo, después de recorrer mega establecimientos lecheros en Estados Unidos, Canadá y Chile. Lo que vio en esos viajes lo convenció de que el modelo de confinamiento total —vacas que nunca salen al campo, que viven en galpones climatizados y son ordeñadas por robots— no solo era técnicamente superior al tambo tradicional pastoril argentino, sino también más rentable, más sustentable y, paradójicamente, más respetuoso del bienestar animal.

La familia ya tenía presencia en el sector lechero: cuatro tambos convencionales con unas 2.500 vacas en producción. Este proyecto no reemplaza esa actividad sino que la multiplica y la transforma radicalmente. Muchas de esas vacas que hoy pastan en potreros serán gradualmente incorporadas al sistema bajo techo.

Cuando todos los galpones estén operativos el megatambo Duhau habrá consolidado su condición de caso único en el continente. 

Qué hay adentro de esos galpones: tecnología que no se había visto en el país

Los cuatro galpones —dos ya terminados, dos en construcción— se asientan sobre una plataforma de cemento ligeramente inclinada, con una pendiente del 2% desde el centro hacia los bordes. Esa pendiente permite que el sistema de lavado automático de los pisos —conocido como flushing— escurra sin dificultad los desechos de los animales. Para lograr ese desnivel se movieron 310.000 metros cúbicos de tierra, equivalentes a 22.000 viajes de camión.

Las camas donde descansan las vacas están hechas de arena, un material que puede parecer sorprendente pero que resulta ideal para el bienestar del animal: es fresco, no acumula bacterias con la misma facilidad que otros materiales y proporciona una superficie de apoyo similar a la del suelo natural. El sistema de tratamiento de efluentes recupera esa arena para reutilizarla, recicla el agua del lavado y convierte los sólidos orgánicos en biofertilizante, que luego se aplica en los propios cultivos del campo. Todo el circuito funciona de manera automatizada y se alimenta, en parte, con energía solar.

En verano, aspersores de agua y ventiladores industriales mantienen la temperatura interna dentro de rangos confortables para los animales. Hay sectores diferenciados para vacas en distintas etapas productivas, y una "maternidad" —instalada en un galpón independiente de una hectárea— donde nacen y se crían las terneras que repondrán el rodeo en el futuro.

Pero el elemento más llamativo, el que convierte este tambo en un caso sin precedentes en el continente, son los robots de ordeño. Hay 24 por cada galpón, ubicados estratégicamente en el centro de cada nave. Al completarse los cuatro galpones, el establecimiento contará con 96 robots en total, todos de la marca holandesa Lely, la empresa que inventó esta tecnología hace más de treinta años.

Una cuenca lechera que crece mientras su industria desaparece

La paradoja que rodea a este proyecto no es menor. Mientras el Grupo Duhau concreta la inversión productiva más grande de la historia local, Arenaza y la zona de Lincoln atraviesan una situación industrial que apunta en sentido contrario.

En el mismo pueblo donde se levanta el megatambo existía hasta hace poco tiempo una gran planta procesadora de lácteos con una historia que recorre buena parte de la industria lechera argentina. El establecimiento perteneció sucesivamente a Mendizábal, luego a Nestlé, más tarde a SanCor, después a Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA) —que elaboraba productos con licencia de SanCor— y finalmente a La Suipachense. La planta cerró, cayó en quiebra y hoy está abandonada y siendo vandalizada. Decenas de puestos de trabajo se perdieron en una localidad donde cada empleo formal tiene un peso enorme.

Mientras el Grupo Duhau concreta la inversión productiva más grande de la historia local,  la zona atraviesa una situación industrial que apunta en sentido contrario

La situación de esa fábrica no es un accidente aislado sino el síntoma de una crisis profunda que atraviesa la industria láctea argentina. SanCor, la cooperativa fundada en 1938 que llegó a procesar más de cuatro millones de litros diarios y fue durante décadas el símbolo del cooperativismo lechero nacional, fue declarada en quiebra en abril de 2026 por la Justicia de Santa Fe, con pasivos que superan los 120 millones de dólares. Lácteos Verónica acumula deudas con múltiples entidades financieras y enfrenta una situación de incertidumbre laboral que involucra a 700 trabajadores. La Suipachense también aparece en la lista de empresas en problemas.

El resultado es que en la zona de Lincoln y Arenaza se produce cada vez más leche —el polo lechero local aspira a alcanzar los 350.000 litros diarios en el corto plazo— pero el 80% de esa materia prima debe viajar entre 600 y 700 kilómetros para ser procesada, porque la capacidad industrial local es insuficiente para absorberla. "Las pymes locales, que son unas 16, no pueden absorber semejante volumen de producción", reconoció Gerardo Vassallo, secretario de Producción del partido de Lincoln. La reactivación de la vieja planta está sobre la mesa como prioridad política, pero los desafíos son considerables.

El contexto: una lechería argentina que produce más pero con menos actores

Lo que ocurre en Arenaza no es un fenómeno aislado sino la expresión más extrema de una tendencia que está redibujando la producción lechera argentina de manera acelerada.

Argentina cerró 2025 con 11.617 millones de litros producidos, el mayor volumen de la última década. En enero de 2026 la producción creció casi un 10% respecto al mismo mes del año anterior, acercándose a los récords históricos de 2015. Las exportaciones de lácteos alcanzaron en 2025 las 425.000 toneladas, el nivel más alto desde 2013. Los números son, en apariencia, alentadores.

Sin embargo, Argentina terminó 2025 con menos de 9.000 tambos activos, perforando un piso histórico. En la última década desaparecieron miles de establecimientos, especialmente los medianos —aquellos que producían entre 2.000 y 10.000 litros diarios— que no lograron dar el salto tecnológico ni acceder al financiamiento necesario para competir. Los que sobreviven y crecen son, en su mayoría, los grandes.

El proyecto de los Duhau genera además un impacto concreto en la economía local. Arenaza, que había perdido dinamismo comercial con el declive de la actividad agropecuaria tradicional, vio reabrir su estación de servicio y registra un movimiento inusual de camiones, proveedores y técnicos que antes no tenía. Se estima que el megatambo en plena operación dará empleo directo a unas 50 personas, una cifra relevante para una localidad de 2.000 habitantes.

El megatambo del Grupo Duhau producirá hasta 300.000 litros de leche por día

Para los jóvenes que se reciben en escuelas técnicas y agropecuarias de la región, el perfil del trabajo lechero está cambiando. "Hoy un joven tiene la posibilidad de desarrollarse en estos establecimientos sin tener que irse a otros lugares", afirmó Vassallo, el funcionario de Lincoln. Monitorear robots, interpretar datos de producción, gestionar sistemas automatizados de alimentación: esas son las habilidades que demanda el tambo del siglo XXI.

Lo que viene: 300.000 litros diarios y la industria que mira de reojo

Cuando todos los galpones estén operativos —el cronograma apunta a comienzos de 2027— el megatambo Duhau habrá consolidado su condición de caso único en el continente. Seis mil vacas Holando viviendo en confinamiento total, ordeñadas a voluntad por 96 robots, produciendo individualmente unos 40 litros diarios, sumando en conjunto 300.000 litros que saldrán en camiones hacia las industrias procesadoras.

El proyecto es también, a su manera, un espejo incómodo para la lechería argentina en su conjunto. Mientras las grandes cooperativas nacionales se derrumban y el mapa industrial se extranjeriza a un ritmo sin precedentes, la producción primaria se concentra en manos de pocos operadores con acceso al capital y la tecnología. Los mismos factores que hacen posible al megatambo Duhau —escala, automatización, integración vertical, financiamiento— son los que están dejando afuera a miles de tambos medianos que no pueden competir en igualdad de condiciones.

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