ECONOMÍA CIRCULAR

Emprendedores reciclan miles de botellas de lavandina para fabricar cosas que usamos todos los días

Fundado en Necochea, el emprendimiento provee productos a McDonald's, Toyota y Lollapalooza, y trabaja con un taller que emplea personas con discapacidad
Por Laura Andahazi Kasnya
NEGOCIOS - 02 de Junio, 2026

Ingrid Christensen Balsategui y Ezequiel Rolla construyeron desde Necochea un emprendimiento de triple impacto que transforma botellas de lavandina, bidones y otros residuos plásticos en placas, muebles y objetos de diseño. Con Necológica facturan alrededor de $5 millones mensuales, trabajan junto a un taller protegido que emplea personas con discapacidad y ya desarrollaron proyectos para grandes empresas. Sin embargo, hoy enfrentan un desafío que limita su crecimiento ya que necesitan invertir unos u$s50.000 para fabricar la maquinaria que les permita atender una demanda que actualmente deben rechazar.

El emprendimiento nació hace siete años con el objetivo de demostrar que los residuos plásticos pueden convertirse en productos de calidad y valor agregado. Desde entonces recuperaron más de 30.000 kilos de plástico y construyeron una empresa que combina diseño industrial, economía circular e inclusión laboral.

En 2019 Christensen acababa de regresar a Necochea después de graduarse como licenciada en Diagnóstico y Gestión Ambiental en Tandil. Quería ejercer su profesión en la ciudad donde había crecido, pero pronto descubrió que las oportunidades laborales eran escasas. "Necochea tiene poca industria y no había mucha salida laboral para mi profesión", recuerda en diálogo con iProfesional.

Frente a ese escenario decidió abrir una cuenta de Instagram para divulgar contenidos sobre problemáticas ambientales locales.

Entre quienes seguían sus publicaciones estaba Ezequiel Rolla, diseñador industrial oriundo de Capitán Sarmiento. Acababa de convertirse en padre y planeaba mudarse a Necochea junto a su familia. Interesado desde siempre por la sustentabilidad, encontró la cuenta de Christensen y decidió escribirle. "Me dijo: 'Está buenísimo todo lo que hacés, pero ¿qué te parece si empezamos a hacer algo con ese plástico?'", cuenta.

Rolla conocía Precious Plastic, una iniciativa internacional creada por un diseñador holandés que puso a disposición de cualquier persona los planos para fabricar máquinas capaces de reciclar plástico a pequeña escala. El proyecto promovía la creación de microindustrias basadas en la economía circular y despertó el interés de ambos emprendedores.

Primero fabricaron composteras y realizaron actividades de educación ambiental. Luego alquilaron un pequeño taller y comenzaron a experimentar con plástico reciclado utilizando herramientas improvisadas, un horno recuperado y pequeñas prensas artesanales.

"Nosotros no nos conocíamos. Arrancamos haciendo composteras porque para poner una fábrica de plástico reciclado hacía falta un montón de equipamiento que no teníamos. Además, había que ver si nos llevábamos bien trabajando juntos", recuerda entre risas.

El proyecto Precious Plastic, una tesis holandesa de código abierto, les dio los planos iniciales

Con el tiempo construyeron una prensa calefaccionada inspirada en los diseños de Precious Plastic y comenzaron a fabricar sus primeras placas recicladas.

Eran piezas pequeñas de apenas 35 por 35 centímetros que utilizaban para producir banquitos, soportes para notebooks, bases para celulares y otros objetos sencillos.

Aquellos primeros productos les permitieron validar una idea que por entonces todavía generaba escepticismo. El plástico reciclado podía convertirse en un material de diseño y no únicamente en un producto asociado a la gestión de residuos.

Actualmente, la empresa está integrada por los dos socios, dos colaboradores y mantiene tres unidades de negocio: la venta de placas, la fabricación de productos propios y el desarrollo de soluciones personalizadas para empresas.

Transforman bidones de lavandina en sillas, mesas y placas con diseño y gestión ambiental

Un modelo que combina diseño, reciclaje e inclusión laboral

Uno de los pilares de Necológica es la alianza que mantiene con "Todo por Ellos", una asociación civil de Necochea que emplea personas con discapacidad y participa en la recuperación de materiales reciclables. Actualmente, más del 80% de la materia prima utilizada por la empresa proviene de esa organización.

Los trabajadores clasifican los residuos por tipo y color, los muelen, lavan y secan. El material llega luego a la planta de Necológica convertido en escamas listas para ser procesadas y transformadas en nuevos productos.

La relación permite generar impacto en varios niveles. Por un lado, evita que miles de kilos de plástico terminen enterrados o dispersos en el ambiente. Por otro, genera trabajo para personas con discapacidad y fortalece una actividad económica local vinculada a la economía circular.

El material principal con el que trabajan es polietileno de alta densidad, identificado con el número dos dentro de la clasificación de plásticos y presente en numerosos envases de productos de limpieza.

Las placas no se oxidan, no les afecta la humedad y se limpian con cualquier detergente

"El plástico es un material increíble. Es súper durable, no se oxida, no se abicha, soporta humedad y productos de limpieza. El problema no es el plástico, sino qué hacemos cuando lo descartamos", sostiene Christensen.

A diferencia de otros fabricantes, Necológica evita mezclar distintos tipos de plástico. Cada material se procesa por separado para preservar sus propiedades, garantizar la calidad de las placas y facilitar que los productos puedan volver a reciclarse una vez concluida su vida útil.

"Nos enfocamos durante años en mejorar las placas", explica Christensen. El resultado son superficies compactas, resistentes, higienizables y aptas para aplicaciones donde materiales tradicionales como la madera suelen deteriorarse por la humedad o el uso intensivo. "Me atrevo a decir que nuestras placas están entre las de mejor calidad de Argentina", afirma.

Con esas placas producen muebles, revestimientos, accesorios para oficinas, productos para baños, cestos de residuos y regalos corporativos. También desarrollan soluciones personalizadas para empresas interesadas en incorporar materiales reciclados a sus estrategias de sustentabilidad.

El 80% de la materia prima la provee un taller que emplea personas con discapacidad

Durante los últimos años Necológica trabajó con clientes como La Anónima, participó en acciones vinculadas al festival Lollapalooza y desarrolló regalos corporativos para marcas como McDonald's y Toyota. Esta unidad de negocio representa actualmente cerca del 80% de sus ingresos.

Necesitan u$s50.000 para crecer y seguir ayudando al planeta

Necológica factura alrededor de $5.000.000 mensuales. Para una empresa de cuatro personas, con alquiler de taller, maquinaria y costos de producción, el margen es ajustado. "El semestre pasado fue durísimo", resume Christensen.

La caída del consumo provocó una baja cercana al 50% en las ventas y obligó a reducir la jornada laboral del equipo. "No sabíamos que nos iba a impactar tanto", reconoce.

Sin embargo, el cuello de botella estructural del negocio no es la demanda —que existe y crece— sino la escala de producción. La placa que fabrican hoy mide 70 por 70 centímetros. El mercado les pide placas de 122 por 170. Cada día reciben alrededor de cinco consultas de clientes potenciales que preguntan por medidas más grandes y se van cuando escuchan la respuesta. "Es impresionante cómo se nos caen presupuestos por el tamaño de la placa", dice Ingrid.

El problema es que las máquinas para fabricar placas de ese tamaño no existen en Argentina. Hay que diseñarlas y construirlas desde cero, o adaptar equipos existentes. La inversión necesaria ronda los u$s50.000. Una cifra que, para un emprendimiento que creció sin financiamiento externo, es por ahora un horizonte antes que una meta inmediata.

Aunque trabajan juntos desde los inicios del proyecto, formalizaron la sociedad hace apenas dos años, por lo que recién ahora comienzan a contar con balances y antecedentes que les permitan buscar financiamiento, créditos o potenciales inversores. Están abiertos a inversores. Un crédito blando también entraría en el análisis.

El plástico que procesan puede volver al inicio del ciclo: ningún residuo queda afuera

El potencial exportador tampoco está descartado. Ya recibieron consultas desde otros países y observan oportunidades especialmente en mercados limítrofes, donde existen pocas alternativas similares.

Después de transformar más de 30 toneladas de residuos en placas, muebles y objetos de diseño, el próximo desafío de Necológica es conseguir el capital necesario para escalar. Si logra concretar la inversión que necesita, este emprendimiento de triple impacto podrá fabricar placas de mayor tamaño, acceder a nuevos mercados y multiplicar el alcance de una propuesta que nació en un pequeño taller de Necochea y hoy busca jugar en una escala mucho mayor.

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