SECTOR LÁCTEO

La Suipachense: cómo es la nueva etapa de la fábrica tras su salida de la quiebra

Tras meses de incertidumbre, la planta reabre sus puertas. Detalles sobre la capacidad productiva, la vuelta de los trabajadores y el futuro de la marca
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 02 de Junio, 2026

ras nueve meses de incertidumbre, acampe y angustia, la planta de La Suipachense reabrió sus puertas, marcando un hito de esperanza para la industria láctea nacional y, fundamentalmente, para las familias que dependen de su producción.

Durante casi tres trimestres, los operarios mantuvieron una vigilia constante frente a la fábrica ubicada en la ciudad bonaerense de Suipacha, una medida de fuerza que, según las autoridades locales y el propio gremio ATILRA, fue determinante.

Gracias a este "blindaje" humano, se evitó el vaciamiento de activos críticos, como la planta de secado de leche en polvo y las líneas de envasado, que hoy son el motor del reinicio productivo.

Ahora y bajo la órbita de un nuevo operador privado, liderado por el empresario Pablo Acsi, exdirectivo de Parmalat, la planta retoma sus operaciones.

Esto fue posible gracias a que el Juzgado Civil y Comercial de Mercedes, a cargo del juez Leandro Julio Enríquez, autorizó el alquiler de la planta ubicada en Balcarce 1275.

También permitió ceder sus maquinarias, implementos y marcas comerciales, entre ellas Lácteos Conosur, La Suipachense con vos desde siempre y La Suipachense, a la firma Compañía Láctea Suipacha S.A., encabezada por este empresario con amplia trayectoria en el sector lácteo.

Esquema productivo

La medida representa el primer paso concreto hacia la reactivación de una usina con más de siete décadas de historia, que en su mejor momento procesó 250.000 litros diarios de leche y empleó a 140 personas.

En este sentido, la reapertura de la planta ocurre con un perfil renovado y un esquema gradual:

  • Fase inicial: Procesamiento de 50.000 litros de leche diarios (un 20% de su capacidad histórica)
  • Reincorporación: Se estima la vuelta al ruedo de entre 25 y 30 trabajadores en esta primera etapa, con la mira puesta en ampliar la dotación a medida que la producción gane mercado
  • Líneas de producción: El foco estará puesto en la elaboración de leche entera (tetra), yogures y leche en polvo. Por el momento, el sector de quesos permanecerá inactivo

Modelo social

Al respecto, el intendente de Suipacha, Juan Luis Mancini, destacó el papel del juez a cargo de la quiebra, quien autorizó el alquiler de la planta.

Esta figura legal permite que el establecimiento siga funcionando como una "empresa en marcha", lo cual incrementa su valor y garantiza que los ingresos obtenidos mediante la explotación se destinen al pago parcial de las deudas generadas durante la crisis.

"Una fábrica funcionando vale mucho más que una parada y oxidada. Este modelo no solo protege el patrimonio de los acreedores, sino que sostiene el tejido social de nuestro municipio", subrayó Mancini durante el anuncio oficial.

La quiebra de La Suipachense, decretada en noviembre de 2025, había dejado a 140 empleados en la calle y sumido a la región en una profunda crisis económica.

En aquel momento, la empresa era controlada por el grupo venezolano Maralac a través de Lácteos Conosur S.A., la misma firma que operó la quebrada ARSA (yogures SanCor).

A partir de un proceso de caída permanente, llegó a acumular una deuda post concursal de $8.458.599.415,78 en cheques rechazados y enfrentó reclamos gremiales superiores a los $1.000 millones.

El rol del gremio

Tras el fracaso del concurso preventivo, el juzgado decretó la quiebra directa y abrió la etapa de liquidación en noviembre de 2025.

Durante los meses siguientes, los trabajadores sostuvieron un acampe permanente frente a la planta, acompañados por el sindicato ATILRA y con el respaldo del municipio local.

Aunque el camino hacia la recuperación total es largo, este reinicio se lee en el sector como una señal de resiliencia frente a un contexto macroeconómico complejo para el consumo de lácteos en Argentina.

La reapertura de La Suipachense no es solo la reactivación de una fábrica sino que también representa un evento de alto impacto social para una ciudad pequeña como Suipacha que genera un efecto dominó que trasciende la nómina de empleados directos.

Cuando una planta industrial de este tipo vuelve a encender sus motores, el flujo de capital inyectado genera un impacto en varios niveles.

La demanda de 50.000 litros diarios (en esta primera etapa) requiere una logística de recolección de leche fluida. Esto da aire a los tambos locales y zonales que habían perdido a su comprador principal, permitiéndoles retomar el ciclo productivo y mejorar su flujo de caja.

Además, una planta activa demanda servicios de transporte (fletes), mantenimiento eléctrico, mecánica industrial, seguridad y servicios de insumos (envases, cartón, plástico).

Este trabajo se contrata mayoritariamente en el radio local, movilizando a las PyMEs de servicios que también estaban sufriendo la parálisis del sector.

Efecto dominó

Por otra parte, los trabajadores que vuelven a recibir un salario formal se convierten en consumidores inmediatos en comercios de cercanía, almacenes y farmacias de Suipacha.

En pueblos pequeños, el salario industrial tiene una velocidad de circulación local muy alta, lo que fortalece la economía de subsistencia del municipio.

Este proceso ocurre en un momento donde el sector lácteo atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas (ejemplificado por la quiebra de SanCor en abril de 2026 y la parálisis de plantas como las de Lácteos Verónica).

Mientras que la tendencia general del sector en este 2026 es el achicamiento y la pérdida de empleo formal, Suipacha se posiciona como una excepción. Esto puede convertir a la localidad en un hub de resiliencia láctea, donde la especialización técnica de sus trabajadores y la infraestructura remanente atraigan el interés de otros jugadores del mercado que busquen plantas "llave en mano" con personal capacitado.

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