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ALERTA

Del ascenso al ocaso: ¿qué pasa con Kioshi, el símbolo de la producción de calzado local?

La firma, que nació para democratizar el acceso al calzado deportivo mediante una estructura de producción 100% nacional, atraviesa una etapa terminal
02/06/2026 - 17:48hs
Producción de calzado

La historia de Kioshi Footwear ha sido, hasta hace poco, una crónica de crecimiento acelerado y resiliencia industrial.

Fundada en 2017 por Emmanuel Fernández y Juan Manuel Moreno, la empresa logró hacerse un lugar en el competitivo segmento medio del calzado deportivo.

Pero también se convirtió en un caso de estudio sobre la posibilidad de producir a escala internacional con sello argentino.

Hoy, sin embargo, la realidad de su planta ubicada en la localidad bonaerense de Esteban Echeverría, refleja las tensiones de un sector que atraviesa una reconfiguración profunda derivada del cambio de modelo económico hacia la apertura de las importaciones.

Su dueño confirmó una reducción drástica de su planta, pasando de 120 a solo 15 empleados.

La situación se atribuye al desplome del consumo, la apertura de importaciones y la competencia desleal.

Kioshi: "el gran maestro" en problemas

Hasta ahora, Kioshi había logrado lo que pocos competidores del segmento pudieron sostener: una integración vertical completa.

Desde la inyección de suelas de EVA y prensas de caucho hasta el tejido de capelladas y el ensamble final, la empresa controlaba toda su cadena de valor.

Con una capacidad de producción que llegó a picos de hasta 2.000 pares diarios y una infraestructura tecnológica equiparable a las plantas asiáticas, la marca se consolidó como una alternativa sólida frente al producto importado, logrando una capilaridad de distribución que abarcaba desde Ushuaia hasta La Quiaca.

Su nombre significa "el gran maestro" en japonés y el proyecto surgió con el objetivo de cubrir el segmento medio del calzado deportivo en Argentina: productos cómodos, funcionales y accesibles, alejándose del posicionamiento premium o de lujo.

Su modelo industrial se distingue por ser una empresa de producción 100% nacional y con integración vertical y con tecnología internacional (maquinaria similar a la utilizada en Asia) y un laboratorio de calidad para ensayos de resistencia.

Con el paso de los años, lograron expandir su oferta que inicialmente se había enfocado en running y urbano, pero que también llegó al fútbol (botines para futsal, papi y cancha de 11) y calzado escolar, aprovechando incluso compras gubernamentales (como el programa de entrega de zapatillas del Municipio de Esteban Echeverría).

Empresa del calzado: los factores de la crisis

Sin embargo, ese mismo esquema industrial. altamente intensivo en capital y mano de obra, es el que actualmente muestra mayores vulnerabilidades ante un escenario macroeconómico de bajo consumo y apertura comercial.

El enfriamiento del mercado local ha impactado de lleno en la estructura de costos de la compañía, al punto que varias fuentes del sector consultadas por iProfesional señalan tres variables críticas que explican el momento actual de la firma:

  • La presión de los costos fijos: Mantener una planta de gran escala, que supo ocupar instalaciones anteriormente pertenecientes a Extreme Gear, requiere un flujo de ventas constante que el mercado actual está dificultando. La rigidez de estos costos frente a una demanda retraída genera una tensión financiera insostenible en el corto plazo.
  • Competencia y márgenes: Con una mayor apertura a las importaciones, Kioshi se enfrenta al desafío de sostener un modelo de "calidad accesible" mientras los costos operativos internos crecen a un ritmo que no siempre puede trasladarse al precio final sin perder competitividad.
  • El fin del "viento de cola" industrial: La marca, que supo aprovechar nichos como las compras gubernamentales y la diversificación hacia el fútbol y el calzado escolar, hoy observa cómo esos mercados también se han contraído, exigiendo una reingeniería urgente de su cartera de productos.

A partir de estos factores, el futuro inmediato de la firma parece estar en una etapa de definición con los dueños de la empresa explorando alternativas para asegurar su continuidad.

Cómo salir

Entre las opciones se encuentra el ajuste de portafolio para concentrar los esfuerzos en una focalización estricta en las líneas de mayor rotación y rentabilidad, descartando segmentos de nicho que hoy resultan deficitarios o demasiado costosos de producir localmente.

También podría encarar un proceso de reingeniería financiera mediante la búsqueda de alternativas para aliviar el pasivo operativo y renegociar plazos, un movimiento necesario para oxigenar la caja frente a la caída del consumo masivo.

Otra opción sería la de tejer alianzas estratégicas o una posible entrada de socios o inversores que busquen aprovechar la capacidad instalada de la planta para diversificar la producción hacia otros sectores, apalancándose en la tecnología de inyección de materiales con la que ya cuentan.

Pero la pregunta que resuena en la industria no es solo qué pasará con Kioshi, sino si el actual contexto permitirá la supervivencia de proyectos que apostaron por el valor agregado nacional en un mercado que, hoy, exige una eficiencia de costos extrema.

Se trata de un sector, como el del calzado, que vive días de reconfiguración.

Luchar por la competitividad

Mientras la apertura de importaciones presiona los márgenes de rentabilidad, las pymes industriales deben decidir entre la especialización o la reducción de escala.

Para Kioshi, el desafío es doble porque, por un lado debe mantener una planta de gran envergadura que requiere un flujo de ventas constante que el mercado actual está dificultando.

Por el otro, tiene que seguir luchando por la competitividad ya que se consolidó por ofrecer calidad a precio accesible, un equilibrio que hoy se ve tensionado por la inflación de costos y la recesión que afecta directamente a su público objetivo.

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