Nicola Catena: el inmigrante que inició la dinastía que hizo famoso al Malbec argentino
Nicola Catena llegó a la Argentina a fines del siglo XIX con una convicción que pocos compartían: que Mendoza podía producir vinos de calidad internacional. Proveniente de la región italiana de Le Marche, emigró a los 17 años y terminó dando origen a una de las dinastías vitivinícolas más importantes del país.
Su historia comenzó lejos de los viñedos mendocinos. Cuando arribó al país en 1898, no se instaló de inmediato en Cuyo. Durante tres años vivió en Peyrano, provincia de Santa Fe, alojado por una familia italiana amiga de sus padres. Recién después emprendió el viaje hacia Mendoza, donde encontraría la tierra que marcaría su destino.
Con un pequeño capital que había recibido de su familia antes de emigrar, compró una propiedad de 11 hectáreas a orillas del río Tunuyán. El terreno tenía apenas cuatro hectáreas de viñas mixtas y algunos olivos. Sin embargo, Nicola estaba convencido de que ese lugar tenía un potencial extraordinario.
En 1902 plantó sus primeras vides de Malbec y comenzó a desarrollar un proyecto que se diferenció de gran parte de la industria local de la época. Mientras la producción masiva dominaba el mercado mendocino, él apostó por una filosofía enfocada en los vinos finos y la calidad.
La tradición familiar recuerda que Nicola celebraba cada mañana su nueva vida en Argentina con un trozo de carne. Para un inmigrante europeo de principios del siglo XX, aquel gesto representaba una prosperidad impensada en su tierra natal y reforzaba su convicción de que había encontrado una oportunidad única.
Su visión fue el punto de partida de lo que décadas más tarde se convertiría en una de las bodegas más reconocidas del mundo.
Nicola Catena y el origen de la bodega que transformó el vino argentino
Aunque hoy el apellido Catena está asociado casi automáticamente al Malbec, Nicola tenía otra gran pasión: la Bonarda. La cepa era una de las preferidas por los inmigrantes italianos radicados en Argentina y él se convirtió en uno de sus principales defensores.
Esa preferencia dio origen a una de las historias más conocidas dentro de la familia. En los tradicionales almuerzos dominicales, Nicola y su hijo Domingo Vicente Catena protagonizaban debates sobre el futuro del vino argentino. Nicola defendía la Bonarda desde una punta de la mesa, mientras Domingo sostenía que el Malbec tenía un potencial mucho mayor.
Aquellas discusiones familiares terminaron convirtiéndose en una suerte de laboratorio de ideas que marcaría el rumbo de la empresa durante generaciones.
El legado de Nicola sigue vivo incluso en la actualidad. Como homenaje a su figura y a su pasión por esa variedad, la bodega elabora el vino Nicola Catena Bonarda, producido a partir de un viñedo centenario conducido en parral ubicado en El Mirador, en el departamento mendocino de Rivadavia.
Durante las primeras décadas de la compañía, la familia también desarrolló marcas históricas del mercado argentino como Crespi y Casa de Troya. En aquella etapa, la estrategia estaba orientada a un público mucho más amplio que el actual, muy lejos del posicionamiento internacional de alta gama que alcanzaría posteriormente.
Sin embargo, el crecimiento de la empresa recién comenzaba.
De Domingo Catena a Nicolás Catena Zapata: la revolución del Malbec de altura
En 1936, Domingo Catena asumió el control de la compañía y dio inicio a una nueva etapa. Bajo su conducción, la empresa se convirtió en una de las mayores propietarias de viñedos de Mendoza.
Su especialidad era la compra de uva y la venta de vino a granel para embotelladoras de todo el país, una estrategia que permitió ampliar significativamente la escala del negocio.
Pero Domingo también tenía una característica que resultaría clave para el futuro de la bodega: una extraordinaria capacidad para interpretar los distintos terroirs mendocinos. Considerado un gran "tipificador" o maestro del blend, identificó durante la década de 1940 que las uvas producidas en el Valle de Uco tenían cualidades superiores.
Décadas después, esa región se convertiría en uno de los territorios vitivinícolas más prestigiosos de la Argentina, confirmando la visión que había tenido mucho antes.
La tercera generación llegaría de la mano de Nicolás Catena Zapata, probablemente la figura más influyente en la historia moderna del vino argentino. Economista de formación, con doctorado en la Universidad Nacional de Cuyo y una maestría en la Universidad de Columbia, asumió la conducción de la empresa en 1963, en un contexto económico complejo para el país.
A diferencia de las generaciones anteriores, Nicolás decidió apostar por una transformación profunda del modelo productivo. Su objetivo era demostrar que Argentina podía competir de igual a igual con las grandes regiones vitivinícolas del mundo.
Para lograrlo impulsó una selección clonal científica destinada a rescatar las mejores plantas antiguas de Malbec del histórico viñedo Angélica. También profundizó la investigación sobre la viticultura de altura, convencido de que los viñedos ubicados en zonas elevadas podían ofrecer vinos de calidad excepcional.
Su apuesta terminó cambiando la percepción internacional sobre el vino argentino.
El lanzamiento de Nicolás Catena Zapata 1997 marcó un punto de inflexión. Los puntajes perfectos otorgados por críticos especializados de prestigio internacional posicionaron a la bodega entre las más importantes del mundo y demostraron que el Malbec argentino podía competir con los grandes vinos de Francia, Italia o Estados Unidos.
A partir de entonces, el apellido Catena dejó de ser solamente una referencia local para transformarse en una marca global asociada a la excelencia.
Más de un siglo después de que Nicola Catena comprara aquellas 11 hectáreas junto al río Tunuyán, la empresa continúa en manos de la familia. La cuarta generación está representada por Laura Catena, médica y científica, quien lidera la bodega junto al reconocido enólogo Alejandro Vigil.
Lo que comenzó con un joven inmigrante italiano que apostó por un pequeño viñedo mendocino terminó convirtiéndose en una de las historias empresariales más exitosas de la Argentina y en uno de los principales símbolos del vino nacional ante el mundo.