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Reactivan en Argentina la mayor planta de agua pesada del mundo con una inversión de u$s120 millones

Se presentó un proyecto para transformar un activo estatal paralizado desde 2017 en una plataforma de exportación vinculada a la energía nuclear
04/06/2026 - 13:01hs
Reactivan en Argentina la mayor planta de agua pesada del mundo con una inversión de u$s120 millones

La carrera por monetizar los recursos energéticos de Vaca Muerta acaba de sumar un nuevo capítulo. Esta vez no se trata de petróleo, gas natural ni infraestructura de transporte, sino de un insumo estratégico para la industria nuclear mundial que se pretende recuperar a partir de una iniciativa privada presentada por dos grupos locales.

SAESA, una de las principales comercializadoras privadas de gas natural del país, y SPARK Energy Solutions presentaron ante el gobierno nacional una propuesta de iniciativa privada para reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en la localidad neuquina de Arroyito.

La planta es considerada la mayor instalación de producción de agua pesada del mundo y el plan contempla una inversión de u$s120 millones destinada al reacondicionamiento, modernización tecnológica y puesta en marcha del establecimiento planta que permanece inactivo desde 2017 y que, según estimaciones de los impulsores del proyecto, genera actualmente costos de mantenimiento cercanos a los u$s12 millones anuales sin producir un solo kilogramo de óxido de deuterio (D₂O).

El proyecto tiene una dimensión económica que va más allá de la recuperación de un activo industrial ya que busca insertar nuevamente a la Argentina en un mercado global altamente especializado y con pocos jugadores, dominado actualmente por Canadá, India, Rumania y China.

Al respecto, Juan Bosch, CEO de SAESA, explicó que se trata de un activo estratégico único en el mundo.

"Con su reactivación, Argentina entra al Top 5 de productores mundiales de agua pesada. Hoy le cuesta al país más de 12 millones de dólares al año sin producir nada. Nuestra propuesta convierte ese pasivo en un activo exportador de primer nivel", aseguró.

La historia de un emblema de la política nuclear argentina

La historia de la PIAP es una de las más emblemáticas de la política nuclear argentina.

Construida con una inversión cercana a los u$s1.000 millones, la planta comenzó a operar comercialmente en 1993 y alcanzó su máximo nivel de producción hacia fines de la década de los noventa.

Su función principal consiste en producir agua pesada, un insumo indispensable para los reactores nucleares de tecnología CANDU, utilizados en países como Canadá, India, China, Rumania y Corea del Sur que Argentina también utiliza en sus centrales nucleares Embalse y Atucha.

Sin embargo, la caída de la demanda local y la ausencia de una estrategia comercial internacional provocaron que la planta fuera perdiendo actividad hasta quedar completamente detenida en 2017.

Desde entonces, el complejo industrial se mantuvo bajo la órbita estatal, sin producción y con elevados costos operativos.

Lineamientos del plan

La propuesta de SAESA y SPARK plantea aprovechar una de las mayores ventajas competitivas de Neuquén como es la abundancia de gas natural proveniente de Vaca Muerta.

La PIAP utilizaría hasta 600.000 metros cúbicos diarios de gas para producir agua pesada de alta pureza destinada principalmente a mercados internacionales.

Según el proyecto, la modernización permitiría adaptar las instalaciones a los estándares tecnológicos actuales y alcanzar niveles de eficiencia superiores a los registrados antes de su cierre.

El cronograma prevé una puesta en operación comercial en un plazo aproximado de 36 meses desde la aprobación de la iniciativa.

Uno de los puntos más relevantes es que la inversión sería íntegramente privada y no requeriría aportes de fondos públicos para la recuperación del complejo.

El nuevo mercado

Aunque históricamente la demanda de agua pesada estuvo vinculada al sector nuclear, el mercado internacional comenzó a diversificarse en los últimos años.

La industria farmacéutica utiliza compuestos deuterados para el desarrollo de medicamentos de última generación.

También existen aplicaciones en investigación científica avanzada, biotecnología, producción de semiconductores y laboratorios especializados.

Este escenario explica el renovado interés por recuperar la capacidad productiva de la PIAP que viene de la mano de esta iniciativa conjunta.

Fuentes del sector consideran que la combinación entre abundante disponibilidad de gas natural, infraestructura existente y experiencia técnica acumulada podría devolverle competitividad internacional a la planta neuquina.

Las empresas detrás del proyecto

SAESA (San Atanasio Energía S.A.) nació en 2006 y se especializa en la comercialización de gas natural, energía eléctrica y soluciones energéticas para grandes usuarios industriales.

La compañía posee además operaciones comerciales en Europa orientadas a la exportación de insumos energéticos y productos vinculados al sector.

Es encabezada por el empresario y abogado especializado en energía Juan Bosch, una de las voces más activas del sector energético argentino en los últimos años.

Entre sus principales directivos también figuran Fernando Echazú, Pedro Lanusse y Jorge Pereyra Iraola.

Si bien SAESA no cotiza en Bolsa y no divulga públicamente el detalle completo de su composición accionaria, la conducción de la compañía permanece en manos de sus socios fundadores y ejecutivos históricos vinculados al negocio energético argentino.

En el caso de SPARK, Energy Solutions se convirtió en el socio técnico del proyecto.

Se trata de una firma argentina de ingeniería especializada en diseño, construcción, operación y mantenimiento de instalaciones energéticas e industriales.

Se expandió al calor del desarrollo de Vaca Muerta y actualmente participa en proyectos de petróleo y gas, minería, generación eléctrica, energías renovables y energía nuclear.

Según datos corporativos, cuenta con más de 150 profesionales y acumula más de 250 proyectos ejecutados durante los últimos años.

Fue fundada por un grupo de profesionales del sector energético y es presidida por Margarita Esterman, una de las ejecutivas con mayor visibilidad dentro de la ingeniería aplicada al negocio energético argentino.

Al igual que SAESA, es una sociedad privada que no publica de manera abierta el detalle de su estructura accionaria, aunque la conducción ejecutiva permanece vinculada a sus fundadores y socios originales.

La energía nuclear en la agenda

Más allá de la inversión anunciada, la iniciativa abre una discusión más amplia sobre el futuro de los activos industriales vinculados al complejo nuclear argentino.

En un contexto donde el Gobierno impulsa una mayor participación privada en infraestructura energética, la posible reactivación de la PIAP aparece como un caso testigo.

Esto se debe a que se apunta a recuperar una instalación estratégica, aprovechar el gas de Vaca Muerta como materia prima y generar una nueva fuente de exportaciones de alto valor agregado.

Si prospera la propuesta, la Argentina podría volver a ocupar un lugar relevante en un mercado global donde la oferta de agua pesada es limitada y donde la demanda comienza a expandirse más allá de las centrales nucleares tradicionales.

Para SAESA y SPARK, la apuesta es clara: transformar una planta parada hace casi una década en un negocio exportador capaz de vincular a Vaca Muerta con la industria nuclear, farmacéutica y tecnológica del mundo.

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