ENTRETENIMIENTO

Ni influencers ni celebridades: quiénes generan hoy los mayores ingresos de la industria de la música

Artistas y discográficas reorganizan sus negocios alrededor de los superfans, una audiencia dispuesta a pagar más por experiencias exclusivas
Por Laura Andahazi Kasnya
NEGOCIOS - 14 de Junio, 2026

Viajan miles de kilómetros para llegar a un show. Pagan membresías mensuales, compran merchandising antes de que salga a la venta y reservan encuentros privados con sus artistas favoritos con meses de anticipación. Cuando termina un concierto, ya están pensando en el próximo. La industria musical global tiene un nombre para ese perfil: superfan. Y alrededor de él está construyendo uno de los negocios de mayor crecimiento del entretenimiento.

La industria musical lleva años midiendo el éxito en términos de alcance; seguidores, streams, reproducciones. Hoy ese paradigma está en transición. El fan que solo escucha música o asiste a conciertos ya no es el único foco de atención para artistas, promotoras y plataformas. En su lugar emerge una figura que no se limita a consumir contenido, sino que participa, compra, viaja, recomienda y paga por acceso diferencial.

La relevancia económica del fenómeno comienza a reflejarse en distintos estudios internacionales. De acuerdo con datos de Luminate, una de las principales firmas de análisis de la industria musical, los superfans gastan en promedio un 80% más por mes en actividades vinculadas a la música que un oyente promedio en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la industria sigue creciendo. Según IFPI, los ingresos globales de la música grabada alcanzaron los u$s31.700 millones durante 2025. Y Goldman Sachs proyecta que el negocio musical podría acercarse a los u$s200.000 millones hacia 2035 impulsado por el streaming, los conciertos y los nuevos modelos de monetización basados en comunidades.

Detrás de ese cambio de paradigma aparecieron nuevas empresas especializadas en construir y monetizar comunidades de fans.

Martín Rodríguez Denegri, CEO de Followers, una compañía especializada en estrategias de marketing, contenido y activación de audiencias para la industria del entretenimiento, tiene una visión precisa de lo que está ocurriendo. "Durante muchos años la industria estuvo muy enfocada en el alcance. Eso sigue siendo importante, pero ya no alcanza para construir un negocio sostenible", señala en diálogo exclusivo con iProfesional.

"El streaming resolvió la distribución global de la música, pero también dejó un límite muy claro: hay mucha audiencia y poco valor por usuario", resume Rodríguez Denegri. "Entonces el foco empieza a moverse hacia la relación directa con el fan, la data propia, la comunidad, las experiencias y las membresías."

'El superfan no solo escucha: participa, compra, recomienda y paga', afirma Rodríguez Denegri

Según explica Rodríguez Denegri, el superfan no se define por edad ni por género, sino por la intensidad del vínculo que construye con un artista y por la forma en que participa de su comunidad.

Un fan común puede escuchar canciones, seguir al artista en redes o ir a un show. Un superfan hace todo eso, pero además quiere formar parte: compra merch, busca preventas, se suma a comunidades, consume contenido exclusivo y está dispuesto a pagar por un acceso diferencial. "El superfan latinoamericano, además, tiene características propias. "Es muy emocional, muy social y muy comunitario. En Latinoamérica el fanatismo no suele ser individual sino que se comparte. Aparecen los grupos de WhatsApp, los clubes de fans, las cuentas dedicadas, los líderes de comunidad, las previas al show, los viajes, los rituales", describe el ejecutivo. Y advierte que la propuesta de valor tiene que ser muy concreta. "No alcanza con decir 'contenido exclusivo'; el fan tiene que sentir que accede a algo real: preventa, mejor ubicación, cercanía, merch o reconocimiento."

Existe la pasión y existe el consumo, pero la infraestructura de monetización directa en Argentina y Latinoamérica todavía está en desarrollo. El streaming ya representa el 79% de los ingresos de música grabada en el país, según datos de CAPIF correspondientes a 2024, pero mercados como Estados Unidos o Europa están más avanzados en membresías, data propia, fan clubs pagos y experiencias premium. "Lo que estamos haciendo es trabajar para igualar en Latinoamérica una tendencia que en esos mercados ya está más madura: transformar esa pasión fan en comunidades propias, medibles y en negocios recurrentes para los artistas", resume Rodríguez Denegri.

Cómo convertir una comunidad de fans en una fuente de ingresos millonaria

La economía de los superfans no depende necesariamente del tamaño de una audiencia. Para Rodríguez Denegri, los artistas que logran construir estas comunidades suelen ser aquellos que poseen una identidad emocional clara

"Hay artistas masivos que no necesariamente tienen una comunidad profunda y artistas con audiencias más pequeñas que generan un fanatismo enorme. Funcionan muy bien quienes tienen historia, repertorio emocional, narrativa fuerte y una comunidad que se reconoce entre sí", afirmó.

Followers opera junto a Be Smart Technology, una empresa radicada en Miami fundada por Nicolás Fernández, que tiene acuerdos directos con artistas para desarrollar sus plataformas, comunidades, tiendas y ecosistemas de fans. Followers actúa como agencia exclusiva de marketing y activación comercial para esos proyectos. El portafolio actual incluye nombres de escala regional e internacional como Ricardo Arjona, Don Omar, Luis Miguel, Alejandro Sanz y Gloria Trevi, además de proyectos vinculados a youtubers y a series de Netflix que salen de gira con shows en vivo.

"Nuestro diferencial es conectar contenido, tecnología y negocio. No se trata solo de comunicar mejor; se trata de diseñar un sistema donde la audiencia pueda convertirse en comunidad, y esa comunidad en una nueva unidad de negocio para el artista", sintetiza Rodríguez Denegri.

Preventas, meet & greets y merchandising impulsan la nueva economía musical

El mejor ejemplo de cómo funciona esta lógica de monetización es Mundo Arjona, la plataforma de superfans de Ricardo Arjona que comenzó en 2014, cuando el concepto de comunidad propia era todavía una apuesta contracultural dentro de la industria.

"Ricardo fue un innovador total con este concepto. Entendió muy temprano que había un valor enorme en construir una relación directa con sus fans más comprometidos, más allá de las redes sociales o del momento puntual de una gira", explica el CEO. En la última gira mundial, Lo que el Seco no dijo, la plataforma superó los 100.000 miembros en todo el mundo y creció alrededor de un 30%. "Y no hay más miembros por una decisión nuestra, no por falta de demanda", aclara. Hoy el equipo trabaja en ampliar beneficios y exclusividades para poder escalar la comunidad sin perder valor para quienes ya forman parte.

Los números concretos del modelo ilustran su potencial. De acuerdo con las estimaciones de Followers, un ecosistema de superfans bien desarrollado alrededor de un artista consagrado que realice una gira de aproximadamente 100 shows puede generar entre u$s5 millones y u$s8 millones.

Según Rodríguez Denegri, la membresía suele ser apenas la puerta de entrada a una economía mucho más amplia. A partir de allí se activan otras fuentes de ingresos como preventas exclusivas, merchandising, upgrades, lounges VIP, contenido premium, meet & greets y beneficios especiales durante las giras.

La composición del negocio se distribuye entre distintas verticales; aproximadamente el 50% proviene de paquetes VIP y experiencias exclusivas, un 30% de preventas para miembros, un 10% de experiencias en shows de menor ticket y alrededor del 5% de membresías orgánicas.

La membresía base, según datos de Followers, ronda los u$s7,90 por mes, pero la escalera de valor puede llevar a un fan desde ese punto de entrada hasta paquetes VIP de entre u$s180 y u$s550, meet & greets de hasta u$s2.000 o experiencias ultra-exclusivas como el formato A Solas de Arjona, que en esta gira superó esos valores.

Un superfan, según Rodríguez Denegri, puede llegar a gastar hasta cinco veces más que un fan convencional alrededor de un mismo artista. En una industria de la música donde el streaming ya no alcanza para garantizar crecimiento, esa diferencia explica por qué discográficas, managers y artistas están reorganizando sus negocios alrededor de comunidades propias. La apuesta ya no pasa solo por sumar seguidores, sino por construir vínculos más profundos con cada superfan y transformar esa relación en una fuente de ingresos sostenible.

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