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Investigó qué le hace al cerebro el uso de ChatGPT: se sorprendió y tuvo una idea genial

Auroria no resuelve la tarea, sino que devuelve preguntas para que el alumno piense la respuesta, con un modo socrático pensado para el aula
Por Laura Andahazi Kasnya
NEGOCIOS - 16 de Junio, 2026

Auroria es la primera inteligencia artificial (IA) pensada exclusivamente para la educación desarrollada en Argentina, y ya funciona en escuelas de la Ciudad de Buenos Aires. La creó Daniela Buján, una publicista con más de veinte años de trayectoria en marketing tecnológico y ciberseguridad, junto a su marido Juraj Havran, productor digital de origen eslovaco. El proyecto nació cuando Buján empezó a investigar qué implicaba darle acceso a ChatGPT a su hija adolescente y se topó con estudios sobre el impacto cognitivo de las IA sin restricciones. De esa investigación surgió, hace poco más de un año, una startup que propone un modo socrático que no entrega respuestas resueltas y que se niega a funcionar como compañero emocional de los estudiantes.

Buján construyó su carrera dentro del ecosistema tecnológico. Durante 13 años trabajó en ESET, compañía internacional de seguridad informática, donde lideró el marketing para América Latina. Más tarde se mudó a Eslovaquia, sede global de la empresa, donde estuvo al frente del equipo de Europa y luego asumió un rol internacional. Allí fue testigo de distintas olas tecnológicas y del impacto que tuvieron en las personas.

"Vivimos varias olas tecnológicas, entre ellas la de las redes sociales, que coincidió con la baja en la edad en la que los chicos empiezan a tener dispositivos propios, que hoy en Argentina es de 6 a 9 años en promedio, algo que para mí es una tragedia", explicó.

Cuando volvió al país, hace casi nueve años, lo hizo junto a Havran, a quien conoció trabajando en ESET y a quien define como su "suvenir de dos metros". Él es productor digital, trabajó para marcas como Apple, Mercedes-Benz y Ford, y además se formó en Historia del Arte y Fotografía.

La idea de fundar Auroria apareció cuando hace unos tres años, su hija de 13 empezó a pedirle usar ChatGPT para hacer tareas escolares. Por su experiencia en ciberseguridad, Buján decidió investigar antes de habilitarle el acceso.

Lo que encontró la alarmó. Habla de estudios que muestran que el uso de inteligencias artificiales sin ningún tipo de regulación reduce hasta un 55% el uso del lóbulo prefrontal, lo que se traduce en menos capacidad de memoria y de atención, un fenómeno que ya se nombra como "deuda cognitiva".

La preocupación de Buján no es menor si se miran los números. Según la encuesta Kids Online Argentina 2025, realizada por Unicef y Unesco, el 58% de los chicos y chicas de entre 9 y 17 años ya utilizó alguna herramienta de Inteligencia Artificial generativa y el 66% de quienes la usan recurren a ella para resolver trabajos escolares.

Una IA que pregunta en lugar de responder y que busca entrar en las escuelas

La diferencia central entre Auroria y las IA generativas tradicionales está en su funcionamiento. En lugar de resolver un ejercicio o redactar un texto completo, la herramienta utiliza el modo socrático, es decir, devuelve preguntas que ayudan al alumno a construir la respuesta.

"No da las respuestas servidas, sino que te interpela y te hace partícipe de la solución. Es un asistente, no un atajo", describe Buján.

La plataforma también trabaja sobre la forma en que los estudiantes hacen preguntas. A través de un sistema denominado "el prompt perfecto", evita consignas demasiado generales y obliga al alumno a pensar qué sabe, qué necesita aprender y qué quiere investigar.

Auroria no acepta preguntas vagas y, con el prompt perfecto, obliga a pensar antes de preguntar

Antes de devolver cualquier respuesta, el sistema aplica lo que Buján llama un doble filtro. Primero evalúa si la pregunta es apta para la edad de quien la hizo, por ejemplo, una consulta sobre sexualidad de un chico de 9 años se trata distinto que la de uno de 17, y después revisa si la respuesta que se va a enviar usa un vocabulario adecuado y respeta los criterios del colegio.

Auroria cuenta con cuatro perfiles: alumnos, docentes, directivos y familias. Trabaja con primaria, secundaria y primeros años universitarios, aunque en primaria está recomendada desde cuarto grado.

Además, la startup tomó la decisión de no convertirse en una compañía emocional para los adolescentes. Si detecta una situación de riesgo, como mensajes vinculados con autolesiones, puede alertar a familias y escuelas, pero primero intenta orientar al alumno hacia una persona real. "Le recordamos que Auroria, como todas las IA, es solo un algoritmo. No somos un amigo ni un consejero, y tiene que buscar a alguien de carne y hueso para hablar de sus problemas", explicó.

Esa negativa a funcionar como compañero emocional es, para ella, uno de los puntos más importantes frente a herramientas que, según cuenta, ya tienen en Estados Unidos al menos ocho juicios por suicidios de adolescentes vinculados a su uso, y que empujaron a la psiquiatría a empezar a hablar de "psicosis por ChatGPT".

Pero uno de los perfiles clave de Auroria es el docente. La herramienta fue diseñada también como un asistente para profesores, con el objetivo de acompañarlos en la planificación de clases, generación de actividades y adaptación de contenidos según las necesidades de cada grupo.

Los primeros resultados, dice Buján, se notan sobre todo en la vuelta de la tarea hecha por el propio alumno. "Lo que más reportan los docentes es que volvió la tarea hecha por el alumno, que aparecen errores, que hay chicos que no llegaron a terminarla", cuenta, y lo describe como "una reivindicación de lo humano, de decir bueno, fallemos, no lleguemos, erremos, pero seamos nosotros y no perfectos sintéticamente".

La IA argentina suma un perfil docente para potenciar profesores sin reemplazar su rol

Buján insiste en que la familia es clave, porque "el 97% del tiempo los chicos usan los dispositivos en sus casas". Por eso la herramienta incluye un perfil para padres donde pueden acceder a información general sobre la actividad de sus hijos y contenidos para acompañar el aprendizaje digital.

El modelo de negocio de Auroria está enfocado actualmente en escuelas. El costo es de u$s30 por alumno por año, dividido en diez cuotas durante el ciclo lectivo.

Hoy la startup trabaja con dos colegios, ganó un premio del Instituto Argentino de Inteligencia Artificial y el concurso de la aceleradora Emprelatam. Además, cerró un acuerdo de distribución con una editorial educativa que le permitirá llegar a más de 150 instituciones en el mediano plazo.

La compañía todavía no es rentable. Todo lo que ingresa se reinvierte, principalmente en marketing y desarrollo comercial. "Lo que nos falta es la fuerza comercial, y para eso necesitamos inversión", explicó Buján, que junto a Havran busca inversores, aunque reconoce que están como "el huevo y la gallina", porque para conseguir inversión hacen falta ventas.

El modelo de negocio de Auroria es B2B: las escuelas pagan una licencia por alumno

El próximo paso también mira fuera del país. Buján ya tuvo conversaciones con instituciones educativas de Ecuador y México. Además, por el origen eslovaco de Havran, ya están traduciendo la plataforma a esa lengua. Su suegra, exdocente y hoy empresaria en Eslovaquia, ya tiene algunas escuelas mapeadas, así que es posible que el próximo paso de Auroria tenga a la Argentina y a Eslovaquia como dos puntas opuestas del mapa.

Auroria no es competir con las grandes inteligencias artificiales, sino ofrecer una alternativa pensada específicamente para el aula. "No se trata de prohibir el uso, eso es utópico, porque los chicos la van a usar igual en sus casas, se trata de alfabetizarlos, pero no a costa de su salud cognitiva ni emocional", resume. Con un pie en la Argentina y otro mirando hacia afuera, la startup que fundó junto a su marido apuesta a convertirse en la puerta de entrada de los estudiantes al mundo de la inteligencia artificial, de la mano de escuelas que, según ella, recién están empezando a entender la magnitud del problema.

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