CRISIS EN CONSTRUCCIÓN

Histórica constructora argentina se derrumba tras casi 80 años de actividad: entra en concurso

El desplome de la inversión estatal, paralización de obras clave y un litigio con Enarsa llevaron a la firma a buscar resguardo financiero
Por Soledad Caprini
NEGOCIOS - 16 de Junio, 2026

Esuco, una de las constructoras históricas de la Argentina y protagonista de algunas de las principales obras de infraestructura ejecutadas en las últimas décadas, ingresó en concurso preventivo de acreedores. La compañía, fundada en 1948, desarrolló más de 500 proyectos en todo el país y construyó obras viales, energéticas, hidráulicas, ferroviarias, aeroportuarias y de saneamiento que la convirtieron en uno de los nombres más reconocidos del sector.

A lo largo de su trayectoria participó en algunas de las obras de infraestructura más relevantes ejecutadas en la Argentina durante las últimas décadas. Entre ellas figuran trabajos vinculados a la represa hidroeléctrica Yacyretá, la construcción del Aeropuerto Internacional Comandante Armando Tola de El Calafate, la participación en las obras del ex Centro Cultural Kirchner, la ejecución del Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA), la planta depuradora de efluentes cloacales de Berazategui, el Acueducto Miraflores en Chaco y la estación terrena satelital Las Lajas, además de numerosos proyectos viales, energéticos, ferroviarios e hidráulicos desarrollados para organismos nacionales, provinciales y municipales.

Sin embargo, después de casi ocho décadas de actividad ininterrumpida, la empresa quedó atrapada en una combinación de factores que terminaron deteriorando su situación financiera: la paralización de la obra pública nacional, la caída de nuevas licitaciones, el aumento de los costos de construcción, el encarecimiento del financiamiento y un conflicto con Energía Argentina (Enarsa) por contratos vinculados a obras estratégicas para el sistema energético.

La apertura del concurso fue dispuesta por el Juzgado Nacional en lo Comercial N° 28. En su presentación, la compañía reconoció dificultades para afrontar sus compromisos financieros y explicó que la reestructuración judicial busca preservar la continuidad de las operaciones y alcanzar un acuerdo con más de 800 acreedores.

La empresa de Carlos Wagner

La historia reciente de Esuco está estrechamente vinculada a la figura de Carlos Wagner, uno de los empresarios más influyentes de la industria de la construcción durante las últimas décadas.

Ingeniero civil y titular de la compañía durante años, Wagner presidió la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) entre 2004 y 2012, un período marcado por la fuerte expansión de la inversión pública nacional. Desde ese lugar se convirtió en uno de los principales referentes del sector y en interlocutor habitual de distintos gobiernos en materia de infraestructura.

Su nombre volvió a ocupar el centro de la escena pública en 2018, cuando declaró como imputado colaborador en la causa conocida como los Cuadernos de las Coimas. En ese expediente describió el presunto funcionamiento de un sistema de recaudación ilegal que involucró a funcionarios y empresarios contratistas del Estado.

Aunque aquella investigación tuvo un fuerte impacto político y empresarial, en la presentación del concurso Esuco atribuye su crisis principalmente a factores económicos y operativos vinculados al derrumbe de la obra pública y a las dificultades para sostener contratos de gran escala.

El derrumbe de la obra pública y la caída de la actividad

En el escrito presentado ante la Justicia, la empresa sostiene que el cambio de escenario para la construcción comenzó a profundizarse a partir de fines de 2023 y durante todo 2024.

Según detalla, la fuerte reducción del gasto público en infraestructura provocó la paralización, suspensión o ralentización de numerosos proyectos que integraban su cartera de negocios. Entre ellos menciona obras viales, hidráulicas y de saneamiento financiadas por organismos nacionales.

La compañía afirma que la inversión pública en infraestructura registró una caída cercana al 80% en términos reales respecto de los niveles de 2023 y que la actividad de la construcción se contrajo más de 27% durante 2024. Ese escenario, sostiene, provocó una reducción significativa de oportunidades de negocio y limitó la posibilidad de reemplazar contratos que se iban finalizando.

A pesar de ese contexto, Esuco informó ingresos por $84.664 millones durante 2024. Sin embargo, la propia compañía reconoce que esa cifra representó una caída real del 23,7% respecto del ejercicio anterior. El deterioro también se reflejó en los resultados: tras haber obtenido una ganancia de $2.849 millones en 2023, la constructora cerró 2024 con una pérdida de $6.206 millones, afectada por la caída de la actividad, el incremento de los costos financieros y el menor volumen de obras ejecutadas. El resultado bruto del negocio se redujo de $25.138 millones a $17.373 millones, mientras que los ingresos por obras ejecutadas descendieron desde $110.993 millones hasta $84.664 millones.

La disminución de la actividad impactó de lleno sobre su estructura operativa. De acuerdo con la documentación presentada en el expediente, la compañía pasó de tener 397 trabajadores en junio de 2025 a apenas 70 en abril de 2026.

La reducción afectó tanto al personal permanente como al jornalizado. Los empleados estables bajaron de 160 a 25 personas, mientras que los trabajadores afectados directamente a las obras pasaron de 237 a 45. En menos de un año, la constructora redujo más del 80% de su plantilla.

El conflicto con Enarsa y las obras del Gasoducto Norte

Entre los argumentos que Esuco presentó ante la Justicia para explicar su cesación de pagos ocupa un lugar central el conflicto que mantiene con Energía Argentina (Enarsa) por dos contratos energéticos: la Planta Compresora Mercedes y las obras de adecuación de las plantas compresoras vinculadas a la Reversión del Gasoducto Norte.

La reversión del Gasoducto Norte es una de las obras energéticas más importantes de los últimos años, ya que busca incrementar el transporte de gas desde Vaca Muerta hacia las provincias del norte argentino para reemplazar gradualmente las importaciones provenientes de Bolivia.

En su presentación judicial, la constructora sostiene que la ejecución de esos proyectos se vio afectada por "demoras en la aprobación de certificados de obra, redeterminaciones de precios, autorizaciones técnicas e ingresos de mercadería", situación que la obligó a financiar una parte creciente de los trabajos con recursos propios y endeudamiento bancario.

Según la empresa, el impacto financiero de esas demoras fue significativo. En particular, afirmó que el contrato de la Reversión del Gasoducto Norte le generó perjuicios económicos por aproximadamente $3.700 millones y que los créditos pendientes de cobro vinculados a distintos contratos energéticos ascienden a más de $53.900 millones.

Esuco también aseguró que, ante la acumulación de certificados impagos y las dificultades para acceder a nuevas líneas de financiamiento, se vio imposibilitada de sostener el ritmo de ejecución previsto originalmente. La compañía sostiene que durante el segundo semestre de 2025 debió afrontar crecientes dificultades para continuar financiando los trabajos, en un contexto de tasas de interés que llegaron a superar el 100% nominal anual.

Para la constructora, la combinación de mayores costos financieros, atrasos en los cobros y falta de financiamiento terminó agravando una situación que ya estaba afectada por la paralización de la obra pública nacional y la caída de nuevas licitaciones.

La situación había quedado expuesta públicamente meses antes. En abril de este año, medios especializados detallaron que Enarsa analizaba alternativas para completar las obras pendientes de adecuación de las plantas compresoras del Gasoducto Norte ante los retrasos registrados en la ejecución del proyecto.

La resolución del concurso definirá si Esuco logra reordenar sus pasivos y sostener la actividad en un mercado cada vez más reducido. Para una empresa que durante décadas construyó aeropuertos, gasoductos, obras hidráulicas y algunos de los proyectos de infraestructura más emblemáticos del país, el desafío ya no pasa por ganar nuevas licitaciones, sino por garantizar su propia continuidad.

La propia empresa sostiene que la recuperación de créditos pendientes, especialmente aquellos vinculados a contratos energéticos, será determinante para definir su futuro. Mientras tanto, una de las constructoras más emblemáticas del país intenta evitar sumarse a la lista de compañías del sector que no lograron sobrevivir al profundo cambio de ciclo que atraviesa la obra pública argentina.

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