Cartellone va por el negocio de las rutas: crea empresa para operar una concesión clave
La transformación del negocio vial argentino ya empezó a reflejarse en los movimientos de las principales constructoras.
Mientras el Gobierno avanza con el proceso para concesionar una parte importante de la red nacional de rutas, el grupo José Cartellone Construcciones Civiles dio un paso que revela una estrategia empresarial de mayor alcance.
La compañía constituyó Autovía del Centro S.A., creada exclusivamente para ejecutar el contrato de concesión del Tramo Mediterráneo de la Etapa II-B de la Red Federal de Concesiones.
Se trata de uno de los corredores incluidos en el nuevo esquema con el que la administración de Javier Milei busca reemplazar el modelo administrado por la empresa estatal Corredores Viales S.A.
La decisión no representa un simple cambio societario ya que en el negocio de las concesiones de infraestructura, la creación de una empresa específica suele ser el paso previo para administrar proyectos de gran escala que demandan inversiones millonarias, financiamiento de largo plazo y una estructura jurídica independiente de la compañía matriz.
En otras palabras, Cartellone comenzó a preparar el vehículo empresarial con el que pretende volver a ocupar un lugar central en uno de los negocios que promete concentrar buena parte de la inversión privada en infraestructura durante los próximos años.
El corredor que busca administrar
La creación de Autovía del Centro quedó plasmada en el Boletín Oficial de este martes 1 de julio y la sociedad tiene un objeto social exclusivo: celebrar, ejecutar y administrar el contrato de concesión correspondiente al Tramo Mediterráneo.
Se trata de un corredor de aproximadamente 672 kilómetros que comprende sectores de las rutas nacionales 7 y 35, atravesando las provincias de Buenos Aires, Córdoba, San Luis y La Pampa.
La Ruta Nacional 7 constituye uno de los principales ejes logísticos del país.
Une el Área Metropolitana de Buenos Aires con la región de Cuyo y el paso internacional Cristo Redentor, principal conexión terrestre con Chile.
Cada año concentra una parte sustancial del transporte de cargas industriales, agrícolas y del comercio exterior argentino.
La Ruta Nacional 35, por su parte, conecta algunas de las zonas agrícolas y ganaderas más importantes del centro del país y funciona como nexo entre Buenos Aires, La Pampa y Córdoba, facilitando la salida de producción hacia puertos y centros industriales.
La combinación de ambos corredores convierte al Tramo Mediterráneo en una pieza estratégica para el transporte nacional de mercaderías y pasajeros, razón por la cual figura entre los activos más relevantes del nuevo programa de concesiones impulsado por el Poder Ejecutivo.
No sólo cobrar peajes
Uno de los cambios más importantes del nuevo esquema es que el futuro concesionario no se limitará a administrar estaciones de peaje.
El contrato prevé que la empresa financie y ejecute obras de rehabilitación, ampliación y mantenimiento de la infraestructura vial, conserve calzadas, banquinas, puentes, alcantarillas, señalización horizontal y vertical, iluminación y sistemas de seguridad, además de brindar asistencia permanente a los usuarios que circulen por el corredor.
A eso se suma la obligación de garantizar estándares de transitabilidad y seguridad durante toda la vigencia de la concesión, realizar controles técnicos periódicos e incorporar mejoras cuando las condiciones del tránsito así lo requieran.
El modelo también habilita el desarrollo de actividades comerciales complementarias destinadas a generar ingresos adicionales.
Entre ellas figuran áreas de servicios, espacios gastronómicos, estaciones de descanso para transportistas, publicidad, instalaciones logísticas y otros emprendimientos vinculados con la explotación del corredor.
En los hechos, el concesionario deja de ser únicamente un operador vial para ser un administrador integral de un activo de infraestructura durante varias décadas, combinando inversión, operación y explotación comercial bajo un mismo contrato.
Ese cambio explica por qué las principales constructoras comenzaron a reorganizarse para competir por estos proyectos, considerados por el mercado como una de las pocas oportunidades de negocios de gran escala disponibles para el sector en un contexto de fuerte retracción de la obra pública tradicional.
Por qué una empresa nueva
La constitución de Autovía del Centro S.A. responde a una práctica habitual en el negocio de las concesiones de infraestructura.
En lugar de ejecutar el contrato directamente desde José Cartellone Construcciones Civiles, el grupo optó por crear una sociedad con un objeto único y exclusivo: administrar el futuro contrato de concesión del Tramo Mediterráneo.
Este tipo de compañías, conocidas en el mercado como vehículos de propósito específico (SPV), permiten separar jurídica y financieramente cada proyecto del resto de las actividades del grupo empresario. De esa manera, todos los derechos y obligaciones derivados de la concesión quedan concentrados en una sola sociedad.
También facilita la incorporación de nuevos socios, la obtención de financiamiento bancario o en el mercado de capitales y el seguimiento de los compromisos asumidos con el Estado.
En el caso de Autovía del Centro, el estatuto deja en claro que su finalidad será exclusivamente la celebración, ejecución y administración del contrato de concesión del Tramo Mediterráneo, bajo el régimen de la Ley 17.520 de Concesión de Obra Pública por Peaje.
La sociedad tendrá una vigencia de 99 años, un plazo habitual en este tipo de estructuras, mientras que el capital inicial fue fijado en $30 millones, representado por 30.000 acciones ordinarias con derecho a un voto por acción.
Especialistas del sector explican que ese monto no guarda relación con la inversión que demandará el proyecto y que se trata simplemente del capital constitutivo.
Sostienen que la empresa deberá incorporar nuevos aportes de los accionistas y obtener financiamiento para cumplir con las inversiones exigidas por el contrato.
Qué podrá hacer Autovía del Centro
El objeto social aprobado para la nueva compañía es amplio, aunque siempre vinculado con la futura concesión.
Además de construir, conservar y explotar el corredor vial, podrá desarrollar las siguientes actividades:
- Estudios de ingeniería y proyectos ejecutivos
- Tareas de consultoría y supervisión de obras
- Provisión de equipos y materiales
- Mantenimiento de toda la infraestructura comprendida en el contrato
También quedó habilitada para obtener financiamiento, realizar inversiones vinculadas con el proyecto, otorgar garantías, avales y fianzas, contratar préstamos y emitir los instrumentos financieros necesarios para sostener la ejecución de las obras.
Otro aspecto relevante es la autorización para realizar operaciones de comercio exterior relacionadas con la importación de maquinaria, equipos, tecnología, materiales, licencias y otros bienes indispensables para el desarrollo del corredor.
Ese esquema busca darle flexibilidad operativa a la concesionaria, que durante la vigencia del contrato deberá responder tanto a las exigencias técnicas del Estado como a las necesidades financieras propias de una obra de gran escala.
Los socios detrás del proyecto
Autovía del Centro fue constituida por José Cartellone Construcciones Civiles S.A. y Guigiván S.R.L.
Mientras Cartellone aporta el peso de uno de los grupos históricos de la infraestructura argentina, Guigiván representa un perfil más técnico y operativo.
Radicada en la ciudad bonaerense de Chacabuco, Guigiván desarrolla actividades vinculadas con obras civiles, infraestructura vial, movimientos de suelo, mantenimiento y ejecución de proyectos para organismos públicos y clientes privados.
Aunque tiene una dimensión considerablemente menor que la constructora mendocina, su incorporación responde a una lógica frecuente en este tipo de asociaciones: sumar capacidades operativas y experiencia específica para afrontar contratos complejos que exigen disponibilidad permanente de equipos, personal y maquinaria.
En las concesiones viales es habitual que convivan grandes constructoras con empresas regionales especializadas en determinadas tareas, una combinación que permite distribuir responsabilidades y fortalecer la capacidad técnica del consorcio.
Cómo quedó conformada la conducción
La presidencia de la nueva sociedad quedó en manos de Alejandro Cartellone, integrante de la familia controlante del grupo mendocino, mientras que la vicepresidencia será ejercida por Mario Cartellone.
Como director titular fue designado Juan Manuel Rubio, mientras que Federico José Reibestein ocupará el cargo de director suplente.
El estatuto establece que el directorio podrá estar integrado por entre tres y nueve miembros titulares, con mandato por tres ejercicios, y que la representación legal corresponderá al presidente o, en caso de ausencia, al vicepresidente.
La estructura se completa con una Comisión Fiscalizadora integrada por tres síndicos titulares y tres suplentes, un esquema que suele utilizarse en sociedades destinadas a administrar proyectos de gran envergadura y con fuertes compromisos financieros.
Un cambio de modelo
La constitución de Autovía del Centro también refleja la transformación que atraviesa el negocio de la infraestructura en la Argentina.
Durante décadas, empresas como Cartellone basaron buena parte de su actividad en contratos de obra pública financiados por el Estado.
Sin embargo, el nuevo esquema impulsado por el Gobierno apunta a que las inversiones sean realizadas por operadores privados, que luego recuperarán el capital mediante la explotación de las concesiones.
Ese cambio obliga a las constructoras a modificar su modelo de negocios porque ya no alcanza con construir una ruta y entregar la obra.
Ahora deberán financiarla, administrarla durante años, cumplir indicadores de calidad, mantener la infraestructura y generar ingresos suficientes para recuperar la inversión y obtener rentabilidad.
En ese escenario, la creación de sociedades específicas como Autovía del Centro deja de ser un simple trámite societario para convertirse en una pieza central de la estrategia empresarial con la que los grandes grupos buscan posicionarse en la nueva etapa del negocio vial argentino.
Uno de los históricos de la obra pública
La decisión de crear Autovía del Centro también marca un nuevo capítulo para José Cartellone Construcciones Civiles, una empresa con más de un siglo de trayectoria que supo convertirse en uno de los principales contratistas de infraestructura del país.
Fundada en Mendoza por la familia Cartellone, la compañía inició sus actividades vinculada a obras civiles y viales, pero con el paso de las décadas amplió su presencia hacia prácticamente todos los segmentos de la infraestructura.
Participó en la construcción de rutas nacionales y provinciales, autopistas, puentes, represas hidroeléctricas, acueductos, canales de riego, plantas potabilizadoras y de tratamiento de efluentes, gasoductos, oleoductos, obras ferroviarias y proyectos de infraestructura energética tanto en Argentina como en otros países de América Latina.
Además de su actividad constructora, el grupo también desarrolló experiencia en la operación y mantenimiento de servicios públicos e infraestructura, participando en distintos proyectos bajo esquemas de concesión y asociaciones público-privadas.
Estuvo vinculada a la causa de los Cuadernos y durante años fue uno de los nombres habituales en las grandes licitaciones nacionales, compitiendo con otros pesos pesados del sector.
El desafío de reinventarse
El mercado, sin embargo, cambió de manera drástica.
La reducción de la inversión estatal en infraestructura y la decisión del Gobierno de priorizar el equilibrio fiscal provocaron una fuerte caída en las licitaciones tradicionales de obra pública, obligando a las constructoras a redefinir sus estrategias.
Muchas empresas optaron por profundizar su expansión internacional, otras reforzaron su presencia en obras privadas vinculadas con la minería, el petróleo, el gas o la energía, mientras que varias comenzaron a mirar nuevamente al negocio de las concesiones como una alternativa para sostener su actividad.
En ese contexto, la Red Federal de Concesiones aparece como una de las pocas iniciativas capaces de movilizar inversiones privadas por varios miles de millones de dólares durante los próximos años.
Para compañías como Cartellone, el atractivo no pasa únicamente por la posibilidad de ejecutar nuevas obras, sino por acceder a contratos de largo plazo que combinan construcción, operación, mantenimiento y explotación comercial de la infraestructura.
Ese modelo permite generar ingresos durante toda la vigencia de la concesión y no solamente durante la etapa de ejecución de la obra, como ocurría bajo el esquema tradicional.
Un negocio que exige músculo financiero
La nueva etapa también implica un desafío diferente para las constructoras.
En el pasado, el Estado financiaba gran parte de las obras mediante certificados de avance.
Ahora serán las empresas las que deberán conseguir los recursos para ejecutar las inversiones comprometidas y luego recuperarlas a través de los ingresos derivados de la concesión.
Eso obliga a contar con una estructura financiera mucho más sofisticada, acceso al crédito y capacidad para atraer inversores.
Precisamente por esa razón, la constitución de vehículos específicos como Autovía del Centro se convirtió en una herramienta habitual.
La sociedad será la encargada de firmar el contrato, tomar deuda, administrar los ingresos por peajes y responder por el cumplimiento de todas las obligaciones asumidas frente al Estado.
El atractivo del Tramo Mediterráneo tampoco se limita al tránsito vehicular.
El pliego contempla la posibilidad de desarrollar actividades complementarias destinadas a potenciar la rentabilidad del corredor.
Entre ellas aparecen áreas de servicio, estaciones de descanso para el transporte pesado, espacios gastronómicos, locales comerciales, publicidad, fibra óptica, infraestructura tecnológica y otros emprendimientos compatibles con la explotación vial.
En mercados más desarrollados, buena parte de la rentabilidad de las concesiones proviene precisamente de esas actividades adicionales y no exclusivamente del cobro de peajes.
Por esa razón, las empresas analizan cada corredor como un negocio integral de infraestructura y servicios, donde la operación vial convive con nuevos desarrollos comerciales.
La competencia recién empieza
La creación de Autovía del Centro también constituye una señal para el resto del mercado.
La decisión demuestra que los principales jugadores ya comenzaron a organizar su estructura para la etapa que viene.
La conformación de la sociedad permite avanzar en aspectos jurídicos, financieros y operativos antes de la firma del contrato y reduce los tiempos necesarios para poner en marcha la concesión si finalmente resulta adjudicataria.
También refleja cómo las constructoras empiezan a adaptarse a un esquema en el que el negocio ya no pasa únicamente por construir una ruta, sino por administrarla, invertir en su desarrollo y explotarla comercialmente durante años.
La constitución de Autovía del Centro, en ese sentido, es una muestra concreta de esa transformación y de la apuesta de Cartellone por recuperar protagonismo en una nueva etapa para la infraestructura argentina.
Cómo sigue el proceso
La iniciativa forma parte de un programa mucho más amplio con el que la administración de Javier Milei busca transferir al sector privado la operación de más de 9.000 kilómetros de la red vial nacional.
El objetivo oficial es reemplazar el modelo administrado por Corredores Viales S.A., empresa estatal que durante los últimos años tuvo a su cargo la gestión de buena parte de las rutas nacionales concesionadas.
La intención del Ejecutivo es que las nuevas concesionarias asuman el financiamiento, la ejecución de obras y el mantenimiento de los corredores, reduciendo el peso del Estado en esas actividades.
Para ello, los pliegos establecen compromisos de inversión, indicadores de calidad y niveles mínimos de servicio que deberán cumplirse durante toda la vigencia de los contratos.
En caso de incumplimiento, las concesionarias podrán ser sancionadas e incluso perder la concesión.
Un sector que vuelve a despertar interés
El lanzamiento de la Red Federal de Concesiones reactivó el interés de los principales jugadores del sector de infraestructura.
Después de varios años marcados por la caída de la obra pública y la paralización de numerosos proyectos, las concesiones volvieron a instalarse como uno de los pocos negocios capaces de generar inversiones privadas de gran escala y contratos de largo plazo.
La expectativa no sólo alcanza a constructoras tradicionales.
También participan operadores especializados, empresas vinculadas al mantenimiento vial y grupos financieros que ven oportunidades en activos con ingresos previsibles derivados de los peajes y de las explotaciones comerciales complementarias.
En ese escenario, la constitución anticipada de sociedades específicas comenzó a transformarse en uno de los primeros movimientos visibles de las empresas interesadas en disputar los nuevos corredores.
En el caso de Cartellone, busca posicionarse en un mercado que podría expandirse durante los próximos años si el Gobierno avanza con el resto de las etapas previstas para la Red Federal de Concesiones y profundiza el esquema de participación privada en infraestructura.
Para adelante, el desafío no será únicamente construir rutas, sino administrarlas durante décadas, financiar nuevas inversiones, mantener estándares de servicio y desarrollar actividades comerciales que permitan mejorar la rentabilidad de cada corredor.
En ese contexto, la aparición de Autovía del Centro constituye una de las primeras señales concretas de cómo comienzan a acomodarse las grandes constructoras frente al nuevo mapa de la infraestructura argentina.
Más que la creación de una nueva sociedad, el movimiento refleja el regreso de un actor histórico de la construcción a un negocio que vuelve a ganar protagonismo y que será determinante para el futuro de la infraestructura vial argentina.