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La Justicia decretó la quiebra personal del empresario detrás del derrumbe de Garbarino

El empresario que en 2020 tomó el control de la cadena de electrodomésticos con la promesa de recuperarla de la crisis ahora enfrenta su propia quiebra
02/07/2026 - 11:10hs
La Justicia decretó la quiebra personal del empresario detrás del derrumbe de Garbarino

La quiebra de Garbarino parecía haber marcado el final de una de las historias empresariales más resonantes del comercio argentino.

Sin embargo, el expediente acaba de sumar un nuevo capítulo si se tiene en cuenta que la Justicia declaró ahora la quiebra personal de Carlos Rosales.

Se trata del empresario que en 2020 tomó el control de la cadena con la promesa de rescatarla.

La medida abre un proceso sobre su patrimonio y vuelve a poner el foco sobre uno de los mayores colapsos corporativos de los últimos años, escribiendo un nuevo capítulo en la historia judicial de Garbarino aun cuando la empresa ya dejó de operar hace tiempo.

Pero esta vez el protagonista no es la compañía sino su último dueño porque así lo estableció el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 2 que decretó la quiebra personal de Carlos Maximiliano Humberto Rosales.

Lo hizo dentro del expediente iniciado en 2023, marcando una decisión que implica la apertura formal del proceso falencial sobre su patrimonio.

Además, la resolución, firmada por el juez Fernando Martín Pennacca, designó como síndico al contador Jorge Fernando Podhorzer y fijó el 25 de septiembre próximo como plazo para que los acreedores presenten la verificación de sus créditos.

También ordenó la entrega de bienes, libros y documentación contable y recordó que cualquier pago que se realice directamente al fallido carecerá de efectos legales.

Aunque se trata de una quiebra personal y no empresarial, la noticia vuelve a poner en primer plano el nombre del empresario que encabezó el fallido intento por recuperar a Garbarino, una firma que durante décadas fue sinónimo de venta de electrodomésticos en la Argentina.

Cómo Garbarino pasó del liderazgo al mayor derrumbe del retail

Mucho antes de la crisis, Garbarino era uno de los grandes símbolos del consumo argentino.

Fundada en la década de 1950, la empresa construyó una red que llegó a superar las 240 sucursales distribuidas en todo el país, empleó a alrededor de 4.500 trabajadores y se convirtió en una de las cadenas líderes del mercado de electrodomésticos, electrónica y artículos para el hogar.

Durante años compitió de igual a igual con Frávega, Musimundo y otras cadenas nacionales, apoyada en una fuerte presencia territorial, ventas en cuotas y una marca con alto reconocimiento entre los consumidores.

Sin embargo, la pérdida de rentabilidad comenzó varios años antes de la pandemia.

La caída del consumo, el aumento de los costos financieros, la competencia del comercio electrónico y los problemas para refinanciar pasivos fueron deteriorando la situación de la empresa. Cuando Rosales asumió el control en 2020, la cadena ya enfrentaba un escenario complejo.

El empresario anunció un plan para recapitalizar la compañía, recuperar la confianza de proveedores y transformar el modelo de negocios, pero la realidad terminó siendo mucho más difícil.

Pero la pandemia profundizó la crisis, aparecieron incumplimientos con proveedores, crecieron las deudas salariales, comenzaron los cierres de locales y se multiplicaron los conflictos judiciales con trabajadores y acreedores.

Una deuda que nunca pudo revertirse

El pasivo fue uno de los principales obstáculos para cualquier intento de recuperación.

A las obligaciones financieras heredadas se fueron sumando deudas comerciales, reclamos laborales, obligaciones impositivas y nuevos juicios que terminaron haciendo inviable la continuidad de la empresa.

Con el paso de los años, el concurso preventivo no logró generar un acuerdo con los acreedores y tampoco prosperó el proceso de salvataje previsto por la Ley de Concursos y Quiebras.

Finalmente, la Justicia decretó la quiebra de Garbarino y ordenó la liquidación de sus activos para intentar satisfacer, al menos parcialmente, los créditos pendientes.

Al momento de declararse su quiebra definitiva, la cadena registraba un pasivo superior a los $25.422 millones y activos por $14.216 millones.

El grueso de la deuda correspondía a bancos, proveedores comerciales y una suma cercana a los $5.000 millones por obligaciones fiscales y previsionales.

El expediente involucra a acreedores financieros, proveedores, organismos públicos y trabajadores, convirtiéndose en uno de los procesos concursales más importantes del comercio minorista argentino de los últimos años.

Qué pasó con la marca

Uno de los interrogantes que surgió tras la quiebra fue el destino de una marca con enorme reconocimiento en el mercado.

La declaración de quiebra no implica que la marca desaparezca automáticamente.

Garbarino continúa existiendo como un activo intangible de la masa falencial.

Eso significa que podrá ser valuada y eventualmente vendida junto con otros bienes de la empresa para obtener fondos destinados al pago de los acreedores. La medida judicial implica el remate del patrimonio restante para intentar saldar la extensa lista de acreedores, sueldos e indemnizaciones pendientes.

En el proceso se incluyen los siguientes activos:

  • Bienes inmobiliarios
  • Plantas en Tierra del Fuego
  • Paquete de activos intangibles, lo que abre la puerta a que futuros inversores puedan adquirir y relanzar los nombres de Garbarino y Compumundo
  • Dominios de Internet
  • Registros marcarios
  • Eventuales derechos comerciales y otros activos que todavía conserven valor económico

En otras palabras, la empresa dejó de operar, pero la marca todavía puede tener un valor para un eventual comprador interesado en relanzarla bajo otro esquema comercial.

De hecho, la Justicia autorizó a la sindicatura a subastar estos bienes para saldar las deudas con los acreedores, luego de que un llamado a ofertas para rescatar la empresa terminara sin inversores interesados.

En paralelo, se avanzó con la liquidación y venta directa del stock remanente de electrodomésticos en los últimos locales físicos habilitados en la Ciudad de Buenos Aires, ya que la plataforma de venta online dejó de operar.

Quién es Carlos Rosales

Antes de desembarcar en Garbarino, Rosales había desarrollado su actividad principalmente en el negocio asegurador.

Fue la cara visible del Grupo Prof, un holding que reunió empresas vinculadas a seguros, servicios de asistencia, salud y otras actividades.

Dentro de ese conglomerado se destacó PROF Grupo Asegurador, construido sobre la histórica Productores de Frutas Argentinas Cooperativa de Seguros, además de compañías dedicadas a servicios para asegurados y soluciones de asistencia.

Durante los años de expansión, Rosales buscó posicionar al grupo como un actor relevante del mercado asegurador, al tiempo que analizaba inversiones en otros sectores de la economía.

La compra de Garbarino representó el salto más ambicioso de esa estrategia de diversificación.

La quiebra afecta a sus otras empresas

La respuesta es no, al menos de manera automática.

En el derecho argentino existe una diferencia fundamental entre la persona física y las sociedades comerciales.

La quiebra de Rosales alcanza a su patrimonio personal y no implica, por sí sola, que las empresas donde participa ingresen también en quiebra.

Sin embargo, sí puede tener consecuencias indirectas.

Si el empresario mantiene acciones, cuotas sociales, derechos económicos o participaciones en esas compañías, esos activos pasan a integrar la masa falencial y podrán ser administrados por la sindicatura.

Eso significa que esas participaciones podrían venderse para generar recursos destinados a cancelar deudas con los acreedores.

Otra cuestión distinta sería que alguna de esas empresas presente problemas financieros propios.

En ese caso deberían tramitar un proceso concursal independiente, ya que la quiebra personal de su accionista no las arrastra automáticamente.

Un caso que excede a Garbarino

La resolución conocida esta semana vuelve a instalar una pregunta que durante años acompañó el proceso de Garbarino: hasta dónde alcanzan las responsabilidades patrimoniales de quienes condujeron la empresa durante su etapa final.

El expediente sobre Rosales seguirá ahora su propio camino judicial.

En los próximos meses el síndico deberá verificar los créditos, elaborar el inventario patrimonial y presentar los informes previstos por la Ley de Concursos y Quiebras.

Recién después podrá comenzar la eventual realización de bienes y la distribución de fondos entre los acreedores.

Mientras tanto, el caso se convierte en un nuevo capítulo de una historia que modificó el mapa del retail argentino.

Garbarino pasó de ser una empresa con cientos de locales, miles de empleados y presencia en prácticamente todo el país a transformarse en un expediente judicial.

Ahora, la quiebra personal de quien encabezó el último intento por rescatarla muestra que las consecuencias de ese derrumbe todavía están lejos de terminar.