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Vasalli cambia de dueño: el misterio detrás de la venta de la histórica fábrica de cosechadoras

La firma anunció que el traspaso se concretará a fines de julio, aunque ya comenzó la transición sin haber revelado quiénes integran el grupo inversor
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 02 de Julio, 2026

La cuenta regresiva para un nuevo cambio de manos en Vassalli ya comenzó.

Después de varios meses de negociaciones, la histórica fabricante de cosechadoras de la localidad santafesina de Firmat confirmó que la transferencia accionaria ingresó en su etapa final y que el cierre legal de la operación está previsto entre el 24 y el 31 de julio próximos.

El anuncio era esperado por trabajadores, concesionarios, proveedores y todo el sector de maquinaria agrícola.

La histórica fábrica de cosechadoras Vasalli cambia de dueño

Sin embargo, lejos de despejar todas las dudas, dejó abierta la principal incógnita ya que la empresa sigue sin revelar quiénes serán sus nuevos propietarios.

En este sentido, hubo un comunicado difundido al personal en el que los actuales dueños únicamente confirman que los futuros accionistas designaron como gerente general a Roberto Santiago Chinelli, quien desde ahora tendrá a su cargo la conducción operativa de la empresa para garantizar una transición ordenada hasta que se firme el traspaso definitivo.

La decisión volvió a alimentar las versiones que desde hace meses circulan dentro del sector y que ubican al propio Chinelli como una de las personas vinculadas al grupo inversor interesado en quedarse con la compañía.

Sin embargo, esa información continúa sin confirmación oficial al punto que el propio proceso se mantiene un fuerte hermetismo y ni la empresa ni el futuro management informaron quiénes integran el grupo comprador.

Mientras tanto, dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) aseguraron que tampoco recibieron precisiones durante las reuniones mantenidas con el futuro gerente general.

Un viejo conocido

Aunque su nombre volvió a cobrar protagonismo con el anuncio de la venta, Chinelli no es un recién llegado a Vassalli.

Su relación con la empresa se remonta a la década del 90, cuando participó de distintas etapas de conducción y representó a accionistas minoritarios.

Con el paso de los años volvió a ocupar la Gerencia General durante la gestión del empresario entrerriano Eduardo Marsó, convirtiéndose en uno de los ejecutivos con mayor conocimiento sobre el funcionamiento industrial y comercial de la fábrica.

Esa experiencia explica por qué fue elegido para conducir la transición, aun antes de que se concrete el cierre legal de la operación.

No obstante, una cosa es que Chinelli haya sido designado gerente general y otra muy distinta que sea el comprador.

Hasta ahora no existe ningún documento ni comunicación oficial que confirme que él adquirió la empresa o que integre el futuro paquete accionario.

Las distintas publicaciones que lo vinculan con la operación hablan de versiones surgidas dentro del mercado, pero la identidad de los inversores continúa bajo reserva.

Mientras tanto, el propio ejecutivo ya comenzó a trabajar sobre el principal desafío que enfrentará la nueva conducción: volver a poner en marcha una fábrica que prácticamente dejó de producir.

En reuniones con el personal presentó un primer objetivo industrial que pasa por fabricar unas 30 cosechadoras para iniciar la recuperación de la actividad.

El plan, sin embargo, depende de resolver antes varios problemas acumulados durante los últimos meses como es el de recomponer la relación con proveedores, destrabar componentes retenidos en la Aduana, conseguir capital de trabajo y definir un esquema para cancelar los salarios adeudados a los trabajadores.

Una empresa que supo liderar el mercado

La venta marca un nuevo capítulo en la historia de una compañía que durante décadas fue sinónimo de cosechadoras fabricadas en la Argentina.

Fundada en 1949 por Roque Vassalli en Firmat, Santa Fe, la empresa revolucionó la mecanización agrícola al desarrollar las primeras cosechadoras autopropulsadas de producción nacional y se convirtió en uno de los principales proveedores del campo argentino.

Durante sus mejores años llegó a emplear a cientos de trabajadores, desarrolló una amplia red de concesionarios y colocó equipos tanto en el mercado interno como en distintos países de América Latina.

La marca Vassalli se transformó en un emblema de la industria metalmecánica nacional y fue protagonista del crecimiento del agro durante varias décadas.

Sin embargo, ese liderazgo comenzó a erosionarse con el paso del tiempo.

La apertura del mercado, la llegada de fabricantes internacionales con mayor respaldo financiero y tecnológico, las sucesivas crisis económicas argentinas y los problemas internos fueron debilitando a la compañía.

En los últimos 20 años, Vassalli atravesó reestructuraciones, concursos preventivos, cambios de accionistas y reiterados conflictos financieros que terminaron afectando la producción y su participación en el mercado.

Una gestión que no logró revertir la crisis

La etapa más reciente estuvo encabezada por la familia Marsó, que asumió el control con el objetivo de recuperar la actividad industrial y reposicionar la empresa.

El proyecto contemplaba volver a fabricar en forma sostenida, recomponer la relación con la red comercial y aprovechar la recuperación que comenzaba a mostrar el sector agropecuario.

Sin embargo, la realidad fue muy distinta y la empresa continuó acumulando dificultades para financiar su operación diaria, comenzaron los atrasos en el pago de salarios, crecieron las deudas con proveedores y la producción volvió a interrumpirse en varias oportunidades por la falta de insumos y capital de trabajo.

Con el paso de los meses, la crisis también alcanzó a la cadena de abastecimiento y muchos proveedores suspendieron entregas por falta de pago y parte de los componentes importados quedó retenida en la Aduana, complicando todavía más la posibilidad de terminar las máquinas que permanecían en fabricación.

Ese escenario terminó acelerando la búsqueda de un nuevo inversor dispuesto a hacerse cargo de una empresa que conserva una marca con enorme prestigio, pero también importantes pasivos financieros, laborales y comerciales.

Los primeros pasos

La futura conducción ya dejó trascender cuáles serán sus prioridades apenas se complete el traspaso accionario.

El primer objetivo será poner nuevamente en funcionamiento la planta de Firmat con un programa inicial de aproximadamente 30 cosechadoras.

La intención es recuperar ritmo de producción, cumplir con entregas pendientes y comenzar a generar ingresos que permitan estabilizar la situación de la compañía.

Para alcanzar esa meta será necesario reconstruir la confianza de proveedores y concesionarios, normalizar el abastecimiento de piezas y acordar un cronograma para cancelar las obligaciones salariales acumuladas.

También figura entre las prioridades finalizar una cosechadora que ya se encuentra prácticamente terminada y cuya entrega permitiría obtener liquidez inmediata para afrontar parte de esos compromisos.

El desafío, sin embargo, excede la producción de esas primeras unidades y la nueva administración deberá demostrar que tiene espalda financiera para sostener el plan de recuperación y volver a posicionar a Vassalli en un mercado mucho más competitivo que el de años atrás.

En ese contexto, el cierre definitivo de la operación, previsto para la última semana de julio, no representará el final del proceso sino apenas el comienzo de una etapa decisiva para una empresa que buscará volver a ocupar un lugar relevante dentro de la industria nacional de maquinaria agrícola.

Un mercado cada vez más competitivo

La reactivación de Vassalli tampoco dependerá únicamente de resolver sus problemas internos.

La empresa volverá a competir en un mercado que cambió radicalmente respecto del que la convirtió en un ícono de la industria nacional.

Hoy, el negocio argentino de maquinaria agrícola está liderado por grandes fabricantes internacionales como John Deere, CNH Industrial —con sus marcas Case IH y New Holland—, AGCO —propietaria de Massey Ferguson y Valtra— y CLAAS.

Todas cuentan con una escala global, financiamiento propio, desarrollo tecnológico permanente y una amplia red de servicios, ventajas que elevan la competencia para los fabricantes nacionales.

Según datos del sector, las empresas multinacionales concentraron cerca de dos tercios de las ventas de maquinaria agrícola durante el primer trimestre de 2026, mientras que los fabricantes argentinos continúan enfrentando mayores dificultades para acceder al crédito, financiar capital de trabajo y sostener inversiones en innovación.

En ese escenario, la fortaleza de Vassalli sigue siendo el reconocimiento de su marca, la experiencia acumulada en la fabricación de cosechadoras y una red comercial que, pese a la crisis, aún conserva presencia en buena parte de las zonas agrícolas del país.

Más allá del plan industrial y del cronograma previsto para concretar la operación, la principal incógnita sigue siendo la misma: quiénes serán los dueños de Vassalli cuando finalice el proceso de venta.

Tampoco trascendieron detalles sobre el monto de la operación, la estructura societaria elegida ni el volumen de inversiones que el nuevo grupo estaría dispuesto a realizar para recuperar la empresa.

Ese hermetismo no es menor en una industria donde la confianza de proveedores, concesionarios, bancos y clientes resulta determinante, conocer quién respalda financieramente el proyecto será clave para evaluar las posibilidades reales de éxito.

Por eso, la última semana de julio no sólo marcará el cierre formal de una compraventa.

También debería despejar el principal interrogante que hoy rodea a una de las empresas más emblemáticas de la maquinaria agrícola argentina que después de años de crisis, cambios de accionistas y proyectos que no lograron consolidarse, volverá a empezar.

Pero esta vez el desafío no será únicamente cambiar de dueño: será demostrar que todavía tiene condiciones para competir en un mercado cada vez más exigente y asegurar la continuidad de una marca que forma parte de la historia industrial del país.

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