Dos amigos y una libreta de fiado, el detrás de escena del origen de Tarjeta Naranja
Lo que hoy es una de las fintech más reconocidas de la Argentina nació de una situación tan cotidiana como inesperada. Detrás de Tarjeta Naranja había dos amigos cordobeses que compartían una historia mucho más sencilla y cercana.
David Ruda y Gerardo Asrin se conocían desde primer grado. Ambos estudiaron Educación Física, se recibieron de profesores y desarrollaron sus primeros años laborales lejos del mundo financiero. Sin embargo, en 1969 decidieron emprender juntos y abrieron una pequeña tienda de ropa y artículos deportivos llamada Salto 96.
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El negocio funcionaba en un garaje de Córdoba y tuvo la fortuna de coincidir con la llegada de adidas a la provincia. La demanda comenzó a crecer y, poco a poco, fueron sumando clientes entre alumnos, colegas, amigos y conocidos.
Como gran parte de quienes compraban eran personas de confianza, Ruda y Asrin comenzaron a ofrecerles la posibilidad de pagar en cuotas. El sistema era completamente artesanal y cada venta financiada quedaba registrada en una libreta donde anotaban quién debía dinero, cuánto debía y cuándo correspondía cobrar cada cuota.
¿Cómo dos profesores de gimnasia crearon Tarjeta Naranja?
Durante un tiempo el método funcionó, pero el crecimiento del negocio empezó a generar un problema inesperado. La cantidad de clientes aumentó tanto que ya resultaba difícil recordar quién tenía saldo pendiente y cuáles eran las condiciones de pago acordadas.
Frente a esa situación, los dos emprendedores idearon una solución práctica y sencilla. Decidieron entregar una pequeña tarjeta plástica de color naranja a quienes tenían cuenta corriente con el local. El objetivo era únicamente identificar a los clientes que compraban bajo esa modalidad.
Los clientes comenzaron a visitar otros negocios de la ciudad y repetían una pregunta que llamó la atención de comerciantes y emprendedores. Querían saber si podían pagar utilizando "la tarjetita naranja" que ya empleaban en Salto 96.
Aquella reacción reveló algo que Ruda y Asrin no habían previsto. La tarjeta había dejado de ser un simple mecanismo de identificación para transformarse en una marca reconocida y valorada por los consumidores.
A partir de esa demanda creciente comenzaron a incorporar comercios adheridos y a expandir el sistema. El proyecto tomó una dimensión completamente diferente y, en 1985, nació oficialmente Tarjeta Naranja.
La compañía encontró rápidamente un espacio propio dentro del mercado argentino porque ofrecía una experiencia distinta a la que predominaba en el sistema financiero tradicional. Mientras gran parte de los bancos mantenían una relación distante con los clientes, la propuesta de Tarjeta Naranja estaba basada en valores como la cercanía, la confianza y el servicio personalizado.
Esa cultura empresarial se convirtió en uno de los principales activos de la compañía y permitió construir un vínculo emocional con millones de usuarios en todo el país.
¿Por qué una simple tarjeta naranja terminó cambiando el negocio financiero?
El crecimiento sostenido llamó la atención de uno de los principales actores del sistema financiero argentino. En 1995, el Banco Galicia identificó el potencial del negocio y decidió adquirir la mayoría accionaria de la empresa para acompañar y acelerar su expansión.
La operación marcó un punto de inflexión porque permitió potenciar el alcance nacional de la marca sin perder la identidad que había caracterizado a sus fundadores desde los primeros años.
Con el paso del tiempo, Tarjeta Naranja continuó evolucionando junto con los cambios tecnológicos y las nuevas formas de consumo. La compañía fue ampliando sus servicios y avanzó hacia un modelo cada vez más digital.
La historia también atravesó momentos difíciles. En 2017 falleció Gerardo Asrin, uno de los dos socios fundadores que había participado desde el inicio en la construcción del proyecto.
Sin embargo, la empresa mantuvo una fuerte impronta familiar en su conducción. Tras la muerte de Asrin, su hijo Alejandro asumió el liderazgo ejecutivo con el desafío de conducir una nueva etapa de transformación.
Bajo esa gestión, la compañía profundizó su proceso de innovación tecnológica y avanzó hacia el modelo que hoy se conoce como Naranja X, una fintech que ofrece soluciones financieras digitales a millones de usuarios.