Cómo la Inteligencia Artificial ayuda a personas con ceguera a estudiar y trabajar
Mientras gran parte del debate sobre la inteligencia artificial (IA) gira alrededor de los empleos que podría reemplazar, existe otra transformación mucho menos visible que ya está cambiando miles de vidas. Combinada con la tecnología asistiva, la IA está permitiendo que personas con ceguera o baja visión lean un documento, estudien una carrera universitaria, trabajen con mayor autonomía, reconozcan objetos, identifiquen personas, se desplacen con mayor seguridad o conserven un empleo sin depender permanentemente de terceros. Su impacto sobre la inclusión puede ser tan profundo como el de cualquier avance productivo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 2.200 millones de personas viven con algún tipo de deterioro visual. La mayoría no son personas con ceguera total, sino con baja visión, una condición muchas veces subestimada que dificulta actividades tan cotidianas como leer un formulario, usar el celular, interpretar un contrato o reconocer el colectivo correcto.
Mucho antes de que existieran Google, los teléfonos inteligentes o ChatGPT, en la Argentina ya había quienes imaginaban que la tecnología podía convertirse en una herramienta de inclusión. En 1994, cuando Internet recién comenzaba a expandirse, Rubén Battipede fundó TecnoAyudas con una idea adelantada a su tiempo; acercar soluciones tecnológicas para que las personas con discapacidad visual pudieran acceder a la información, la educación y el empleo en igualdad de condiciones.
Durante años recorrió escuelas, bibliotecas y universidades mostrando herramientas que entonces parecían futuristas. Pero su desafío no era solamente acercar tecnología. También debía convencer a docentes, funcionarios y empleadores de que una persona ciega podía estudiar una carrera o desempeñarse laboralmente si contaba con los apoyos adecuados. Treinta años después, aquella visión pionera encontró en la inteligencia artificial un nuevo impulso.
Alejandra Scolari, directora de TecnoAyudas, asegura que la evolución fue enorme. En diálogo con iProfesional, recuerda que en los años noventa las primeras máquinas hablaban con una voz robótica y sorprendían por una capacidad que hoy cualquier teléfono puede ofrecer. Sin embargo, sostiene que el verdadero salto llegó con la inteligencia artificial.
Cómo funcionan los tres dispositivos con inteligencia artificial que ya llegaron a la Argentina
La tecnología asistiva existe desde hace décadas. Lectores de pantalla, impresoras Braille, magnificadores y teclados adaptados ya permitían que muchas personas con discapacidad visual estudiaran y trabajaran con mayor autonomía. Hoy con la IA ya no solo es posible leer un texto; también interpretar imágenes, describir escenas, reconocer personas, identificar objetos o anticipar obstáculos durante un recorrido.
Hasta hace pocos años, muchas personas con discapacidad visual necesitaban la ayuda de otra persona para leer un contrato, revisar un correo electrónico, reconocer un medicamento o interpretar una fotografía. La inteligencia artificial empezó a eliminar esa dependencia y, con ella, una de las principales barreras para acceder a un empleo, cursar estudios superiores o desenvolverse con mayor independencia.
Hoy, ese salto tecnológico se refleja principalmente en tres dispositivos que ya están disponibles en la Argentina y representan algunas de las soluciones más avanzadas de tecnología asistiva.
El primero son las Envision Glasses, unas gafas inteligentes equipadas con una cámara y un sistema de inteligencia artificial capaz de leer textos impresos y manuscritos en más de 60 idiomas, describir escenas, reconocer rostros, objetos, colores, billetes y códigos QR. Además, permiten conectarse con familiares o intérpretes visuales que pueden ver, a través de la cámara, exactamente lo que tiene delante el usuario. Su precio ronda los u$s4.000.
El segundo desarrollo es Lup, una lupa inteligente de bolsillo que convierte cualquier texto en audio sin necesidad de conexión a Internet. Además de ampliar hasta diez veces la imagen, traduce textos en más de 30 idiomas, incorpora conectividad Bluetooth y un asistente inteligente que mejora su desempeño a medida que se utiliza. Su valor es de aproximadamente u$s1.200.
El tercero es el bastón inteligente WeWalk 2, que conserva el tamaño y el peso de un bastón blanco tradicional, pero incorpora sensores que detectan obstáculos a la altura del torso, navegación mediante GPS, información sobre transporte público en tiempo real y asistencia mediante comandos de voz. Su precio ronda los u$s1.360.
Aunque se trata de dispositivos de alta complejidad y con valores elevados, el costo no siempre representa una barrera insalvable. Scolari explica que para las personas que cuentan con Certificado Único de Discapacidad (CUD), la situación es diferente. "La Ley 24.901 cubre estas ayudas técnicas para quienes tienen obra social o prepaga. Dependiendo de cada caso, el trámite puede ser más o menos complejo, pero la cobertura es del 100%", señala. La normativa también contempla otros dispositivos, como impresoras Braille, máquinas de escribir Braille, teclados adaptados y distintas tecnologías de apoyo.
La situación cambia para quienes no tienen cobertura médica. Según advierte la directora de TecnoAyudas, la reducción de distintos programas públicos de asistencia dificultó el acceso a estas tecnologías para muchas personas sin recursos.
Cómo la inteligencia artificial elimina barreras para estudiar y trabajar
Cada nuevo avance en inteligencia artificial suele venir acompañado de advertencias sobre el empleo. Sin embargo, cuando se habla de personas con discapacidad visual ocurre exactamente lo contrario. La IA no reemplaza trabajadores; elimina barreras que durante años dejaron afuera del mercado laboral a miles de personas.
Scolari recuerda una reflexión que hizo la influencer Cecilia Flores, usuaria de las Envision Glasses, y que cambió su propia forma de mirar la inteligencia artificial.
"La descripción que me da una persona viene cargada de su opinión. Me puede decir que hay un caballo lindo o un perro feo. La tecnología, en cambio, me describe las cosas sin juzgar. Para mí eso es un cambio enormemente positivo", recuerda Scolari al citar a la influencer Cecilia Flores.
La ejecutiva asegura que los ejemplos abundan. "Hay usuarios que descubrieron por primera vez qué paisaje había detrás de la ventana de su casa o de qué colores estaba pintado un cuadro que llevaba años colgado en el living. Para quien ve, parecen detalles menores. Para una persona ciega representan una nueva forma de relacionarse con el mundo".
Sin embargo, advierte que la innovación por sí sola no alcanza. La accesibilidad también depende de que existan escuelas equipadas, docentes capacitados y políticas públicas que acompañen la incorporación de estas tecnologías.
"De nada sirve comprar una impresora Braille de última generación si cuando llegamos a instalarla la computadora tiene Windows XP. Hace falta infraestructura, capacitación y que las escuelas puedan formar chicos que también sean tecnológicos", afirmó.
Después de años acompañando a personas que incorporaban estas tecnologías, Scolari empezó a registrar las reacciones de quienes las probaban por primera vez. No buscaba medir ventas ni hacer un estudio de mercado, sino conservar esos testimonios. Con el tiempo descubrió que había una frase que se repetía por encima de todas las demás; "me cambió la vida".
Paradójicamente, mientras la conversación pública suele centrarse en los riesgos de la inteligencia artificial para el empleo, la experiencia de quienes trabajan hace más de treinta años en tecnología asistiva muestra otro escenario posible. Para miles de personas con ceguera o baja visión, la IA no desplaza trabajadores; devuelve independencia, amplía oportunidades y les permite acceder a la educación y al mercado laboral en condiciones que hasta hace pocos años parecían inalcanzables.