MERCADO QUE NO REACCIONA

El consumo lleva siete meses en baja y varios negocios no logran recuperarse

El gasto de los hogares volvió a caer en junio y cerró el primer semestre en terreno negativo, a pesar de que la medición mensual mostró una mejora
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 14 de Julio, 2026

Puntos importantes

El Índice Consumo Privado de UP revela caída del 1,1% en junio, mostrando que el consumo privado en Argentina no se recupera.

El gasto de hogares prioriza bienes masivos (+1,1%), mientras rubros como indumentaria y electrodomésticos caen.

Empresas enfrentan un consumo "defensivo" y sostenido por descuentos; la recuperación real de la demanda es incierta.

La recuperación de la economía argentina sigue sin trasladarse de manera uniforme a las cajas de los comercios, las fábricas y las empresas de servicios.

Mientras algunos indicadores macroeconómicos permiten hablar de una estabilización y de una mejora frente a los peores momentos de la crisis, el consumo de los hogares continúa avanzando con una dinámica mucho más lenta, selectiva y difícil de interpretar.

El problema ya no pasa por cuánto gastan los argentinos porque también cambió qué compran, dónde lo hacen, qué gastos postergan, cuánto dependen de las promociones y qué nivel de endeudamiento están dispuestos a asumir para sostener una compra.

Por lo menos así surge de analizar el último Índice de Consumo Privado elaborado por la Universidad de Palermo (UP), que confirma esa distancia entre la recuperación general de la actividad y la situación concreta de buena parte de los negocios orientados al mercado interno.

Durante junio, el indicador registró una caída interanual de 1,1%, acumuló un retroceso de 1,7% durante los primeros seis meses de este año y completó su séptima baja consecutiva frente al mismo mes del 2025.

La medición desestacionalizada mostró, al mismo tiempo, un avance mensual de 1,2%, luego de dos meses de virtual estancamiento, dato que representa una mejora respecto de mayo, pero que todavía no alcanza para confirmar el comienzo de una recuperación sostenida.

En este sentido, la comparación mensual sugiere que el consumo pudo haber encontrado un piso durante el segundo trimestre, pero la variación interanual muestra que las familias todavía gastan menos que un año atrás y que el rebote no consiguió compensar las pérdidas acumuladas.

Para las empresas, esa combinación supone un escenario especialmente complejo ya que, a pesar de que no hay un derrumbe generalizado como el que atravesó el mercado en otros momentos, tampoco existe una recuperación suficientemente fuerte como para recomponer volúmenes, márgenes de ganancia y capacidad de inversión.

La recuperación del consumo no llega: negocios en alerta

El informe de la Facultad de Negocios de la UP fue diseñado para anticipar la evolución del consumo privado que el INDEC publica de manera trimestral y con varios meses de rezago.

Para construirlo, sus investigadores procesan más de 30 indicadores mensuales asociados al gasto de los hogares, entre ellos patentamientos, ventas de alimentos, consumo de combustibles, electrodomésticos, actividad gastronómica, turismo, cine, crédito y recaudación impositiva.

Esa apertura permite ver que detrás del retroceso general conviven comportamientos muy diferentes y muestra que los bienes de consumo masivo fueron el único gran segmento que terminó junio con una variación interanual positiva.

El índice correspondiente a productos de compra frecuente avanzó 1,1% frente al mismo mes de 2025.

Sin embargo, el promedio de los últimos tres meses todavía mostró una caída de 2,2%, mientras que el primer semestre acumuló una contracción del 2,1%.

Es decir, el consumo cotidiano comienza a estabilizarse, pero sigue condicionado por un hogar que reorganizó sus prioridades y redujo compras que antes formaban parte de su rutina.

El comportamiento se explica, en parte, porque los bienes no durables incluyen alimentos, bebidas, artículos de limpieza y combustibles.

Son productos difíciles de eliminar por completo del presupuesto, aunque pueden reemplazarse por marcas más económicas, reducirse en cantidad o comprarse únicamente cuando aparecen descuentos.

Este universo representa el 50% del gasto variable de los hogares considerado por el índice, una vez descontados compromisos fijos como alquileres, electricidad, gas, agua, salud y transporte, tal como se indica en el informe.

El dato ayuda a entender por qué los supermercados, mayoristas y fabricantes de alimentos pueden mostrar cierta estabilidad en facturación sin recuperar necesariamente el volumen perdido.

Los consumidores continúan comprando, pero lo hacen bajo reglas diferentes, buscando precios, cambiando de marca, reduciendo unidades, trasladando consumos hacia canales más baratos y concentrando operaciones en los días de descuentos bancarios o promociones especiales.

Otro aspecto interesante que surge de analizar el documento es que la competencia dejó de concentrarse exclusivamente entre marcas y ahora también se libra entre formatos comerciales, aplicaciones, billeteras virtuales, supermercados, mayoristas, comercios de cercanía y plataformas de entrega.

Las familias recurren a un consumo defensivo

El informe también muestra cómo el retroceso del gasto privado no responde a una única variable y advierte que, si bien la desaceleración inflacionaria mejora la previsibilidad, no reconstruye automáticamente el poder de compra perdido.

Para una familia, además, no alcanza con que los ingresos acompañen el promedio de los precios ya que también depende del peso creciente de servicios, alquileres, tarifas, transporte, educación y deudas.

Por eso, aunque ciertos salarios hayan recuperado terreno en términos estadísticos, el dinero que queda libre para consumo discrecional puede continuar limitado.

El resultado es un consumo defensivo en donde las familias protegen el gasto indispensable y ajustan todo aquello que consideran prescindible o que puede esperar.

La conclusión es incómoda para las empresas si se tiene en cuenta además que el trabajo evidencia que los descuentos ya no funcionan solamente como una herramienta para aumentar ventas y que en muchos rubros se convirtieron en una condición necesaria para concretarlas.

El crédito tampoco consigue empujar

La debilidad del consumo también aparece en los mecanismos de financiamiento, según el relevamiento de la Universidad de Palermo, que asegura que las compras realizadas con tarjeta de crédito cayeron 5,2% interanual en junio, mientras los préstamos personales retrocedieron 2,2%.

La disminución no significa que los consumidores hayan abandonado las tarjetas que siguen siendo determinantes para numerosas compras.

Lo que revela es una mayor prudencia frente al endeudamiento y un uso más selectivo del límite disponible a diferencia de años anteriores cuando las cuotas permitieron sostener el consumo aun cuando los ingresos reales se debilitaban.

En el escenario actual, esa capacidad encuentra límites ya que las familias evalúan el costo financiero, el nivel de las cuotas acumuladas y la posibilidad de afrontar compromisos futuros.

Para las empresas en cambio, los programas de cuotas sin interés, los acuerdos con bancos y billeteras digitales y las bonificaciones específicas se transformaron en una parte central de la estrategia comercial.

Pero ese esfuerzo también presiona sobre la rentabilidad de marcas que deben absorber una parte del costo financiero para no perder ventas.

El IVA confirma la caída

Otra señal relevante surge de la recaudación tributaria si se tiene en cuenta que el informe señala que el ingreso por IVA medido en términos reales cayó 4,2% interanual en junio y acumuló una contracción de 2,6% durante el primer semestre.

Se trata de una de las variables más observadas para medir el movimiento de la actividad y el consumo, aunque también puede verse afectado por cambios regulatorios, compensaciones fiscales y modificaciones en las importaciones.

Para el Gobierno, esta dinámica representa un desafío fiscal mientras que para las empresas, confirma que la recuperación de la demanda no puede darse por descontada.

Del mismo modo, el documento muestra que la principal frontera del consumo ya no separa únicamente a hogares de mayores y menores ingresos sino que también divide los gastos considerados imprescindibles de aquellos que pueden postergarse.

En el primer grupo aparecen los alimentos, los productos de higiene, los medicamentos y determinados servicios básicos.

En el segundo se ubican la indumentaria, los electrodomésticos, los muebles, las salidas, las vacaciones y los vehículos.

La diferencia explica por qué una misma economía puede exhibir aumentos en la venta de determinados productos básicos y, al mismo tiempo, caídas pronunciadas en negocios vinculados al equipamiento del hogar o la recreación.

El caso de los electrodomésticos

Uno de los datos más llamativos del informe aparece al analizarse la facturación de las ventas de electrodomésticos que mostró una caída interanual del 11,6%, reflejando que la demanda continúa lejos de los niveles esperados por el sector.

La situación muestra además que la recuperación continúa dependiendo de promociones puntuales, eventos comerciales y ofertas de financiación.

Los televisores mantienen un mejor desempeño gracias al recambio tecnológico y a eventos deportivos de gran audiencia como el Mundial 2026, mientras que otros productos muestran un comportamiento mucho más irregular.

Heladeras, lavarropas, cocinas y pequeños electrodomésticos todavía encuentran una demanda muy selectiva.

Las empresas del sector también enfrentan la mayor apertura comercial que incrementó la competencia en varias categorías y obligó a revisar estrategias de precios, márgenes y abastecimiento.

Las motos aceleran y los autos siguen frenados

El informe de la UP también deja una diferencia que explica buena parte de la dinámica actual del mercado automotor.

Mientras los patentamientos de motos crecieron 42,3% interanual, los automóviles registraron una caída de 13,7% durante junio.

Lejos de representar una contradicción, ambos movimientos reflejan cambios profundos en el comportamiento de los consumidores si se tiene en cuenta que la moto se consolidó como una alternativa de movilidad de menor costo, tanto para trabajadores particulares como para quienes obtienen ingresos mediante aplicaciones de reparto o servicios logísticos.

Su precio resulta considerablemente inferior al de un automóvil y, además, requiere un nivel de financiamiento mucho más accesible.

En cambio, el mercado automotor continúa condicionado por el valor de las unidades, el costo del crédito y la prudencia de consumidores que todavía prefieren esperar antes de realizar una compra de semejante magnitud.

La ropa, uno de los grandes perdedores

Si los electrodomésticos atraviesan un escenario complejo, la situación resulta todavía más delicada para el negocio textil.

El índice de bienes semidurables cayó 3,8% interanual en junio, transformándose en el rubro de peor desempeño entre las cuatro grandes categorías analizadas por la Universidad de Palermo.

El trabajo muestra que las ventas de ropa y calzado en shoppings disminuyeron 7,2%, mientras que las comercializadas en supermercados registraron una baja aún mayor, del 13,8%.

Es que, a diferencia de los alimentos, la compra de ropa puede postergarse durante varios meses sin afectar el funcionamiento cotidiano del hogar.

Por eso se convirtió en uno de los primeros gastos que las familias reducen cuando necesitan reorganizar el presupuesto.

En este contexto, las liquidaciones dejaron de ser un evento estacional para transformarse en una herramienta permanente destinada a sostener el flujo de ventas y evitar la acumulación de stock.

Ese escenario también presiona sobre la rentabilidad, ya que vender más barato permite mantener el movimiento comercial, pero reduce los márgenes en un contexto donde los costos operativos siguen siendo elevados.

El supermercado deja de ser el termómetro

Durante años, seguir la evolución del consumo significaba mirar casi exclusivamente las ventas de supermercados.

Ahora los consumidores distribuyen cada vez más sus compras entre mayoristas, comercios de cercanía, cadenas de descuento, plataformas digitales, aplicaciones de entrega y promociones bancarias.

Esa fragmentación hace que un mismo hogar compre alimentos en distintos canales según el precio, la financiación o el beneficio disponible.

Aun así, el informe de la Universidad de Palermo muestra que los bienes de consumo masivo fueron el único gran rubro que logró cerrar junio con una variación interanual positiva, del 1,1%, aunque el acumulado del semestre continúa en terreno negativo.

Salir a comer, un gasto postergado

La mejora económica tampoco logró reactivar plenamente otro sector que depende del ingreso disponible: la gastronomía.

El informe señala que el consumo en restaurantes tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires acumuló su cuarta caída consecutiva, mientras que el índice de servicios vinculados al turismo y la recreación permaneció prácticamente estancado frente al año anterior.

Para el sector gastronómico, el problema no pasa únicamente por la cantidad de clientes y muchos establecimientos observan un cambio en el comportamiento de quienes siguen asistiendo.

Se reducen los consumos por mesa, aumentan las promociones, crece la búsqueda de descuentos mediante billeteras virtuales y proliferan los menús especiales diseñados para sostener el flujo de público durante la semana.

Algo similar ocurre con los espectáculos, el entretenimiento y algunas actividades recreativas con una demanda que se volvió mucho más sensible al precio.

El segundo semestre será determinante

El principal interrogante para las empresas pasa ahora por saber si la mejora mensual observada en junio representa el inicio de una recuperación más firme o simplemente un alivio transitorio.

Si la inflación continúa descendiendo, el salario real logra recomponerse y el crédito recupera dinamismo, el segundo semestre podría mostrar una mejora gradual del consumo.

Sin embargo, el informe de la Universidad de Palermo deja en claro que todavía no existen señales suficientes para afirmar que ese escenario ya comenzó.

Por ahora, el mercado continúa funcionando a distintas velocidades.

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