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Musimundo profundiza su crisis con un pasivo de más de $60.000 millones y casi sin locales

La empresa que controla la histórica cadena intenta negociar con acreedores pero mantiene un millonario pasivo y casi todos sus inmuebles hipotecados
17/07/2026 - 14:55hs
Musimundo profundiza su crisis con un pasivo de más de $60.000 millones y casi sin locales

Ni el concurso preventivo, ni el cierre de la mayoría de sus sucursales, ni el fuerte ajuste de costos alcanzaron para sacar a Musimundo de la crisis.

La histórica cadena de electrodomésticos volvió a registrar pérdidas millonarias y el nuevo balance de CARSA S.A., su empresa controlante, deja en evidencia que la prioridad pasa por sostener la operación mientras intenta reordenar una compleja situación financiera.

Por lo menos así surge de analizar los estados contables correspondientes al trimestre finalizado el 30 de noviembre de 2025 que muestran que la compañía obtuvo ingresos por $51.269 millones, pero terminó el período con una pérdida neta de $4.109 millones.

Si bien el resultado representa una mejora frente a los casi $11.000 millones que había perdido en igual período del ejercicio anterior, confirma que el profundo proceso de reestructuración todavía no alcanza para devolver el negocio a la rentabilidad.

Es más, la reducción del rojo llega después de uno de los mayores ajustes de la historia de la empresa ya que en los últimos meses, avanzó con el cierre de gran parte de su red de locales, redujo su estructura operativa y concentró la actividad en las sucursales consideradas más rentables.

Todo ello mientras CARSA ingresaba en concurso preventivo para renegociar deudas con bancos, proveedores y acreedores.

De gran cadena a una crisis profunda

Durante años, Musimundo fue una de las principales cadenas de electrodomésticos de la Argentina.

Controlada por CARSA S.A., construyó una amplia red de sucursales en todo el país y basó buena parte de su crecimiento en la venta en cuotas, un modelo que durante décadas impulsó el consumo de televisores, heladeras, celulares, aires acondicionados y otros bienes durables.

Ese esquema comenzó a deteriorarse con la sucesión de crisis económicas, la aceleración de la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y el encarecimiento del crédito.

A ese escenario se sumó un cambio estructural en el mercado: el crecimiento del comercio electrónico, los marketplaces y la venta directa de fabricantes e importadores redujo el protagonismo de las cadenas tradicionales y presionó sus márgenes de rentabilidad.

Musimundo llegó a ese nuevo contexto con una estructura diseñada para un mercado mucho más grande que el actual.

La caída de las ventas terminó afectando la generación de caja y complicó el cumplimiento de sus compromisos financieros.

Como respuesta, CARSA inició un profundo proceso de reestructuración que incluyó el cierre de la mayoría de las sucursales de la cadena, la reducción de costos operativos, la reorganización de su estructura comercial y, finalmente, la presentación en concurso preventivo de acreedores para renegociar sus deudas.

El último balance muestra que ese proceso permitió contener parte de la crisis, pero todavía no alcanzar el equilibrio financiero.

La empresa volvió a registrar pérdidas, mantiene pasivos por más de $59.400 millones y continúa dependiendo de distintas herramientas de financiamiento para sostener la operación.

Entre ellas figuran la renegociación de deuda bancaria, la utilización de fideicomisos financieros, la cesión de créditos por ventas financiadas y la constitución de garantías hipotecarias sobre inmuebles propios.

Ganar tiempo pero sin poder revertir la dramática situación

Los estados contables también reflejan que el saneamiento sigue en marcha y que, a pesar de que la deuda con entidades financieras bajó durante el trimestre, CARSA aún mantiene importantes compromisos con proveedores, obligaciones fiduciarias y contratos de alquiler, además de haber constituido una previsión cercana a $6.000 millones por pérdidas crediticias esperadas.

Es decir, el ajuste permitió ganar tiempo, aunque todavía no logró revertir la delicada situación financiera de una de las marcas históricas del retail argentino.

Los números del balance también muestran que el problema financiero sigue siendo de gran magnitud al punto que al cierre de noviembre, CARSA acumulaba pasivos por $59.400 millones, frente a activos por $118.476 millones y un patrimonio neto de $59.076 millones.

Es decir, la compañía conserva patrimonio positivo, pero continúa cargando con un importante volumen de obligaciones que condiciona cualquier intento de recuperación.

La mayor parte de esos compromisos corresponde a obligaciones de corto plazo, con un pasivo corriente que asciende a $59.067 millones, reflejando la presión que ejercen los vencimientos con bancos, proveedores, tenedores de deuda, alquileres y otros acreedores sobre la caja de la empresa.

Dentro de esa estructura aparecen algunos datos que muestran el esfuerzo financiero realizado durante el trimestre.

La deuda con entidades bancarias bajó de $11.844 millones a $10.314 millones, una reducción cercana a los $1.530 millones.

Sin embargo, CARSA todavía mantiene las siguientes obligaciones:

  • $3.863 millones en valores de deuda fiduciaria
  • $3.536 millones de obligaciones con proveedores
  • Más de $2.096 millones correspondientes a contratos de alquiler, un costo que sigue siendo elevado incluso después del cierre de buena parte de sus sucursales

Herramientas para sobrevivir

Pero quizá el dato más revelador del balance sea la forma en que la empresa continúa obteniendo financiamiento.

Las notas a los estados contables muestran que CARSA mantiene inmuebles hipotecados como garantía de distintas obligaciones financieras y comerciales con empresas proveedoras y entidades crediticias.

Además, cedió créditos originados por ventas con tarjetas a fideicomisos que respaldan emisiones de obligaciones negociables, una herramienta que le permite seguir obteniendo liquidez en medio del proceso concursal.

A ello se suma una previsión cercana a los $6.000 millones por pérdidas crediticias esperadas, un indicador que refleja el riesgo de incobrabilidad de la cartera de clientes financiados y la dificultad de sostener uno de los pilares históricos del negocio de las cadenas de electrodomésticos: la venta en cuotas.

Más que un simple balance con pérdidas, el documento expone así el complejo equilibrio financiero que hoy sostiene a una de las marcas más tradicionales del retail argentino.

La empresa intenta sobrevivir después de haber quedado atrapada entre el desplome del consumo, la crisis del crédito y una pesada estructura que durante años dejó de ser compatible con la nueva realidad del mercado.

De hecho, la crisis de Musimundo fue el desenlace de un proceso que comenzó varios años atrás y que terminó acelerándose con la fuerte caída del consumo, el cambio en los hábitos de compra y el deterioro del negocio de la financiación, históricamente el principal motor de las grandes cadenas de electrodomésticos.

Durante décadas, la empresa controlada por CARSA tuvo fuerte presencia en ciudades del interior y llegó a competir de igual a igual con Garbarino, Frávega, Ribeiro, Megatone y, más recientemente, con Cetrogar y Naldo.

El golpe de nock out

Su modelo de negocios se apoyaba en una amplia cobertura territorial y en la venta en cuotas, un esquema que comenzó a perder rentabilidad a medida que crecieron la inflación, el costo financiero y la morosidad.

Al mismo tiempo, el mercado cambió de manera estructural a partir del avance del comercio electrónico, los marketplaces y la venta directa de fabricantes e importadores, todo lo cual redujo el peso de las cadenas tradicionales, que pasaron a competir con empresas de menores costos fijos y una estructura mucho más flexible.

Ese escenario terminó golpeando con fuerza a Musimundo que comenzó a cerrar sucursales, reducir personal y concentrar la operación en los puntos de venta considerados estratégicos para poder bajar costos y preservar liquidez.

Pero la estrategia finalmente desembocó en el concurso preventivo para intentar reordenar un pasivo que ya no podía afrontar con normalidad.

El último balance muestra que, además de renegociar deuda bancaria, CARSA continúa recurriendo a distintos mecanismos financieros para sostener el negocio.

Entre ellos aparecen los fideicomisos financieros, una herramienta mediante la cual la empresa cede créditos originados por ventas financiadas para obtener recursos frescos y respaldar emisiones de deuda.

El balance también revela que mantiene inmuebles hipotecados como garantía de distintas obligaciones asumidas con proveedores y entidades financieras.

Entre las empresas mencionadas figuran Motomel, Talleres Metalúrgicos Bambi, La Emilia y Autosal, lo que refleja que parte del patrimonio inmobiliario quedó comprometido para asegurar el cumplimiento de esos pasivos.

Alto riesgo de incobrabilidad

Otro dato que expone el delicado momento financiero es la previsión por pérdidas crediticias esperadas, cercana a los $6.000 millones.

Ese monto representa el riesgo estimado de incobrabilidad de la cartera de clientes financiados y muestra cómo el deterioro del crédito también impactó sobre uno de los principales activos del negocio.

A pesar de ese escenario, la empresa consiguió reducir parcialmente su deuda con entidades financieras durante el trimestre.

Sin embargo, esa mejora convive con un elevado nivel de obligaciones de corto plazo y con un pasivo total superior a los $59.400 millones, una carga que explica por qué la reestructuración financiera sigue siendo hoy tan importante como la recuperación de las ventas.

En otras palabras, el balance muestra que Musimundo ya no enfrenta únicamente un problema comercial.

El desafío también pasa por recomponer una estructura financiera que quedó severamente deteriorada tras años de caída del consumo, cierre de sucursales y creciente dependencia del financiamiento para sostener la operatoria diaria.

Lo que sigue

El interrogante que ahora enfrenta Musimundo es si el ajuste aplicado durante el último año será suficiente para sostener la operación hasta que logre cerrar el concurso preventivo y recuperar una situación financiera más estable.

El balance deja en claro que el camino todavía será largo y que aunque consiguió reducir las pérdidas y bajar parte de su deuda bancaria, continúa operando con una estructura financiera exigente.

Los estados contables también muestran que la empresa sigue administrando una cartera de créditos de consumo de gran volumen, un activo clave para su negocio, pero que al mismo tiempo representa un riesgo importante.

La previsión por pérdidas crediticias esperadas cercana a los $6.000 millones refleja precisamente esa preocupación: una parte de los clientes financiados podría no cumplir con sus pagos, afectando la generación de caja de la compañía.

En paralelo, el proceso concursal será determinante para definir el futuro de la empresa ya que si logra alcanzar un acuerdo con sus acreedores, podrá avanzar con una estructura financiera más liviana y concentrarse en recomponer el negocio.

De lo contrario, la presión sobre su caja continuará condicionando cualquier estrategia de crecimiento.

Pero la recuperación también dependerá del desempeño del mercado como un factor central si se tiene en cuenta que las cadenas como Musimundo necesitan un mayor nivel de consumo y, sobre todo, un mercado de crédito más dinámico para volver a vender los volúmenes que históricamente sostuvieron sus operaciones.