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La Justicia remata los últimos bienes de una gigante española que quebró en la Argentina

Se trata de una las mayores constructoras extranjeras que operó en el país y que ahora puso en marcha la venta de los últimos activos de su patrimonio
21/07/2026 - 11:26hs
La Justicia remata los últimos bienes de una gigante española que quebró en la Argentina

La liquidación de una de las quiebras empresarias más resonantes del sector de la construcción sumó un nuevo capítulo.

El Juzgado Nacional en lo Comercial N°3 ordenó la subasta electrónica de los últimos vehículos pertenecientes a Isolux Ingeniería S.A. Sucursal Argentina, una medida destinada a seguir recuperando fondos para distribuir entre los acreedores del proceso falencial que se tramita desde 2018.

A simple vista, el remate de dos camionetas Toyota Hilux y un Ford Fiesta parece un procedimiento judicial más.

Sin embargo, detrás de esos tres vehículos se encuentra la historia de una empresa que supo ejecutar contratos millonarios de infraestructura, expandirse por más de 40 países y convertirse en uno de los principales grupos españoles de ingeniería y construcción antes de protagonizar un histórico colapso financiero.

El proceso se realizará a través del sistema de Subastas Electrónicas Judiciales de la Corte Suprema entre el 4 y el 17 de septiembre próximos y los vehículos saldrán a la venta con bases de $5,4 millones, $2,4 millones y $6,3 millones, respectivamente.

Las inspecciones incorporadas al expediente muestran el deterioro que sufrieron durante años de inactividad.

Dos de las unidades presentan baterías faltantes o agotadas, neumáticos dañados, golpes de carrocería y claros signos de abandono, mientras que la tercera conserva un estado general algo mejor, aunque también permaneció largo tiempo a la intemperie.

Los interesados deberán estar inscriptos en el Registro de Subastas Electrónicas Judiciales y cumplir con las condiciones fijadas por el tribunal, entre ellas el pago de una seña equivalente al 30% del precio de adjudicación, la comisión del martillero, el arancel judicial y el IVA correspondiente.

Pero el verdadero interés del expediente no está en el valor de los vehículos, sino en lo que representan ya que son los últimos bienes que quedan por liquidar de una compañía que durante años fue protagonista del negocio de la infraestructura en la Argentina y cuya caída modificó el mapa de las constructoras extranjeras que operaban en el país.

De empresa familiar a grandes obras

Para comprender por qué la subasta de tres vehículos adquiere relevancia hay que mirar la historia de la compañía.

Isolux Ingeniería S.A. Sucursal Argentina era la filial local de Isolux Corsán, un grupo español de ingeniería, construcción y concesiones que durante los años 2000 se convirtió en uno de los mayores jugadores de infraestructura de Europa.

La empresa surgió de la integración de Isolux y Corsán y estuvo liderada durante buena parte de su expansión por el empresario español Luis Delso Heras, quien impulsó una agresiva estrategia de crecimiento internacional basada en la participación en grandes proyectos de infraestructura y energía.

Con el paso de los años, el grupo extendió sus operaciones a más de 40 países de Europa, América, Asia y África, ejecutando autopistas, líneas ferroviarias, hospitales, parques solares, centrales eléctricas y redes de transmisión.

Ese crecimiento convirtió a Isolux en una de las constructoras españolas de mayor proyección internacional, aunque también elevó significativamente su nivel de endeudamiento.

Cuando comenzaron las dificultades financieras, el control de la compañía pasó a manos de los bancos acreedores y posteriormente de fondos de inversión que intentaron reestructurar el grupo, sin éxito.

En la Argentina, la empresa desembarcó para aprovechar el fuerte ciclo de inversiones en infraestructura energética y de transporte.

A través de su sucursal local participó en la construcción de líneas de alta tensión, estaciones transformadoras, redes de transmisión eléctrica, obras de ingeniería y proyectos vinculados al sector energético, además de intervenir en contratos para organismos públicos y empresas privadas.

Por caso, participó en algunos de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de las últimas dos décadas:

  • La línea de extra alta tensión Yacyretá-Buenos Aires, una de las obras clave para reforzar el Sistema Argentino de Interconexión
  • La central termoeléctrica de Río Turbio, en Santa Cruz
  • El parque eólico Loma Blanca, en Chubut, uno de los pioneros de la energía eólica a gran escala del país
  • Líneas de alta tensión, estaciones transformadoras y obras energéticas en distintas provincias

Además, integró el consorcio que había sido preadjudicado para el frustrado tren de alta velocidad Buenos Aires-Rosario-Córdoba y participó en otros proyectos viales y de infraestructura que luego quedaron paralizados o cambiaron de contratista tras la crisis del grupo.

A partir de esta posición, durante varios años fue considerada una de las constructoras extranjeras con mayor presencia en licitaciones de infraestructura, lo cual hacía difícil imaginar el desenlace que llegaría pocos años después cuando terminaría reducida a liquidar sus últimos bienes para afrontar parte de las deudas acumuladas en un proceso de quiebra que ya lleva ocho años en los tribunales comerciales argentinos.

El derrumbe y el impacto local

Tras años de expansión acelerada, Isolux Corsán acumuló una deuda de casi 4.300 millones de euros como consecuencia de una estrategia de crecimiento apoyada en el financiamiento, la compra de activos y la adjudicación de grandes proyectos alrededor del mundo.

La situación se volvió insostenible cuando empezaron a registrarse demoras y sobrecostos en distintas obras internacionales, al mismo tiempo que la crisis económica en España reducía el acceso al crédito.

A ese escenario se sumaron investigaciones por presuntas irregularidades en adjudicaciones de obra pública, que profundizaron el deterioro de la imagen del grupo y complicaron aún más las negociaciones con bancos e inversores.

En 2017, la matriz española solicitó el concurso de acreedores, uno de los procesos de insolvencia más importantes que atravesó una constructora europea en los últimos años.

Los intentos de reestructuración impulsados por los acreedores y nuevos inversores no lograron revertir la crisis y el grupo comenzó a desprenderse de activos y a abandonar operaciones en distintos mercados.

La filial argentina no quedó al margen ya que sin respaldo financiero de la casa matriz y con una actividad cada vez más reducida, dejó de incorporar nuevos proyectos y comenzó un progresivo proceso de desarticulación que culminó con la declaración de quiebra por parte de la Justicia Comercial en 2018.

Desde entonces, el expediente avanzó con la verificación de créditos, la resolución de distintos incidentes judiciales y la venta paulatina de los bienes que integraban el patrimonio de la empresa.

Ocho años después, la subasta de tres vehículos representa uno de los últimos pasos de ese proceso de liquidación.

Aunque el dinero que pueda obtenerse está lejos de modificar el volumen del pasivo, el remate tiene un fuerte valor simbólico que es el de confirmar que una empresa que llegó a ejecutar algunas de las obras de infraestructura más importantes de su época en la Argentina quedó reducida a liquidar los pocos activos que aún permanecían bajo control de la quiebra.

Cómo será el cierre del expediente

La resolución del Juzgado Nacional en lo Comercial N°3 establece que la venta se realizará mediante el sistema de Subastas Electrónicas Judiciales de la Corte Suprema. Las ofertas podrán presentarse entre el 4 y el 17 de septiembre de 2026, con posibilidad de extensión automática si se registran nuevas pujas sobre el cierre del remate.

Los bienes incluidos en la subasta son una Toyota Hilux 4x4 modelo 2008, con una base de $5,4 millones; un Ford Fiesta Ambiente Plus modelo 2008, cuya base asciende a $2,4 millones; y otra Toyota Hilux 4x4 modelo 2009, que partirá de $6,3 millones.

Los informes incorporados al expediente describen el estado en que quedaron los vehículos tras años sin uso.

Dos presentan baterías agotadas o faltantes, neumáticos pinchados, golpes de carrocería, rayaduras y signos evidentes de abandono. La tercera camioneta conserva un mejor estado general y registra más de 322.000 kilómetros recorridos, aunque también permaneció a la intemperie.

Para participar será obligatorio estar inscripto en el Registro de Subastas Electrónicas Judiciales y anotarse previamente en este remate.

El adjudicatario deberá cumplir con las siguientes condiciones de pago:

  • Abonar una seña del 30%
  • Pagar la comisión del 10% del martillero
  • Abonar el arancel del 0,25% establecido por la Corte Suprema
  • Pagar el IVA correspondiente

El saldo del precio deberá integrarse dentro de los cinco días hábiles posteriores a la aprobación judicial de la venta.

La resolución también dispone que todos los gastos de transferencia correrán por cuenta del comprador y prevé el mecanismo de reserva de postura, que permite convocar al segundo mejor oferente si quien ganó la subasta no completa el pago comprometido.

Fin para una emblemática constructora

Más allá de las formalidades judiciales, el remate representa el desenlace de uno de los casos empresariales más significativos del sector de la construcción en la Argentina.

La empresa que alguna vez compitió por grandes contratos de infraestructura y energía, respaldada por un grupo con presencia en más de 40 países, hoy busca obtener recursos mediante la venta de sus últimos bienes para atender los reclamos de los acreedores.

Con esta subasta, el expediente iniciado en 2018 entra en su etapa final y pone fin, al menos desde el punto de vista patrimonial, a la historia de una de las constructoras extranjeras que más creció en el país y que terminó convertida en uno de los mayores símbolos del colapso financiero que atravesó el sector a nivel internacional.

Su caída se convirtió en uno de los ejemplos más representativos de los riesgos que enfrentaron las grandes constructoras internacionales que crecieron al calor de la obra pública y de proyectos financiados con elevados niveles de endeudamiento.

Su presencia en la Argentina coincidió con un período de fuertes inversiones en energía, transporte y obras de transmisión eléctrica, en el que varias compañías extranjeras desembarcaron para competir por contratos multimillonarios.

El derrumbe financiero de la casa matriz cambió por completo ese escenario. La paralización de proyectos, la venta de activos y la salida de distintos mercados obligaron a reconfigurar buena parte del mapa de las constructoras internacionales que operaban en el país.

En algunos casos las obras fueron terminadas por otras empresas; en otros, los proyectos quedaron demorados o directamente fueron cancelados.