EXPANSIÓN

Messi abre las puertas de Bangladesh a una golosina emblemática de la Argentina

El fanatismo que millones de ciudadanos de ese país tienen por el ídolo abrió el camino para que este producto desembarque en el gigante asiático
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 21 de Julio, 2026

Puntos importantes

El Mantecol argentino de Georgalos desembarca en Bangladesh aprovechando la pasión local por Messi y la Selección nacional.

Georgalos busca posicionar la golosina en Bangladesh (177 millones de habitantes) donde es familiar por sus raíces históricas similares al halva local.

Esta exportación demuestra que la "marca Argentina" puede vender más allá del fútbol en el mercado global.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo, con las calles de Dhaka cubiertas de banderas argentinas, caravanas multitudinarias después de cada triunfo de la Selección, camisetas albicelestes por todos lados y miles de personas celebrando cada gol de Lionel Messi como si hubiera nacido en Bangladesh.

Lo que para muchos parecía apenas una postal exótica del fenómeno mundialista, comenzó a ser visto por empresarios argentinos como una oportunidad concreta para hacer negocios.

Ese vínculo emocional entre Bangladesh y la Argentina, que alcanzó su punto más alto durante los Mundiales de Qatar 2022 y de Estados Unidos, México y Canadá 2026, empezó a abrir puertas que van mucho más allá del fútbol.

La primera apuesta tiene como protagonista a uno de los productos más representativos del país como es el Mantecol.

El tradicional postre a base de pasta de maní inició su desembarco comercial en Bangladesh mediante los primeros envíos destinados a evaluar la respuesta del mercado.

La estrategia de Georgalos detrás de la pasión futbolera

El plan de Georgalos apunta a introducir el producto en cadenas comerciales y distribuidores de Dhaka para luego ampliar la presencia si la recepción acompaña las expectativas.

El Mantecol es una golosina argentina con más de 80 años de historia

En la empresa saben que no se trata de un mercado cualquiera ya que Bangladesh cuenta con alrededor de 177 millones de habitantes, una población equivalente a casi cuatro Argentinas concentradas en un territorio apenas superior al de Uruguay.

Aunque el consumo individual todavía es inferior al de las economías desarrolladas, el tamaño de su mercado interno y el crecimiento sostenido de su clase media lo convirtieron en uno de los destinos que cada vez más empresas observan con atención.

Además, la operación tiene un fuerte componente simbólico y el producto elegido no fue casual si se tiene en cuenta que el Mantecol forma parte del patrimonio afectivo de varias generaciones de argentinos.

Es uno de esos alimentos que remiten automáticamente a las Fiestas, a las reuniones familiares y a una tradición que atraviesa décadas.

Ahora intentará aprovechar otro fenómeno profundamente emocional como es el cariño que Bangladesh desarrolló por la Argentina gracias al fútbol.

Ese fanatismo que tiene raíces históricas y que muchos analistas lo remontan al Mundial de México 1986 y a la admiración que despertó Diego Maradona.

Pero fue Lionel Messi quien terminó de convertir esa simpatía en una verdadera pasión colectiva con las conquistas de la Copa América, la Finalissima y, sobre todo, el título mundial en Qatar, que consolidaron una identificación pocas veces vista entre dos países separados por más de 16.000 kilómetros.

De hecho, el recorrido de la Scaloneta en el Mundial 2026 no hizo más que reforzar ese vínculo.

En Dhaka volvieron a repetirse las caravanas, las banderas argentinas y las celebraciones multitudinarias que ya habían sorprendido al mundo cuatro años antes.

El Mantecol, una golosina casi centenaria

Sobre esa relación afectiva se construye ahora una estrategia comercial que busca demostrar que la marca Argentina puede vender mucho más que fútbol.

Más que nada si se recuerda que más allá del viaje del Mantecol hacia Bangladesh también hay una historia que comenzó hace más de 80 años, cuando una familia de inmigrantes transformó una antigua receta oriental en uno de los dulces más emblemáticos del país.

Detrás de la marca de Georgalos hay una historia que resume buena parte de la inmigración que construyó la industria alimenticia argentina.

Su creador fue Miguel Georgalos, integrante de una familia griega que llegó al país escapando de la Segunda Guerra Mundial.

Traía consigo una receta tradicional de su tierra: el halva o jalvá, un postre muy popular en Grecia, Turquía y gran parte de Medio Oriente elaborado originalmente con pasta de sésamo.

En la Argentina de la década de 1940 ese ingrediente era difícil de conseguir y, además, tenía un costo elevado.

Georgalos encontró entonces una alternativa que terminaría cambiando la historia del producto al reemplazar el sésamo por maní, una materia prima abundante y de excelente calidad producida en el país.

Así nació el Mantecol que comenzó como una adaptación de una receta ancestral y terminó convirtiéndose en un producto completamente nuevo, con identidad propia, hasta transformarse en uno de los mayores clásicos de la industria alimenticia nacional.

Décadas pasando de generación en generación. Primero se vendía en pequeños comercios y luego conquistó supermercados, kioscos y almacenes de todo el país.

Con el tiempo dejó de ser simplemente un postre para convertirse en una tradición de las mesas navideñas y de Año Nuevo, al punto de que para millones de argentinos las Fiestas resultan difíciles de imaginar sin una porción de Mantecol.

La marca atravesó así varias generaciones y su crecimiento del producto también estuvo acompañado por una intensa historia empresarial.

Una historia con varios cambios de dueños

La familia Georgalos convirtió a la compañía en una de las principales fabricantes de golosinas del país.

Sin embargo, durante la década de 1990 decidió vender la marca Mantecol a Cadbury, en una operación que marcó el ingreso definitivo del producto al negocio global de los alimentos.

Años después, cuando la multinacional británica fue adquirida por Mondelez International, el tradicional postre argentino pasó a formar parte del portafolio de uno de los mayores grupos alimenticios del mundo.

La historia parecía cerrada pero tres décadas más tarde ocurrió un giro inesperado ya que en el 2022, la familia Georgalos logró recomprar la marca que había creado más de 70 años antes en una operación que fue liderada por su actual CEO, Guillermo Rimoldi, quien paradójicamente también debió estar al frente del proceso de venta de la marca a Mondelez.

La operación fue presentada por la empresa como la recuperación de una parte de su propia historia y de uno de los símbolos más reconocidos del consumo masivo argentino.

Ese regreso coincidió con un proceso de relanzamiento de la marca, nuevas inversiones y una estrategia para volver a posicionar al Mantecol no solo entre los consumidores locales, sino también en mercados internacionales.

Hoy ese plan encuentra una oportunidad inesperada en Bangladesh, donde el producto tiene una ventaja competitiva poco común.

Aunque para los argentinos representa un clásico nacional, para los consumidores asiáticos su sabor y su textura remiten a un postre que forma parte de su propia tradición gastronómica desde hace siglos.

Esa combinación entre identidad argentina y raíces orientales es, precisamente, uno de los principales argumentos con los que la empresa aspira a abrirse paso en uno de los mercados más poblados del planeta.

El gigante asiático que mira a la Argentina

Más allá del fenómeno futbolístico, Bangladesh representa un mercado con un enorme potencial para las empresas argentinas.

Con 177 millones de habitantes, es el octavo país más poblado del mundo y una de las economías asiáticas que más creció durante las últimas dos décadas, impulsada por la industria textil, las exportaciones y una clase media que comenzó a ampliar su consumo.

Si bien el ingreso per cápita todavía está lejos del de los países desarrollados, el volumen de consumidores convierte al país en una plaza imposible de ignorar.

Para cualquier empresa alimenticia, conquistar apenas una pequeña porción de ese mercado puede representar ventas muy superiores a las que lograría en varios países de la región.

Ese fue el razonamiento detrás de la apuesta por el Mantecol a partir de una estrategia que comenzó con el fanatismo por la Scaloneta pero que tomó forma gracias al trabajo conjunto con la Embajada argentina en Bangladesh.

Según quienes impulsan el proyecto, el embajador argentino actuó como nexo con importadores, distribuidores y cadenas de retail, facilitando una agenda de reuniones que permitió avanzar con los primeros acuerdos comerciales.

Ahora, la hoja de ruta prevé un desembarco gradual y en una primera etapa se enviarán contenedores para evaluar la aceptación del producto, analizar el comportamiento de los consumidores y definir cuáles serán los canales de comercialización más adecuados antes de escalar las exportaciones.

Un postre conocido desde hace siglos

Hay un dato que ayuda a entender por qué los exportadores eligieron precisamente Bangladesh y no otro mercado asiático.

A diferencia de lo que podría suponerse, el Mantecol no llegará a un país donde los consumidores deban descubrir un sabor completamente nuevo.

En realidad, aterriza en un mercado cuya tradición gastronómica convive desde hace siglos con una familia de dulces muy similar: el haluwa o halva que en ese país forma parte de la cultura popular.

Se consume durante festividades religiosas, reuniones familiares y celebraciones especiales, y existen numerosas variantes elaboradas con sémola, harina, zanahoria, frutos secos, leche, ghee y distintas semillas. Es uno de los postres más tradicionales y apreciados del país.

Por eso, se puede sostener que la conexión con el Mantecol es directa ya que la golosina de Georgalos nació justamente como una adaptación del halva griego.

La diferencia fue que, en lugar de utilizar pasta de sésamo, se reemplazó ese ingrediente por maní argentino, mucho más abundante y accesible en el país de la década de 1940.

Esa decisión dio origen a un producto completamente nuevo, pero con raíces en la misma tradición gastronómica que todavía perdura en Bangladesh.

De hecho, la coincidencia puede transformarse en una ventaja comercial decisiva.

Mientras en la Argentina el Mantecol despierta recuerdos de Navidad y reuniones familiares, en Bangladesh su textura y su perfil de sabor remiten a un postre que forma parte de la memoria colectiva de millones de personas.

En otras palabras, el desafío no será enseñarles a consumir un dulce desconocido, sino presentarles una versión argentina de una receta con la que crecieron.

Esa combinación de familiaridad gastronómica y fascinación por la Argentina de Messi es uno de los pilares sobre los que se construye toda la estrategia exportadora.

El maní argentino, otro protagonista

La elección del Mantecol también tiene una explicación productiva y es que Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de maní de alta calidad y concentra su producción principalmente en Córdoba, provincia que abastece a buena parte de la industria internacional de snacks, golosinas y alimentos elaborados.

Ese liderazgo permitió que el país desarrollara una cadena industrial altamente competitiva, con estándares sanitarios y de calidad que le abrieron las puertas de mercados exigentes como la Unión Europea.

En ese contexto, el Mantecol no solo exporta una marca sino que también lleva detrás una materia prima en la que la Argentina posee reconocimiento internacional.

Y si el experimento resulta exitoso, podría convertirse en una puerta de entrada para otros alimentos argentinos que busquen aprovechar el enorme capital simbólico que la Selección construyó en Bangladesh.

Es decir, en demostrar que el prestigio internacional que hoy tienen Messi y la camiseta argentina también puede transformarse en una ventaja competitiva para la industria nacional y abrir nuevos mercados para productos con sello argentino.

Si bien el desembarco del Mantecol difícilmente cambie por sí solo el comercio bilateral entre ambos países, puede convertirse en un caso testigo para otras empresas argentinas interesadas en explorar mercados no tradicionales.

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