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ALERTA

Ya hacen falta $10 millones por mes para vivir como un ejecutivo en la Argentina

Aunque la inflación se desacelera mes a mes, el costo de mantener el nivel de vida de un profesional de altos ingresos se mantiene en niveles récord
23/07/2026 - 11:16hs
Ya hacen falta $10 millones por mes para vivir como un ejecutivo en la Argentina

El proceso de desaceleración de la inflación que atraviesa la economía argentina empieza a reflejarse en distintos indicadores.

Sin embargo, hay una cifra que sigue impactando por su magnitud y es la que muestra cuánto debe ganar por mes un ejecutivo para sostener el nivel de vida que caracteriza a ese segmento de ingresos.

Según la última Canasta del Profesional Ejecutivo (CPE) elaborada por el Centro de Economía Aplicada (CEA) de la Universidad del CEMA, el costo mensual de esa canasta en $9.707.308 al cierre de junio, un nuevo máximo en pesos corrientes.

El dato trasciende la mera evolución de los precios y para las empresas funciona como un verdadero termómetro del costo de retener a sus cuadros gerenciales.

Esto se debe a que en un contexto en el que la inflación pierde velocidad, pero los salarios de los perfiles más calificados siguen siendo un factor clave de competitividad.

Por eso, la CPE vuelve a instalar una pregunta incómoda para los departamentos de Recursos Humanos: ¿cuánto cuesta realmente mantener el poder adquisitivo de un ejecutivo en la Argentina?

Qué refleja la canasta ejecutiva

A diferencia del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que publica el INDEC, esta canasta no busca medir el consumo promedio de los hogares argentinos.

Fue diseñada para reflejar el patrón de gasto de familias integradas por profesionales, gerentes y directivos, cuyos consumos incluyen medicina prepaga, educación privada, mantenimiento de viviendas, automóviles, tecnología, turismo, actividades recreativas y otros bienes y servicios que habitualmente forman parte del estilo de vida de ese segmento.

Por esa razón, el indicador es seguido desde hace años por multinacionales, grandes compañías nacionales, consultoras de compensaciones y headhunters, que lo utilizan como referencia para evaluar remuneraciones ejecutivas, beneficios corporativos y paquetes salariales destinados a atraer y retener talento.

Paradójicamente, el informe también trae una noticia positiva para la macroeconomía ya que durante el primer semestre de este 2026 la Canasta del Profesional Ejecutivo aumentó 12,7%.

Se trata del registro más bajo para ese período en prácticamente una década al punto que hasta quedó por debajo del 13,3% acumulado durante el primer semestre de 2025 y del 15,2% registrado en la segunda mitad del año pasado.

Un salario cada vez más alto

La desaceleración confirma que el proceso de baja de la inflación también alcanzó a los sectores de mayores ingresos, aunque eso no significa que vivir como un ejecutivo sea más barato.

Por el contrario, el monto necesario para sostener ese estándar de consumo continúa creciendo y ya quedó muy cerca de los $10 millones mensuales, una cifra que sólo alcanzan los niveles más altos de la estructura corporativa o quienes complementan su salario con bonos anuales, acciones, incentivos y otros beneficios.

Otro dato que llama la atención surge de la comparación en moneda dura.

Medida al dólar contado con liquidación, la canasta llegó en junio a u$s6.408, un 2,2% más que un año atrás.

Es decir, aun con una inflación en descenso, el costo de mantener un ejecutivo en la Argentina sigue aumentando en dólares, una variable que las compañías multinacionales siguen muy de cerca cuando comparan costos laborales entre distintos países de la región.

Qué gastos siguen disparando el presupuesto

Detrás de la desaceleración de la inflación aparece otra realidad que preocupa tanto a las familias como a las empresas: no todos los gastos aumentan al mismo ritmo.

De hecho, algunos de los rubros más importantes para los hogares de profesionales y ejecutivos continúan muy por encima del promedio general.

El informe de la Universidad del CEMA muestra que el mayor incremento del semestre correspondió a equipamiento y mantenimiento del hogar, con una suba de 21,8%.

Allí se incluyen gastos vinculados con reparaciones, mantenimiento de viviendas, compra de muebles, electrodomésticos y otros servicios asociados al hogar, un segmento que todavía refleja la recomposición de costos y precios relativos.

En segundo lugar apareció vivienda y servicios básicos, que avanzó 19,3% en apenas seis meses.

El principal factor fue la continuidad del proceso de actualización de las tarifas de electricidad, gas, agua y otros servicios públicos, una política que el Gobierno viene profundizando desde fines de 2024 para reducir subsidios y equilibrar las cuentas fiscales.

La salud volvió a ocupar un lugar central en el presupuesto ejecutivo ya que acumuló un incremento de 17,2%, impulsado por los aumentos de las cuotas de medicina prepaga y otros servicios sanitarios.

En la práctica, para muchas empresas esto significa mayores costos, ya que la cobertura médica premium continúa siendo uno de los beneficios más valorados por gerentes y directivos.

Algo similar ocurre con educación, que registró un aumento semestral de 16,5%.

Las cuotas de colegios privados, universidades y cursos de formación siguen representando uno de los principales desembolsos para las familias de ingresos medios y altos, especialmente en los hogares con hijos.

En cambio, otros capítulos comenzaron a mostrar una desaceleración mucho más marcada como Transporte y comunicaciones que aumentó 6,9%, esparcimiento avanzó 6,8% e indumentaria apenas 5,2%, reflejando un escenario de menor consumo, mayor competencia y una creciente participación de productos importados en algunos segmentos.

Cómo cambia la negociación salarial

La evolución de esta canasta también empieza a modificar las conversaciones entre empresas y ejecutivos.

Durante los años de inflación de tres dígitos, el foco estaba puesto casi exclusivamente en la frecuencia de los aumentos salariales. Muchas compañías revisaban remuneraciones cada dos o tres meses para evitar que los ingresos perdieran poder adquisitivo.

Hoy, con una inflación que comienza a estabilizarse, las revisiones salariales se espacian, pero crece el peso de los beneficios complementarios.

Cobertura médica, bonos por desempeño, vehículos corporativos, planes de ahorro, reintegros educativos, esquemas de trabajo híbrido y programas de bienestar pasan a tener un rol cada vez más importante dentro de los paquetes de compensación.

En ese contexto, la Canasta del Profesional Ejecutivo se convierte en una herramienta de referencia para los departamentos de Recursos Humanos.

No porque determine automáticamente cuánto debe ganar un gerente, sino porque permite medir cómo evolucionan aquellos gastos que más impactan sobre el nivel de vida de los cuadros jerárquicos.

Es decir, si bien la inflación bajó, sostener un determinado estándar de consumo sigue siendo cada vez más caro, especialmente por el comportamiento de los servicios, que continúan ajustándose por encima del promedio de la economía.

Retener ejecutivos sigue siendo un desafío

La Canasta del Profesional Ejecutivo nació hace más de dos décadas como una herramienta para medir la evolución del costo de vida de un segmento que no siempre queda reflejado en las estadísticas tradicionales.

Mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC busca representar el consumo promedio de los hogares argentinos, la CPE releva el patrón de gasto de profesionales, gerentes y directivos.

El mayor peso lo ubica en rubros como medicina prepaga, educación privada, vivienda, mantenimiento del hogar, tecnología, automóviles, turismo y servicios.

Con el paso de los años, el indicador dejó de ser un trabajo exclusivamente académico para convertirse en una referencia utilizada por consultoras de recursos humanos, headhunters y grandes empresas al momento de analizar políticas salariales, beneficios corporativos y paquetes de compensación para los niveles jerárquicos.

La magnitud del dato también ayuda a poner la cifra en perspectiva ya que los $9,7 millones mensuales que demanda hoy esta canasta se ubican muy por encima del salario promedio de los trabajadores registrados que releva el RIPTE.

La diferencia refleja la distancia entre el costo de vida de un hogar ejecutivo y el de una familia asalariada promedio.

Al mismo tiempo, la CPE no representa el sueldo que necesariamente cobra un gerente, ya que parte de los gastos que contempla —como la cobertura médica premium, el automóvil corporativo, seguros, capacitación o determinados beneficios— suelen ser afrontados total o parcialmente por las empresas dentro de los paquetes de compensación.

Un esquema que fue variando

Ese escenario explica por qué las compañías ya no discuten únicamente el porcentaje de aumento salarial y se imponen esquemas de remuneración variable, los bonos por desempeño, los incentivos de largo plazo, los planes de acciones, los reintegros educativos y los beneficios vinculados con la salud y el bienestar, herramientas que buscan fidelizar a los ejecutivos sin depender exclusivamente del salario fijo.

Durante los años de mayor aceleración inflacionaria, especialmente entre 2022 y 2024, muchas empresas llegaron a otorgar ajustes trimestrales e incluso bimestrales para evitar una fuerte pérdida del poder adquisitivo de sus cuadros gerenciales.

Hoy el escenario comenzó a cambiar a partir de que la inflación muestra una trayectoria descendente y el Centro de Economía Aplicada de la Universidad del CEMA proyecta que, si no aparecen sobresaltos macroeconómicos ni cambios relevantes en la política económica, la inflación anual de la Canasta del Profesional Ejecutivo podría cerrar 2026 en un rango de entre 25% y 29%.

Sin embargo, la desaceleración de los precios no elimina otro desafío si se tiene en cuenta que el valor absoluto de la canasta continúa creciendo y ya supera los $9,7 millones mensuales.

La principal conclusión del informe evidencia que, si bien el ritmo de aumento de los precios es el menor para un primer semestre en casi una década, el costo de mantener el nivel de vida de un ejecutivo sigue en niveles históricamente elevados.

Se trata de un factor que continuará condicionando las negociaciones salariales y las estrategias de retención de talento de las empresas durante la segunda mitad de 2026.