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Es el primer alfajor vegano de la Argentina y vende 170 unidades cada 60 minutos

Empezó con $700 prestados para comprar chocolate. Hoy, "Un Rincón Vegano" se ofrece con más de 10 variedades y proyectan exportarlo a India y Bangladesh
Por Belén Gorno
NEGOCIOS - 28 de Julio, 2026

En 2014, cuando el veganismo todavía estaba lejos de convertirse en una tendencia de consumo en la Argentina, conseguir un alfajor sin ingredientes de origen animal era prácticamente imposible. Esa dificultad fue la que llevó a Lucía Mariño -entonces estudiante universitaria y vegana desde los 10 años- a desarrollar una receta propia en la cocina de la casa de sus padres, en Berazategui. Once años después, aquel proyecto se convirtió en una fábrica que produce cerca de 170 alfajores por hora, unos 1,5 millones de unidades al año. Es una cifra muy importante y que se suma a la revolución que vive este rubro en la Argentina, como es el caso de este alfajor que desde su lanzamiento agotó 2,5 millones de unidades en menos de 90 días.

La emprendedora desarrolló el que, según asegura, fue el primer alfajor vegano del país. Hoy "Un Rincón Vegano" suma más de diez variedades, abastece dietéticas y supermercados de todo el país y complementa su producción con una línea de galletitas y alimentos saludables.

Cómo es el alfajor vegano por el que nadie apostaba

Los primeros clientes llegaron después de una larga lista de rechazos. En ese momento, los comercios especializados tampoco apostaban por los productos veganos porque prácticamente no existía demanda.

"Me decían que no todo el tiempo. Hoy parece raro porque es una categoría que creció muchísimo, pero en ese momento nadie quería vender un producto vegano", recuerda en diálogo con iProfesional.

La marca fue ampliando el catálogo hasta superar los diez sabores

De vender medialunas en el tren a crear un alfajor vegano que no existía

Mientras cursaba en la Universidad en La Plata, Lucía preparaba tartas, postres y medialunas veganas junto con su familia. Como no tenían vehículo, cargaban la producción en un carrito de compras, viajaban en tren hasta la Ciudad de Buenos Aires y abastecían a uno de los pocos restaurantes veganos que existían en ese momento.

El esfuerzo era grande, pero el volumen no alcanzaba para transformar esa actividad en un negocio sostenible. Fue entonces cuando empezó a preguntarse qué producto podía tener una llegada mucho más masiva sin perder el diferencial que buscaba ofrecer.

"Ahí pensé en el alfajor. Es algo que comprás en un kiosco, en una dietética o en cualquier lado. Es una golosina que te salva en cualquier momento y que consume todo el mundo. Pensé que si lograba hacer una versión vegana con el mismo sabor que un alfajor tradicional podía llegar a mucha más gente", explica.

Lucía Mariño, creadora del primer alfajor vegano

Según contó, al comienzo no alcanzaba con reemplazar el dulce de leche. Las tapas, los baños de chocolate, las grasas y hasta varios colorantes utilizados por la industria contenían ingredientes de origen animal.

"Hoy hay muchísimas opciones, pero hace once años no existía prácticamente nada. Me las tenía que rebuscar todo el tiempo y hasta hablaba con ingenieros en alimentos que muchas veces no sabían cómo ayudarme porque nadie estaba desarrollando productos veganos", cuenta.

Las primeras pruebas se hacían de manera artesanal. Con apenas $700 -dinero que aportaron sus padres- compró un kilo de chocolate. En ese momento parecía una inversión enorme. "No trabajaba, estaba estudiando. Ese kilo de chocolate era un montón para mí. Después terminé comprando toneladas, pero me acuerdo perfectamente de ese primer kilo", dice entre risas.

Las recetas fueron cambiando una y otra vez hasta encontrar el resultado buscado. Incluso recurrieron al aquafaba -el líquido de cocción de los garbanzos- para reemplazar ingredientes tradicionales en algunas variedades. Cada mejora surgía después de decenas de pruebas hechas en la cocina de la casa familiar.

El aumento de la demanda obligó a la marca a cambiar la forma de producir.

Los primeros alfajores no contaban con envases propios. Los acomodaban en cajas de empanadas porque todavía no podían costear exhibidores. Más adelante empezaron a transportarlos en tuppers apilados dentro de un carrito que llevaban en colectivo o en tren para recorrer dietéticas de la Ciudad de Buenos Aires.

Muchas veces ni siquiera los dejaban subir por el espacio que ocupaba la mercadería.

Sin embargo, una vez que los consumidores los probaban, empezaban a pedirlos en los comercios. "Las dietéticas comenzaron a recibir consultas y los pedidos empezaron a multiplicarse. La producción artesanal nos dejó de alcanzar", cuenta.

Ahí comenzó una nueva etapa para un emprendimiento que, sin inversores externos ni socios, empezaba a transformarse en una fábrica.

La empresa incorporó una línea de galletitas

Cómo se gestó el primer alfajor vegano de Argentina a gran escala

El aumento de la demanda obligó a cambiar la forma de producir. Lo que había empezado en la cocina de la casa familiar ya no alcanzaba para abastecer los pedidos que llegaban desde las dietéticas. Durante esa etapa, Lucía y su madre pasaban las noches envolviendo los alfajores de manera manual porque todavía no podían comprar una máquina que automatizara el proceso. "Había días que dormíamos cuatro o cinco horas y seguíamos trabajando. Los clientes se enojaban porque no llegábamos con la cantidad que necesitaban", recuerda.

La producción también empezó a exigir más espacio. Al principio, los alfajores se elaboraban en la cocina y se guardaban donde hubiera lugar. A medida que aumentaba el volumen, la familia fue ampliando la vivienda por etapas. Construían un ambiente nuevo, trasladaban parte de la producción y volvían a ampliar cuando el espacio quedaba chico otra vez. Ese proceso se repitió durante varios años hasta levantar un galpón donde hoy funciona la fábrica.

Mientras la estructura crecía, Mariño buscaba una forma de producir dentro de un marco legal sin tener que montar desde el primer día una planta industrial. Durante su paso por La Plata conoció una normativa que permitía habilitar cocinas domiciliarias para elaborar alimentos y comenzó a impulsar una iniciativa similar en Berazategui. El municipio finalmente implementó ese sistema y su empresa fue la primera en obtener esa habilitación.

"Nunca dejamos de reinvertir. Todo lo que entraba volvía al negocio. Primero fue para ampliar los espacios, después para comprar máquinas y más adelante para incorporar equipamiento que nos permitiera aumentar la producción", explica.

La prioridad actual de la empresa es volver a abrir mercados fuera de la Argentina

Un alfajor vegano con más de diez sabores

Desde el comienzo decidió que todos los productos fueran desarrollados por la propia empresa. Aunque hoy cuenta con un equipo que acompaña el proceso productivo, sigue creando nuevas recetas y adaptándolas para la producción industrial.

La marca fue ampliando el catálogo hasta superar los diez sabores. Entre ellos aparecen opciones como:

  • Banana split
  • Frutos del bosque
  • Coco con dulce de leche vegetal
  • Black vainilla
  • Black chocolate
  • Pasta de maní
Aunque hoy la marca tiene un equipo que acompaña el proceso productivo, sigue creando nuevas recetas y adaptándolas para la producción industrial

"Cuando lanzamos algunos de esos sabores prácticamente no existían en el mercado. Hoy veo que muchas de esas variedades se hicieron habituales y me pone contenta haber sido de los primeros en desarrollarlas", señala.

La producción ya no se limita a los alfajores. La empresa incorporó una línea de galletitas, para la que invirtió durante los últimos años en hornos, formadoras de masa y maquinaria específica. Además, creó una segunda marca, Alfood, enfocada en alimentos integrales y opciones de perfil saludable.

La expansión fuera del país

Los alfajores llegaron a comercializarse en Estados Unidos, aunque el proyecto quedó en pausa y la empresa decidió postergar su plan de expansión internacional.

vegano

"El producto funcionó muy bien, pero no encontramos un distribuidor con el que compartiéramos la misma forma de trabajar. Preferimos esperar antes que crecer de cualquier manera", afirma.

Con una producción cercana al millón y medio de alfajores por año, la prioridad ahora es volver a abrir mercados fuera de la Argentina. Entre los destinos que analiza aparecen India y Bangladesh, además de otros países donde el consumo de alimentos elaborados sin ingredientes de origen animal viene creciendo.

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