Marca argentina de ropa deportiva acumula un pasivo de casi $1.000 millones y entra en concurso
Puntos importantes
Una nueva marca de indumentaria argentina se sumó a la lista de empresas que buscan reestructurar sus pasivos en medio de la crisis que atraviesa el sector. Lulea Mindful Athletes, dedicada a la fabricación y comercialización de ropa para yoga, pilates y entrenamiento, solicitó la apertura de su concurso preventivo, un proceso que ya fue habilitado por el Juzgado Civil y Comercial N° 14 de Mar del Plata.
Aunque se trata de un concurso de menor escala, la presentación vuelve a poner en evidencia las dificultades que enfrentan empresas textiles con producción nacional para competir en el escenario actual. La firma sostiene que la combinación de apertura de importaciones, caída del consumo, aumento de los costos fijos y encarecimiento del financiamiento terminó por llevarla a la cesación de pagos.
En la presentación judicial, la compañía reconoce un pasivo cercano a $974 millones, con deudas bancarias, fiscales y comerciales, además de 51 cheques rechazados por alrededor de $88 millones. El expediente también revela que la empresa atraviesa un problema de liquidez: posee activos por unos $940 millones, por lo que el pasivo ya supera al patrimonio disponible.
De una marca de ropa en expansión al concurso preventivo
Lulea Mindful nació en 2014 como un emprendimiento familiar de Mar del Plata impulsado por Leonardo Mustafa El Abed, Mercedes Calo Stapich y María Cristina Cosentino. La empresa desarrolló una propuesta enfocada en indumentaria deportiva premium, con producción propia y una identidad vinculada al bienestar, la sustentabilidad y el concepto mindfulness. Incluso obtuvo la certificación internacional como Empresa B.
Con el crecimiento llegaron las aperturas de locales en Recoleta, Chacarita y Martínez, además de sucursales en Córdoba, Rosario, Mendoza, San Rafael, Merlo (San Luis) y varios puntos de venta en Mar del Plata. La empresa también desarrolló un canal de e-commerce para Argentina y Latinoamérica y un modelo que combinaba locales de indumentaria con estudios de yoga, espacios de cowork y patios sustentables.
Sin embargo, ese proceso de expansión terminó convirtiéndose en una pesada estructura de costos en un contexto económico completamente diferente.
"No pudimos anticipar que los profundos cambios a nivel mundial y, particularmente, en nuestro país, generarían en tan poco tiempo un escenario tan adverso", sostuvieron los accionistas en la presentación judicial.
Según explicaron, la apertura de nuevos locales implicó aumentar la capacidad productiva, asumir mayores alquileres, ampliar la estructura administrativa y tomar financiamiento para sostener el crecimiento.
Las ventas se desplomaron y sostener los locales se volvió inviable
En el escrito presentado ante la Justicia, la empresa atribuye el deterioro financiero a una combinación de factores macroeconómicos y sectoriales.
Entre ellos menciona los siguientes:
- La apertura de las importaciones
- El ingreso de productos provenientes de China
- La apreciación del tipo de cambio
- La caída de los salarios reales
- La retracción del consumo
- El incremento de los costos laborales y financieros
"Las ventas se desplomaron y el escenario se tornó cada vez más complejo, especialmente frente a los elevados cánones locativos que debíamos afrontar por los locales y el costo laboral", señalaron.
También reconocen que la decisión de expandirse fuera de Mar del Plata terminó jugando en contra. "En su momento, la decisión de instalarnos en locales en otras provincias respondió a la estrategia de posicionar la marca dentro de un circuito de prestigio. Sin embargo, en el nuevo contexto económico, esos mismos costos comenzaron a resultar difíciles de sostener", afirmaron.
La crisis obligó a cerrar en octubre del año pasado el local de La Plata, mientras que la empresa admite que "hoy a esta altura mantener todos los locales se torna casi insostenible", aunque en el expediente no anuncia nuevos cierres.
A eso se sumó una fuerte acumulación de mercadería. Según detalla el expediente, la compañía conserva 28.905 prendas en stock valuadas en unos $478 millones, a las que se agregan telas, packaging e insumos por otros $247 millones. En conjunto, más de $725 millones del activo de la empresa permanecen inmovilizados en mercadería e insumos, parte de los cuales corresponden a colecciones fuera de temporada que ya no pueden venderse ni siquiera al costo.
A su vez, los últimos estados contables reflejan el empeoramiento de la situación financiera. En 2024 la empresa había obtenido una ganancia de $117,1 millones, pero un año después cerró el ejercicio con una pérdida de $322,1 millones.
El principal cambio estuvo en el peso del financiamiento. Mientras en 2024 los gastos financieros ascendían a $20,6 millones, durante 2025 treparon a $153,1 millones, más de siete veces por encima del año anterior.
La propia compañía reconoce además que su deuda financiera prácticamente se duplicó: pasó de $157 millones a fines de 2024 a casi $291 millones en diciembre de 2025, producto de sucesivas refinanciaciones bancarias.
El financiamiento dejó de ser una solución y pasó a ser el problema
La empresa explica que, frente a la caída de las ventas, comenzó a financiar el capital de trabajo con préstamos bancarios, refinanciaciones y aportes de los propios socios.
Los accionistas incluso prestaron u$s119.500 para sostener la operatoria, mientras que también recurrieron al uso de tarjetas de crédito para pagar servicios esenciales y comprar insumos destinados a la producción.
Pero el esquema terminó agravando la situación.
"Las últimas dos temporadas fueron financiadas con créditos bancarios, lo cual permitió mantener el volumen de funcionamiento de la empresa, pero nos generó un importante pasivo financiero", sostiene la presentación.
La firma agrega que los bancos renovaban las líneas de crédito "cada vez más cortas y más caras", mientras los intereses crecientes absorbían prácticamente todos los ingresos.
"Nunca pudimos ver la crisis que atraviesa el sector textil desde el cambio de Gobierno y la apertura masiva de las importaciones", afirma la sociedad, que además fija el inicio de su estado de cesación de pagos en julio de 2025.
Como alternativa a la quiebra, Lulea apuesta ahora al concurso preventivo para renegociar sus deudas, preservar los puestos de trabajo y mantener la producción mientras intenta reordenar una estructura que, según reconoce la propia empresa, dejó de ser sostenible en el nuevo escenario económico.